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Claves de éxito para la selectividad

Momento de la prueba
Publicado: 06/06/2016: 4669

Carta abierta de la orientadora del Colegio Cardenal Herrera Oria, Macarena Soria.

Tras la finalización de los dos años que conforman el bachillerato, los alumnos se ven sometidos a la presión de tener que afrontar los exámenes de la Prueba de Acceso a la Universidad y, más concretamente, de obtener la nota de admisión suficiente que les permita poder formarse durante sus próximos cuatro-seis años, según los casos, en el grado deseado. La presión, como puede deducirse, no es poca. Sin embargo, la clave de vivenciar con cierta serenidad esta experiencia pasa por ir asentando, de manera progresiva, determinados pilares que nos ayudarán a tomar las decisiones más convenientes.

Así, es fundamental que los alumnos comprendan que la Selectividad no se inicia a finales de 2º curso de bachillerato, sino que comienza en el primer trimestre de 1º. Esta comprensión puede ser racional pero dudosamente permitirá crear la voluntad necesaria para mantener un hábito de trabajo diario, si no va acompañada del necesario componente emocional: el entusiasmo y la energía originados de visualizar un proyecto de vida, un futuro soñado, un por qué y un para qué.

Aquí, las variantes pueden ser múltiples y así lo recogen los propios alumnos: «para tener trabajo, realizarse profesionalmente, poder vivir bien...». Pero en este desarrollo vocacional, no se pueden olvidar cuestiones mucho más profundas y trascendentales, sin las cuales difícilmente se afrontarán las posibles dificultades que vayan surgiendo. Entre ellas, es preciso que los alumnos conozcan sus aptitudes, que conecten con los dones que Dios gratuitamente ha dispuesto en nosotros y el para qué nos han sido dados; que analicen la realidad actual en la que los seres humanos nos vemos inmersos y la responsabilidad que como tales poseemos de construir un mundo mejor.

A partir de ahí, la tensión se reduce y la confianza aumenta. Es más fácil desarrollar la constancia suficiente para ir paso a paso, dando lo mejor de cada cual y buscando activamente la información, requisito indispensable para elegir bien la carrera al conocer las competencias para las que prepara, el entorno laboral donde ejercerla o las aptitudes académicas y personales claves para superarla.

No todo será un camino llano y no siempre nuestros alumnos conseguirán lo que “suponían” que eran sus objetivos. Sin embargo, el nuestro como educadores estará cumplido si descubren que la vida no es una carrera desenfrenada por ser más y mejor que el otro. Que lo de menos es el final y lo de más el camino. Y que un camino sin amar, ayudar o compartir con los demás, por muchos logros que consigan, siempre les dejará vacíos.

Diócesis Málaga

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