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«Echo de menos cada día a los que me hacen ser pastor»

Emilio López durante la defensa de la tesis · Autor: J.M. ORTIZ
Publicado: 08/05/2020: 8027

El sacerdote Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga y párroco de Arroyo de la Miel, cuenta como está viviendo esta pandemia desde Chile, donde está como profesor invitado en la Pontificia Universidad Católica.

Llegué a Chile el 28 de febrero. Apenas se empezaba a escuchar eso de "Coronavirus" por Europa. Parecía algo sólo asiático, aunque ya empezaba a aparecer en Italia (y también en España, pero era "una gripe más fuerte). En el avión, solo unos pocos llevaban mascarilla, y pensaba para mí que eran unos exagerados. Quizá las ganas de emprender este semestre de enseñanza e investigación en la Pontificia Universidad Católica de Chile me nublaban los sentidos.

Sin embargo, unas semanas después los casos en España e Italia empezaban a subir. Llamadas, mensajes, audios, videoconferencias... y horas y horas en el ordenador tratando de entender qué pasaba y qué podría hacer a 12.000 km. Rezar, sin duda, era la primera opción... y mandar apoyo, palabras escritas o grabadas que alienten a los míos: a mis feligreses del Arroyo de la Miel, a los miembros del MAC, a mi Comunidad, a mi familia y amigos. La primera semana fue un verdadero caos interior. Pero era la primera semana de clases aquí en Santiago, donde parecía que el virus no llegaba... hasta que llegó.

Las primeras noticias de la existencia de casos de Covid-19 en Chile hicieron que las autoridades (del Gobierno y de la Universidad) tomaran cartas en el asunto. Clases on line, distanciamiento total, cuarentena únicamente en las zonas más afectadas... Pero como el miedo es libre, ha habido algunos "brotes" de pánico... también faltó el papel higiénico, la gente mira raro a la gente... no se puede celebrar la Eucaristía con más de 5 personas (aunque el templo sea enorme)... Así que llevamos ya casi dos meses retrasmitiendo por las redes sociales y como Dios nos da a entender tanto las misas como incluso la catequesis de los niños, que justo ahora empiezan el curso.

Echo de menos cada día a los que me hacen ser pastor, y sé que ellos me extrañan también. Cada mañana rezo por ellos y por todos los que están sufriendo esta pandemia. Los enfermos, los que van muriendo, los trabajadores de la salud (esos héroes) y por los que son golpeados duramente con la lacra del paro. Aquí en Santiago se han tenido que cerrar los comedores sociales (muchas parroquias tienen), pero se están buscando formas que permitan reabrirlos. Que Dios nos de mucha imaginación y arrojo para seguir respondiendo como verdaderos discípulos de Jesús: mansos como palomas, astutos como serpientes (Mt 10,16), a lo que esta situación nos plantea.

Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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