DiócesisCartas Pastorales Mons. Buxarrais

«La Iglesia necesita servidores permanentes»

Publicado: 00/04/1982: 780

Carta Pastoral Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (1982)

 Queridos diocesanos:

El próximo día 2 de Mayo se celebra en la Iglesia la Jornada Mun­dial de Oración por las Vocaciones.

Esta Jornada nos ofrece la oportunidad de profundizar en lo que significa la vocación de total consagración a Dios en la Iglesia, y orar para que los “llamados” respondan generosamente a la invitación divina.

Desde los primeros siglos el carisma de la vocación consagrada se desarrolló en la comunidad cristiana, adoptando contenidos y formas diversas que responden a las necesidades de los hombres de cada época.

Como nos recuerda en su Mensaje el Papa Juan Pablo II, esencial­mente toda vocación a la que hacemos referencia, “consiste en ser llama­dos a ofrecer la propia vida, para que otros tengan vida y la tengan abun­dante… Así debe hacerlo cada hombre y cada mujer, llamados a seguir a Cristo en la entrega total de sí mismos”.

La Iglesia tiene la misión de anunciar e infundir el espíritu del Rei­no de Dios en este mundo, pero no olvida que la plenitud del camino se encuentra en el “más allá” de la existencia humana del hombre. Todos los cristianos que viven la respuesta al misterio de la vocación consagrada ayudan a sus hermanos a “trascender” la visión de los problemas inme­diatos; a germinar de esperanza toda la dura realidad del trabajo de cada día; a descubrir que el horizonte de la vida no se cierra con la muerte; a mostrarse más generosos en la entrega; a vivir con perspectivas más am­plias.

Los llamados por Dios, tanto en su vertiente de oración, como en la de su trabajo apostólico y de servicio a los proyectos humanos, se con­vierten en “muestras” de vida cristiana, que intentan mantener la certeza de que es posible vivir con el estilo de las Bienaventuranzas.

Por otra parte, la Iglesia necesita personas que proclamen la Pala­bra de Dios, celebren los Sacramentos, convoquen a la comunidad, ayu­den a los creyentes en su desarrollo de la fe. Sean, en una palabra, “los servidores permanentes”.

Esta disponibilidad, fruto inmediato de las promesas y de los votos, hace posible la respuesta generosa para colaborar también con las Iglesias más escasas en vocaciones y con problemas profundos de marginación a las que, durante algunos años, será necesario ayudar con humildad y generosidad.

La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones es un reto a las parroquias, movimientos apostólicos, asociaciones y comunidades cris­tianas, para que se interroguen si deben proponer más explícitamente a los cristianos jóvenes las distintas formas de vida consagrada.

Así mismo, esta Jornada recuerda a las familias cristianas que ellas deben ser “el primer y mejor seminario de vocaciones a la vida consagra­da para la construcción del Reino de Dios” (Juan Pablo II, “Familiaris Consortio”).

Pero, de una manera particular, esta Jornada nos viene a recordar que la vocación es un don de Dios; y que, como tal, sólo se puede mere­cer a través de una oración constante y humilde.

Las palabras de Jesús: “rogad al Dueño de la mies, que envíe obre­ros a su mies” (Lc 10,2) tienen casi fuerza de mandamiento. Los cristia­nos, personal y comunitariamente, debemos rezar por las vocaciones con­sagradas. Esta oración hay que hacerla, como Jesús, con la condición que se haga la voluntad del Padre. Se trata de pedir, pues, el número y mane­ra de vivir la vocación que Dios quiere para su comunidad. En esto y en todo lo demás, debemos renunciar a nuestra manera de querer las cosas, para que se vaya realizando el plan de Dios sobre los hombres, según su voluntad, y no la nuestra.

Pido a todos los cristianos de la diócesis de Málaga que sepan valo­rar lo que es la vocación sacerdotal, religiosa o de especial consagración; que ofrezcan, al mismo tiempo, el calor de la comprensión y de la frater­nidad a los que la viven, con las deficiencias inherentes a la condición humana, pero también con la riqueza de valores que con frecuencia se ocultan.

Como obispo que sirve y preside la Iglesia malagueña, y expresan­do el sentir del común de los diocesanos, quiero manifestar mi gratitud a los presbíteros, religiosos y miembros de Institutos Seglares por el testi­monio de sus vidas y por su trabajo apostólico y de promoción humana a favor de todos los que constituimos la comunidad cristiana.

Unidos a Jesucristo, oremos al Padre por las vocaciones y pidámos­le que las suscite cada día tanto en Málaga, como en el mundo entero.

Málaga, Abril de 1982. 

Autor: Mons. Ramón Buxarrais