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Coronavirus y los últimos de la fila

Publicado: 27/03/2020: 1050

Artículo del Doctor José Rosado Ruiz, miembro del equipo profesional que elaboró el Plan Andaluz sobre drogas de la Junta de Andalucía (1985) y director fundacional del CPD (1986)

En los inicios de la década de los 80, la droga se hizo presente en forma de epidemia especialmente progresiva y creando una grave alarma social en una situación en la que no existían respuestas oficiales ni privadas para los consumidores de heroína. En 1985 la Junta de Andalucía convocó a un equipo de profesionales para estudiar el problema y después de unos meses, el parlamento aprobó el Plan Andaluz sobre Drogas. En concierto con las diputaciones, se crearon los Centros Provinciales de Drogodependencias (CPD en todas las provincias andaluzas en coordinación con el sistema de salud (SAS).

Nos enfrentamos a una epidemia desconocida sin medios y sin miedos. Con este recurso en periodo de formación, los consumidores de droga, valorados como enfermos, eran atendidos en su patología. El sistema de fue perfeccionando hasta conformar una especialidad de singular eficacia y eficiencia y, de una manera muy específica, aliviamos al SAS de estas funciones; fue una liberación que se hacía evidente en hospitales, centros de salud y convivencia social. En estos 34 años ha permitido que el SAS no tuviera que preocuparse de este tema: disminuir listas de espera, aumentar el tiempo y calidad de atención y robustecer la docencia de los residentes, fueron algunos de sus efectos más selectivos y optimistas.

A finales de la década de 1980, nos enfrentamos otra vez a una epidemia también desconocida sin medios y sin miedos. Fue el periodo del Sida y el consumo de heroína intravenosa representaba la vía elegida de transmisión del virus. El CPD asumió el problema, y a la escasa información, los profesionales asociaron una ilimitada conciencia de preocupación e interés para atender a los portadores del VIH, y no solo su enfermedad, sino contemplando a la persona en su integridad, “no era un enfermo sino una persona que sufre”, descubriendo que el abordaje multidisciplinar que se practicaba, era un eficaz  método terapéutico…  “donde no llega la ciencia llega el corazón”.

Ahora es el tiempo de seguir la tradición del CPD, y con la experiencia acumulada, enfrentarnos a este virus COVID-19, aunque en esta ocasión, con los recursos sanitarios hospitalarios y ambulatorios saturados y desbordados, el CPD es más necesario que nunca para asumir la atención a los consumidores de la droga, que son los últimos de la fila, y que por su adicción mantiene una inmunodeficiencia que conforma un factor de riesgo para padecer y transmitir el virus.

El decreto de la Diputación de cerrar los centros de atención directa a estos enfermos por carecer de los equipos de protección individual, debe ser una medida que, en pocos días, con la llegada de esos equipos que empiezan a llegar, puede ser rectificado para adaptarse a esta nueva situación, e iniciar el tratamiento y atención directa, de manera similar a como lo hacen en los centros de salud con sus equipos idóneos de protección.

De una manera inmediata, aliviaría la presión y saturación de los recursos hospitalarios, y siendo CPD un recurso especializado y con unos profesionales que ya tienen acreditados su vocación, entrega y capacidad para aliviar el sufrimiento, pueden ser informadores selectivos de esos enfermos de la droga, que son la razón de su existencia como institución, y trabajar para prevenir o minimizar los riesgos de ser contagiados y trasmisores, y, aprovechando la ocasión,  argumentar las motivaciones para abandonar el consumo.

Ahora es un tiempo decisivo para, coordinando todos los recursos disponibles, unificar las actividades terapéuticas y preventivas.

Conozco a casi todos los profesionales y personal del CPD porque he compartido con ellos muchos años y afirmo, con conocimiento de causa, sus inquietudes y sufrimientos por no poder trabajar en atención directa y desarrollar su humanidad y solidaridad que siempre he admirado en la rutina diaria. Por esta razón confirmo mi colaboración y formal compromiso para todo lo que pueda ser de utilidad para su trabajo profesional.

José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones