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M-E-D-"H"-I-C-I-N-A

Publicado: 25/02/2019: 3298

El Dr. José Rosado, acreditado en adicciones, escribe este artículo sobre los pilares de la medicina.

M de misericordia y A de amor son los pilares de nuestra hermosa vocación. Significan algo parecido. Dentro del amor está la misericordia por los que sufren física y psíquicamente, por ellos mismos o por sus seres queridos. La M y la A son el principio y fin de nuestro esfuerzo. Nuestro objetivo principal es amar a nuestros pacientes, tener misericordia para evitar su sufrimiento o por lo menos aliviarlo.

La M también significa misterio. Es mucho más lo que desconocemos que lo que creemos conocer. Hay un universo ignoto dentro de cada célula. Es importante aceptar el reto de este gran misterio de la vida y esforzarse cada día en descubrir algo nuevo en el mundo del enfermo, su patología y también en nosotros los médicos.

La muerte también empieza por M. Que sepamos, hoy por hoy, todo ser humano muere. Se ha definido la vida como una enfermedad congénita, genética, de trasmisión sexual y un 100% de mortalidad a corto, medio o largo plazo. La muerte iguala las desigualdades de la vida. Vivimos y morimos todos. Nuestro trabajo debe ser evitarla mientras se pueda. También, cuando no se pueda, ayudar a aceptarla con dignidad, como un hecho natural para el que no hay tratamiento que la erradique para siempre. Recordar y aceptar la muerte como parte inseparable de la vida no significa rendirse, sino ayudar a vivir con perspectiva.

E de esperanza. Esperanza para el enfermo. No hay pastillas de esperanza, pero sin ella, las pastillas tienen menos efecto, o no se toman. El médico tiene que proporcionar algún tipo de esperanza al enfermo que le pide sus servicios. Esperanza sincera sin engaño. Siempre podemos dar algo de esto si lo intentamos y pensamos en el enfermo, no como usuario ni cliente, sino como hermano, hijo, padre, amigo… o como nosotros mismos. E de estudio, de estímulo, de entusiasmo. Es tanto lo que hay por aprender y lo que podemos hacer por los enfermos, que cuanto más aprendemos, más se abre la gran puerta de la luz, del optimismo y la alegría, para entrar y buscar remedios a la enfermedad y al sufrimiento.

D de dolor que tenemos la necesidad de prevenir, aliviar y evitar inútiles sufrimientos. También D de dedicación: nuestra querida profesión no tiene horario ni calendario. Es muy difícil, casi imposible desconectar del todo. Quien se casa con alguien dedicado vocacionalmente a medicina, se casa, aunque no estén invitados, con sus pacientes y sus problemas. Gracias a nuestras parejas por entenderlo, respetarlo y ayudarnos

D de desarrollo y de docencia. Son inseparables. Tenemos necesidad de adquirir unas buenas bases y, a “hombros de gigantes”, desarrollarnos y avanzar. Mediante la docencia tenemos la obligación de trasmitir nuestros conocimientos y experiencia.

H la letra oculta y misteriosa que no figura escrita es la H. No figura porque no se pronuncia, porque pasa desapercibida por su humildad, pero está en el medio, dando solidez y equilibrando fuerzas. Humildad de reconocer nuestras limitaciones, sin rendirse y sin vergüenza. La “Medhicina”, tiende poco a poco a mejorar la calidad de vida. Los éxitos siempre tienen un coste. Digamos que avanzamos dos pasos adelante y uno atrás. Los éxitos no deben nublar nuestra realidad y endiosarnos orgullosamente. No hay que creerse el mejor, sino hacerlo mejor cada día. H de humanidad. Por mucha ciencia y sabiduría que se tenga, de nada sirve si no hay humanidad. Es más importante el ser humano completo, que la enfermedad sola, y la medicina personalizada que el protocolo aséptico deshumanizado y genérico. El médico que no es humilde ni humano… ni médico es.

I de tantos valores, que se necesitaría todo un ensayo sobre: incentivación, investigación, innovación, pero también de ilusión, inteligencia, idealismo que nos hacen soñar con las estrellas para poder llegar a la luna. No pueden dejar de acompañarnos dos conceptos de gran valor: la integridad y la independencia. Integridad como sinónimo de honestidad, de autenticidad, de manera de ser y de vivir, no solo como médico sino como persona “integralmente integra”. Debemos recordar siempre, que la medicina es Independiente y liberal. Nadie será más responsable delante de un enfermo que el médico que lo trata. No será responsable el ordenador, ni el programa, ni “el sistema”, ni el protocolo o la guía, ni la economía, ni la política, ni el gobierno de turno, ni la entidad aseguradora. Somos responsables cada uno de nosotros, porque somos libres en nuestra toma de decisiones. Igual que somos libres de cómo, con quien y donde ejercer la medicina

C la letra C viene cargada de mensajes y significados que nos ayudan a mejorar la asistencia médica. C de caridad, como una forma de amor y misericordia universal. Por muchas circunstancias, hay una población muy importante que no tendría acceso a la medicina si no fuera por la caridad y altruismo que desarrollan ONGs para llevar la mejor medicina que pueden a las personas más necesitadas, con cariño, calidez, compromiso, confianza y calidad. Con la C recordamos tanto la clínica, cuyo conocimiento es irremplazable por el más sofisticado avance tecnológico, como la cirugía, verdadero arte de curar con las manos, basado en la ciencia, la experiencia y la destreza.

N en la que encontramos conceptos tan frescos como novedad, nobleza y naturalidad. En medicina hay que estar siempre al día, conocer las auténticas novedades y diferenciarlas de las modas. Separar el grano de la paja. Cambiar para mejorar es bueno; cambiar sin el doble filtro de la evidencia y de la experiencia es peligroso; cambiar para brillo y beneficio personal es aún peor. La nobleza es todo lo contrario, es buena voluntad, buena intención, generosidad, sinceridad y fiabilidad. No significa nacer diferente, superior, sino mejorar cada día con esfuerzo y naturalidad, sin pedestales, ni tronos, ni otras coronas en la cabeza que la preocupación por los enfermos y por nuestros siempre limitados y mejorables conocimientos

A y volvemos a la A de amante. Antes hablábamos de amor al enfermo y ahora hablamos de amor a la medicina. A esta mezcla apasionante de filosofía y arte, que poco a poco nos va haciendo diferentes, y nos va moldeando y modulando, como el mar a las rocas, haciéndonos playa o acantilado, según la naturaleza y experiencias de cada cual. También saben nuestras parejas que la Medicina es un amante irrenunciable que vive dentro de cada uno y forma parte de la familia. Hace feliz a quien la practica porque la única manera de ser feliz es buscando la felicidad de los demás, o al menos intentando aliviar su sufrimiento.”

In memoriam Dr. Miguélez

 

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José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones