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Jesús David Hurtado: «La formación nos ayuda a abrir nuevos caminos de diálogo entre la Iglesia y el mundo»

Jesús David Hurtado, en San Fernando
Publicado: 18/07/2022: 1534

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Jesús David Hurtado Giráldez se ordenó sacerdote en 2010 y tras pasar por la Serranía de Ronda completó estudios en Roma con la licenciatura en Teología Dogmática por la Universidad Gregoriana, que concluyó con una tesina sobre el pueblo de Dios y los laicos en Lumen Gentium, dirigida por Dario Vitali, uno de los designados para presentar la Constitución Apostólica Episcopalis communio del papa Francisco sobre la estructura del Sínodo de los Obispos. El doctorado en Teología Pastoral lo cursó por la Lateranense y su tesis, dirigida por el profesor Paolo Asolan, versaba sobre la recepción del Concilio Vaticano II en la diócesis de Málaga. En la actualidad, Jesús es delegado de Catequesis y párroco de San Fernando en Málaga capital. Ahora entra a formar parte del claustro de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga como el primer profesor doctor en el área de Pastoral.

Profundizar en los estudios teológicos, ¿qué le aporta?
La Teología requiere siempre estar actualizado, leer los artículos que se publican en aquel tema en el que te vas especializando. Hace poco participé de un encuentro en Madrid de profesores de Eclesiología en el que estaba, entre otros, el profesor Salvador Pie Ninot y fue muy enriquecedor, también por las aportaciones sobre la situación que viven en Ucrania  nuestros hermanos católicos y de la Iglesia ortodoxa.

¿Imaginaba la docencia entre sus misiones pastorales? ¿Qué significa?
Cuando me ordené de cura, no. Empecé a dar clases en la Escuela Teológica de Ronda cuando estaba destinado en Yunquera y El Burgo, pero la dinámica es distinta. Después de estudiar en Roma, sin embargo, uno sabe que tiene que aportar lo adquirido aquí en la diócesis. Empiezo impartiendo Teología Pastoral, en la que me he especializado con la Tesis doctoral. La docencia me gusta. Es cierto que implica dedicar también un esfuerzo, preciso, para preparar y mantener actualizada la asignatura, pero conlleva la gratificación de compartir los conocimientos con quienes vienen a profundizar en sus formación teológica, en su fe, al fin y al cabo.

La Diócesis insiste mucho en la necesidad de la formación teológica tanto para sacerdotes como seglares, y de hecho tiene una fuerte apuesta para favorecerlo. ¿Por qué animaría, personalmente, a sumergirse en estos estudios? ¿Por qué merece la pena?
La formación teológica es fundamental para los sacerdotes, que tenemos que estar bien preparados a la hora de transmitir nuestra fe y nuestros conocimientos a las comunidades parroquiales, pero también lo es para los laicos, que llevan a cabo la catequesis, que participan de la Eucaristía, de los sacramentos y de la vida parroquial, pero a veces adolecen de falta formación para poder dar razón de nuestra esperanza a quien la pide, como dice san Pedro. Y una de las cualidades de nuestra fe es que es razonable. La formación también sirve para enriquecernos personalmente, creer con más solidez, más profundidad y con raíces más hondas en Aquel que nos ha llamado. Yo invitaría a adentrarse en esta formación a toda persona que tiene inquietud por conocer la Teología, incluso a aquellos que no se reconozcan creyentes. Uno de los puntos de mi tesis doctoral versa sobre el diálogo entre la Iglesia y el mundo, y para llevarlo a cabo hay que estar formado. No para defender nuestra fe en forma de apología, sino para abrir nuevos caminos y dar razón de por qué creemos. Y por todo eso merece la pena estudiar. Los que han pasado por los Centros Teológicos diocesanos lo afirman.

Como delegado de Catequesis, ¿qué diferencia hay entre la formación catequética y la que se ofrece desde los centros teológicos?
La formación catequética es solo una parte de la formación teológica que se imparte en los Centros Teológicos y que es más amplia, completa e integral. La primera se basa en la catequesis, que es una parte específica de la vida cristiana, y para la que se forma a catequistas que ejercen este ministerio en la Iglesia. La segunda va mucho más allá. Es cierto que un buen catequista debe tener una formación integral, y desde la delegación animo a que los catequistas se formen, empezando quizás por la Escuela Teológica, con la estructura y la dinámica que ofrece en torno al compartir la vida y aterrizar la formación teológica en la experiencia y, si alguno se anima, como muchos catequistas que conozco, les invito a que accedan a esa formación superior para profundizar en su conocimiento de la fe.

Ana María Medina

Periodista de la diócesis de Málaga

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