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Mi particular experiencia de muerte y resurrección

Andrés Pérez, junto a su padre
Publicado: 28/05/2020: 6756

ANDRÉS PÉREZ GONZÁLEZ

El párroco de San Ramón Nonato en Málaga, Andrés Pérez, comparte su testimonio de muerte y resurrección ante el reciente fallecimiento de su padre.

«La muerte sí que tiene remedio. Jesús, con su muerte y resurrección, ha puesto ese remedio y sabe a Gloria»

Cuando hace tres años, mi antecesor en la parroquia de san Ramón Nonato me pidió que fuese a su parroquia a dar una charla cuaresmal, estuve varios días pensado la temática. Y fue, sin pretenderlo, mi padre el que me dio el tema sobre el que hablar en dicha charla. Días después mi padre sufrió una segunda crisis respiratoria y, aunque no parecía tan grave, al menos aparentemente, el médico que nos atendió en la UCI fue muy tajante: "no cuenten ustedes con su padre". Aquella expresión, sin anestesia, fue para mí uno de esos golpes que no esperas y que te dejan noqueados. Y lo peor, que queda una sensación de vacío y de vértigo muy grande. Al menos así lo viví en aquel momento: la persona que había sido tu referente toda la vida, de pronto, iba a dejar de existir. Ciertamente como sacerdote y creyente dices "Señor, que se haga tu voluntad", sin embargo, inmediatamente le pides al Señor que si es posible, pues que te lo deje un ratito más. Y ese fue el tema de la charla que di: la Cuaresma nos sitúa ante la muerte y resurrección de Jesucristo, pero siempre, creo yo, la vemos desde fuera. Es la de Jesucristo, no la nuestra ni la de cualquiera de nuestros seres queridos. Meditamos profundamente la muerte y resurrección de nuestro Señor, pero sin meternos nosotros, parece que no nos toca.

Tres Cuaresmas después, tres Semana Santas después y casi tres Pascuas completas después, llegó ese día "terrible" en que el médico no te dice que no cuentes con tu padre, sino "hemos hecho todo lo que hemos podido, pero su corazón no ha aguantado. Ha fallecido". Lo curioso es que en ese instante, que esperábamos, aunque no ese día, ese vértigo de hace tres años, esa sensación de vacío no aparecen. ¿Por qué? ¿Dónde están? Pues la verdad, ni idea. Lógicamente hay tristeza, lógicamente se le echa de menos. Pero hay algo que traigo a la memoria y que ha sido el causante de que estos momentos los esté viviendo con mucha paz, con mucha tranquilidad, con mucha esperanza. Sin duda esta situación de confinamiento por la pandemia nos ha hecho a todos vivir una Cuaresma, una Semana Santa y una Pascua muy especiales. Al menos, yo he tenido unas vivencias muy intensas. La forma de predicar el evangelio de los tres últimos domingo de Cuaresma, de un modo especial y con un entusiasmo más especial de lo habitual; una Semana Santa en la que la resurrección, que es el culmen, ha sido muy intensa; y una Pascua en la que la predicación de la alegría de la resurrección de Jesús, que nos alcanza a todos, es para todos y todos viviremos, han sido las que provocaron que la fe en Cristo resucitado saltaran, como cuando salta el automático ante un cortocircuito. El momento del "ha fallecido", desde Cristo Resucitado, sonó distinto, y no fue a trágico, sino a esperanza. Mi padre momentos antes de su muerte le había pedido a Dios en su oración que se lo llevara, y el Señor le concedió el deseo. Él, efectivamente, ya descansa en paz.

Junto a esto, también quiero hacer mención a la comunidad cristiana a la que sirvo por gracia y misericordia de Dios. Por culpa de esta pandemia y sus consecuencias no se puede acompañar en estas circunstancias tristes. Pero ellos se empeñaron en acompañarnos sea como fuere. Y menudo modo de hacerlo. Así nos sorprendieron con una oración a través de una de esas plataformas de vídeo-conferencia a la que se une no solamente la gente de la parroquia San Ramón Nonato, sino gente de varias parroquias de Málaga con algunos de sus párrocos, gente de las diferentes parroquias en las que gracias a Dios he estado, compañeros de trabajo de mi padre... una gracia de Dios. En definitiva, mi familia y yo sentimos que vamos llevados por el Señor; que no nos ha abandonado; que el destino de mi padre no ha sido morir para siempre, sino que un día Dios lo creó para que ese 14 de mayo a las 6,45 de la mañana él pasara de este mundo a la Casa del Padre. Hay un dicho español que dice que "todo tiene remedio, menos la muerte". Yo suelo decir que es un dicho mentiroso, porque la muerte sí que tiene remedio. Jesús, con su muerte y resurrección, ha puesto ese remedio y sabe a Gloria. Ese remedio nos espera a todos. Ni que decir tiene que ese vértigo, ese vacío no existen. Nuestra vida es una peregrinación hasta llegar a la casa del Padre, a nuestra casa. Así lo describió Martín Descalzo, y así lo vivo yo: mi padre en su muerte abrió una puerta y dijo "he llegado casa”.

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