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Una familia llamada Cottolengo

Una de las madres acogidas en Cottolengo, junto a su hija · Autor: F. HERNÁNDEZ
Publicado: 24/12/2014: 6895

Tres semanas de vida tiene la más pequeña de esta familia llamada Cottolengo. Su madre llegó a esta casa embarazada de seis meses junto a su hija de tres años, tras dos noches en la calle sin saber a donde ir

El denominador común de los voluntarios y los trabajadores de esta casa es la ternura, el cariño y la alegría

Extranjera en una tierra extraña y tratando de huir, al igual que otra madre que hace unos 2.000 años tuvo que huir de casa buscando un lugar mejor. En este caso, «escapaba de doce años de encierro y de palizas diarias, hasta que llegué a una iglesia», relata. «Era la feria de Málaga cuando recibí la llamada -recuerda el director de la Casa del Sagrado Corazón, Patricio Fuentes-. Una trabajadora social agobiada me dijo: “Patricio no tengo sitio para esta persona”. Durante la feria de Málaga, mientras todo el mundo se divertía, había una madre embarazada de seis meses con una niña de tres años que no tenía a donde ir. “Pues que se venga a la casa del Sagrado Corazón, que esta es su casa”, le dije. No había ido a ningún médico porque había estado encerrada. No tenía ningún tipo de control sanitario. Gracias al trabajo que hacemos con el centro de salud cercano pudimos atenderla.

Hace algunos días, al hablar con ella y ver a esa niña en sus brazos mientras le daba el biberón, le pregunté si quería volver a su país. Me dijo: “allí, ya no tengo a nadie. Mi familia está aquí, vosotros sois mi familia, mi referente. Las personas que me quieren las he encontrado aquí. Me habéis dado lo que no me habían dado nunca”. Ese es el milagro que hace el Señor a través de la Casa del Sagrado Corazón y eso es lo más importante que tenemos que seguir manteniendo. Gracias a Dios, estas historias se siguen dando. Por eso, Málaga necesita esta casa y esta casa necesita a Málaga». 

Mezclarse, encontrarse, tomarse de los brazos, apoyarse y así formar una familia, como afirma el papa Francisco en la Evangelii gaudium. Eso es lo que hace esta casa por «aquellas personas que no tienen familia o que por el motivo que sea han perdido los lazos familiares que tenían. Aquí hay una familia para ellos donde poder ser feliz y encontrar seguridad. Yo creo que solo hay una herramienta para ello, no existe otra: el cariño. El denominador común de los voluntarios y los trabajadores de esta casa es la ternura, el cariño y la alegría. Todo el que llega descubre una casa muy alegre, muy feliz, y les sorprende porque creen que encontrarán a personas tristes. Todo lo contrario, es verdad que llegan tristes, pero aquí se consigue ser feliz y en familia, por eso celebramos la Navidad como una familia más, cantamos villancicos, ponemos el Belén y decoramos la casa para mostrar la alegría porque nace Jesús».

Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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