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FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, martes 14 de julio

Publicado: 13/07/2020: 89374

Corozaín, Betsaida y Cafarnaún. Ni milagros despertaron el deseo de Dios en estas tres poblaciones.

Cuando yo era pequeño me encantaba ponerme debajo de las cornisas en días lluviosos. Llegaba empapado a casa con la consiguiente regañina de mis padres. No era de llevar impermeable.

Dejarse permear por la lluvia de Dios. Atreverse a despojarse del chubasquero para sentir el agua fresca y renovada que viene de lo alto. Aquellas tres ciudades se hicieron impermeables.

Hay algo de Corozaín, Betsaida y Cafarnaún en nosotros. Nuestra historia de amistad en los comienzos era fresca, amor de novia enamorada, pasión y fuego por dentro. Todo fluía como un río de aguas alegres y felices.

Pero el paso del tiempo, las heridas, las desilusiones, el desgaste, han ido nublando y enfriando ese primer amor ¿Por qué no nos convertimos?

Dios sigue esperando nuestra mejor versión. Y nuestros hermanos también. Quizá falte renovar nuestra «determinada determinación» de los comienzos.

Somos ciudades amuralladas. Con blindajes y armaduras. Acorazados. Con zonas donde no nos dejamos atraer por la panóptica mirada cariñosa de Dios. Su único deseo es, en lenguaje ignaciano, conquistar todas nuestras tierras, y en lenguaje teresiano, habitar todas nuestras moradas. Que nada quede sin la misericordia de su mirar.

¡Si la gente que no conoce a Jesús hubiera experimentado los muchos milagros que nosotros hemos vivido en nuestra biografía…!

No me resisto a terminar sin compartir este poema atribuido a Lope de Vega que llega muy hondo:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

¡Nos rezamos!

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote