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«Si a mí me pasa algo, tienes que seguir adelante por los dos»

Publicado: 24/02/2020: 2662

En la habitación de aislamiento los enfermos de leucemia suelen animarse unos a otros con frases como esta que recuerda Gabriel Ramos, ingeniero de Telecomunicación y apasionado del baloncesto. Casado y con tres hijos, tenía 40 años cuando, en 2015, le detectaron leucemia.

Tras el trasplante, se fue al banco de donantes de médula a darle las gracias a esas personas anónimas ¿Cómo se le ocurrió?

Durante el proceso de curación tienes que estar 30 días sin producir sangre propia, vives gracias a las transfusiones. Yo habré consumido más de 200 bolsas de sangre de gente anónima, y siempre te imaginas quién será esa gente gracias a la cual sigues vivo. Un día, se me ocurrió ir al banco de donantes a dar las gracias, y me encontré a un pescador que acababa de terminar de faenar, a un inmigrante, a una chica joven que se había quedado en paro; y te das cuenta de que ese es el mundo que está salvando vidas.

Dedica gran parte de su tiempo a dar charlas sobre la importancia de la donación de médula.

Así es. Antes no sabía mucho de esta enfermedad, pero la persona que tiene leucemia solo se puede curar con un transplante y para encontrar una persona compatible necesita 100.000 candidatos, por lo que las probabilidades de encontrarla son muy reducidas. En las charlas que doy en los colegios explico a los jóvenes la importancia de registrarse en el banco de donantes de médula. Así, si surge un enfermo compatible, podrán salvar una vida, solo donando una mañana.

Cuando le detectaron la enfermedad comenzó a escribir curaciondegabi.blog

Veía a mis padres y a mi mujer contando una y otra vez lo mismo a la gente que llamaba por teléfono, a los amigos, etc. Y pensé: “acabamos de empezar y ya están destrozados, ¿qué va a pasar más adelante?”. Así que, como teleco que soy, se me ocurrió crear un blog para informar a nuestros conocidos de cómo iba evolucionando. Y con el tiempo, he aprendido que no estamos preparados para compartir el dolor y las redes sociales menos; por eso, cuando alguien cuenta algo doloroso, se crea una solidaridad que transforma el dolor en amor, y es una herramienta muy poderosa. Eso lo comprendió muy bien Pablo Ráez, con el que viví la enfermedad paralelamente. Es un amor que consiste en comprender, aceptar y transformar. Es un equilibrio difícil, pero a mí me ha servido mucho y quiero seguir por Pablo, Manolo y Borja, mis compañeros de la habitación de aislamiento durante la enfermedad, que ellos no superaron, pero que están vivos hoy en mí. “Si a mí me pasa algo, tú no te vengas abajo, tienes que seguir adelante por los dos” nos decíamos. Nada más que por respeto a ellos, tengo que valorar la suerte que tengo cada mañana. Es muy tentador salir de esta posición y quejarte, frustrarte y hacerte preguntas que no tienen respuestas, pero quiero mantenerme en el amor.

¿Recomienda entonces el amor como parte del tratamiento?

Siempre digo que la enfermedad es un estado físico, pero la enfermedad más difícil es la del alma, y el alma se puede curar incluso con cáncer, no esperemos a tener una enfermedad física para curar nuestra alma. Debemos valorar la vida y a las personas que nos rodean en cada momento.
Imagino que sus hijos fueron un gran motor en los momentos más duros de la enfermedad
Mis hijos tenían 9 y 6 años y 14 meses. Cada uno ha vivido mi enfermedad de una manera diferente. Siempre les hemos explicado la situación como era, sin dramatismos. La enfermedad es una situación que hemos tenido que vivir, pero la vida no se para por estar enfermos. El otro día, me vio montar en bicicleta el más pequeño y me dijo: ¿Tu cuándo has aprendido a montar en bici?; lo mismo le pasó cuando me vio conducir por primer vez, él no entiende que yo antes sabía hacer estas cosas, está descubriendo ahora a su padre.

¿Y su mujer?

Reme ha sido un apoyo espectacular, porque durante la enfermedad la esposa se transforma también en enfermera. Es necesario, porque son muchos los cuidados, pero esa relación luego tiene que volver a transformarse en matrimonio, y es difícil. Mi mujer siempre dice que, cuando nos casamos y decimos eso de “en la salud y en la enfermedad”, nadie te lo explica. No lo entendemos hasta que ocurre. Ella ha sido un gran apoyo. Tengo mucho que agradecerle y también mucho por lo que pedirle perdón, porque  como enfermo siempre hay una tendencia a ser egoísta. Nunca me cansaré de darle las gracias por seguir y no desistir.

Y tu fe ¿Cómo te ha ayudado?

Yo era una persona creyente, pero mi fe se puso a prueba con esto. Gracias a las personas que he encontrado en mi camino durante mi enfermedad, mi fe y mi forma de relacionarme con Dios han cambiado. Una de estas personas es Lorena, la directora del coro de la parroquia de San Miguel, en el Miramar, que me hizo comprender que mi oración debía ser ponerme al servicio: "Señor, hoy sigo vivo, estoy en el hospital, pero por algo estoy vivo y estoy a tu servicio" y esa es mi oración desde entonces. Recuerdo estar en la UCI al borde de la muerte, y cantar mentalmente: "Ven y descánsate en Dios", y sentir que Dios estaba conmigo sosteniéndome y había que dejar que Él fuera Dios. Desde entonces, esa es mi oración: la confianza plena en que Él siempre tiene un plan para nosotros, aunque a veces no corresponda con lo que nosotros tenemos en la cabeza y lo bonito es descubrirlo y dejarse sorprender por el Señor.

Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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