En la Eucaristía, la intervención principal del sacerdote es la plegaria eucarística, que transcurre desde el diálogo del prefacio hasta el amén de la doxología. Como nos recuerda la instrucción Redemptionis Sacramentum (n 53): “Mientras el sacerdote celebrante pronuncia la Plegaria Eucarística, «no se realizarán otras oraciones o cantos, y estarán en silencio el órgano y los otros instrumentos musicales», salvo las aclamaciones del pueblo, como rito aprobado”.