Iglesias cerradas, celebraciones con el templo vacío o desde las casas, difuntos que no pasan por la iglesia, bautismos, bodas, comuniones aplazadas, salones sin el bullir de los niños ni las risas y acordes de las guitarras de los jóvenes... la tentación de la tristeza y del desánimo golpeando en el corazón del pastor, que no ve a sus queridas ovejas.