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A nuevas situaciones, soluciones nuevas

Publicado: 15/06/2020: 7732

FRANCISCO J. CASTILLERO JIMÉNEZ

Artículo de Francisco Javier Castillero Jiménez, técnico del Programa de Cooperación Internacional y del Área de Administración de Cáritas Málaga.

La “nueva normalidad” que está llamando a las puertas de nuestra sociedad, traerá consigo unas necesidades ya conocidas y otras, en cambio, inéditas. De igual modo sucederá con las actividades venideras que llevarán a cabo las comunidades cristianas. Es el momento, pues, de repensar el modo de actuar, de posicionarnos críticamente ante ciertos hábitos y buscar respuestas y soluciones cargadas de creatividad.

Pero tampoco se trata de hacer por hacer. No debemos perder de vista que lo verdaderamente crucial es proyectar, de forma holística y coherente, la mejor respuesta a un problema detectado.

Para abordar con garantía de éxito un problema, se necesita un proyecto adecuado, que comprenda, al menos, las siguientes fases vitales:
• Identificar la realidad de lo que sucede: un análisis previo.
• Formular qué queremos conseguir: delimitar los objetivos del proyecto.
• Estudiar las diversas alternativas para llegar a la solución: establecer los medios técnicos y económicos necesarios para ello.
• Ejecutar las acciones que previamente se han establecido: temporalizar la acción.
• Evaluar periódicamente la marcha del proyecto: evaluaciones parciales y final.

Los proyectos socio-caritativos no pueden consistir simplemente en una tarea cuyo impacto efectivo se limite al ámbito de las condiciones materiales inmediatas. Deben buscar efectos de cambio en las personas a la que van destinadas cada acción, con un consiguiente impacto en la sociedad que le rodea que, a su vez generará cambios sostenibles en las condiciones de vida de las personas.

Los proyectos deben responder a una necesidad real de los participantes, no a ideas utópicas inalcanzables, y deben implementarse siempre que se haya comprobado previamente que no existen otros recursos disponibles que cubran la necesidad antes referida.

Un proyecto también debe favorecer la utilización de los medios a nuestro alcance de forma eficiente, con el fin de obtener los mejores resultados con la menor cantidad de recursos posible.

Los proyectos deben aportar viabilidad y —ante todo— sostenibilidad: no se entiende un proyecto que no pueda ser sostenido en el tiempo, siempre que la necesidad lo requiera.

La vocación de servicio a la persona concreta que lo necesita —y que siempre ha de ocupar el lugar central de toda intervención— es el espíritu que debe mover y guiar la labor de caridad de todo cristiano. Solo así podremos llegar donde otros no llegan: a las periferias a las que nos invita constantemente el papa Francisco.

Diócesis Málaga

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