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El Seminario, misión de todos

Festividad de la Inmaculada en el Seminario // D. GUTIERREZ
Publicado: 14/03/2019: 1235

Antonio Eloy Madueño Porras, rector del Seminario Diocesano, reflexiona en torno al Día del Seminario, que se ha celebrado el domingo 17 de marzo, el más próximo a la fiesta de san José.

«Siendo un don de Dios, el suscitar, promover y cuidar la vocación sacerdotal requiere quien promueva y acompañe el proceso vocacional»

La vocación al ministerio sacerdotal es un regalo de Dios a la Iglesia que requiere la participación activa de todos los cristianos como miembros del Cuerpo de Cristo. Esta firme convicción es la que subyace en el lema de la campaña vocacional de este año: «El Seminario, misión de todos». Y, al mismo tiempo, es el mensaje sobre el que quiero reflexionar en estas líneas que siguen.

Siendo un don de Dios, el suscitar, promover y cuidar la vocación sacerdotal requiere quien promueva y acompañe el proceso vocacional. Tenemos conciencia de la dificultad de transmitir la fe en la familia, cuanto más cultivar la vocación cristiana y sacerdotal en el seno del hogar, pero la familia también es escuela de oración, donde se aprende a entrar en intimidad con el Señor y se aprenden los más profundos valores cristianos de humildad, servicio y entrega generosa a los demás. Los padres pueden favorecer la santidad de sus hijos y hacer que sus corazones sean dóciles a la voz del Buen Pastor y así, convertirse en el “primer seminario” (cfr. San Juan Pablo II, 26.12.1993).

El tema de las vocaciones sacerdotales es muy complejo y no podemos caer en simplificaciones, pero también sabemos que cada vocación, es fruto igualmente del cuidado y el esfuerzo de sacerdotes concretos. Todos los sacerdotes tenemos experiencia de haber conocido sacerdotes que han servido de referencia e instrumento en las manos de Dios para hacernos visibles nuestro propio destino. La alegría, el tesón, la oración, la esperanza y la fidelidad a Cristo de los propios sacerdotes son un estímulo para niños y jóvenes para emprender el camino de la entrega a Jesucristo y a la Iglesia. Así nos lo recordaba el Papa Francisco en el documento preparatorio del Sínodo de los jóvenes:

“Vosotros también habéis experimentado un encuentro que cambió vuestra vida cuando otro sacerdote os mostró la belleza del amor de Dios. Haced vosotros lo mismo; saliendo y escuchando a los jóvenes podéis orientar sus pasos.”

Asimismo, el Papa Francisco nos recuerda dos aspectos esenciales y básicos para la pastoral vocacional sacerdotal que hacen que el Seminario sea misión de todos:

“Es importante crear las condiciones para que, en todas las comunidades cristianas, a partir de la conciencia bautismal de sus miembros, se desarrolle una verdadera cultura vocacional y un constante compromiso de oración por las vocaciones.” (Francisco, Documento final de la XV Asamblea del Sínodo de los Obispos, “Los jóvenes, la fe y la vocación”. n. 80), y en el Ángelus del IV Domingo de Pascua de 2013 subraya: “Detrás de cada vocación al sacerdocio a la vida consagrada, está siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, de un abuelo, de una madre, de un padre… de una comunidad. Es por esto que Jesús ha dicho: “Rogad al dueño de la mies- o sea a Dios Padre- que envíe trabajadores a su mies”. “Rogar-decía Benedicto XVI-quiere decir también que nosotros no podemos “producir” vocaciones: deben venir de Dios” (Discurso en el encuentro con los sacerdotes y diáconos permanentes, 14.IX.2006). Esta oración, centro de toda la pastoral vocacional, debe comprometer no sólo a cada persona sino también a toda la Iglesia Diocesana de Málaga, porque, “El Seminario, es misión de todos”.

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