1.- “Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo”, nos ha dicho Juan Pablo II en la Carta NMI, 43.
Y me parece que precisamente en este objetivo estáis empeñados cuantos formáis parte del Movimiento “TODOSUNO”. Noble y laudable tarea, pues precisamente la “comunión” encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia.
“¿Qué significa todo esto en concreto?”, se pregunta el Papa. Y contesta que es necesario promover una “espiritualidad de comunión” porque “la comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del Eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu Santo que Jesús nos da para hacer de todos nosotros un solo corazón y una sola alma”. Es decir, que el Espíritu Santo es la fuerza que hace posible la comunión eclesial.
2.- Me atrevo a pensar que “TODOSUNO” es la tendencia puesta por el Espíritu de Cristo en el alma de un grupo de cristianos a abrirse a la comunión católica, que es la misma unidad de la Iglesia, que vincula a todos sus miembros con la Cabeza y mutuamente entre sí:
- en una comunión de caridad,
- y de verdad (de fe).
Y que tiene como carácter general:
+ salir de la estrechez de nuestro yo,
+ y de la unilateralidad de nuestra de nuestra secta,
+ y abrirnos a la totalidad de la comunión católica.
Y se realiza en los siguientes ámbitos:
a). Nos abre a la totalidad de la verdad.
Cada uno tenemos una parte de la verdad a la que hemos llegado más directamente mediante nuestra experiencia, nuestro trabajo, mediante nuestra pertenencia a una escuela o movimiento. El sentido católico nos enseña a incluir esta VERDAD en su terreno propio: la totalidad de la VERDAD que es la IGLESIA
c). Nos abre a la totalidad de la caridad.
Sentirnos unidos a toda la Iglesia: problemas, preocupaciones, virtudes de la Iglesia.
- Unidad por encima de todas las diferencias y los contrastes.
c). Nos abre a la totalidad de la oración: la oración por la Iglesia.
d). Nos abre a la totalidad de la OBEDIENCIA a la jerarquía y a la Tradición (verdaderas y falsas reformas).
3.- Raíces de este espíritu:
- El espíritu de apertura a la realidad.
- El espíritu de humildad y de obediencia, como María: “Hágase en mi…”
- El espíritu de diálogo, que nos saque de la estrechez de nuestro yo.
+ Antonio Dorado Soto,
Obispo Administrador Apostólico de Málaga
