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La Casa del Sagrado Corazón celebra su día

Publicado: 01/06/2016: 11701

El viernes, 3 de junio, día del Sagrado Corazón de Jesús, la Casa del Sagrado Corazón conocida popularmente como el Cottolengo de Málaga celebró su 50 aniversario. Con este motivo se inauguró una exposición de fotografías de esta casa en Calle Larios, a modo de gesto jubilar de atención de la Iglesia de Málaga a los descartados.

Medio siglo de Misericordia en la Casa del Sagrado Corazón

El obispo de Málaga, Jesús Catalá recorrió la muestra junto al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; el vicario para la Acción Caritativa y Social, Gabriel Leal; la  directora General de Derechos Sociales, Ruth Sarabia; el director de Cáritas Diocesana de Málaga, Francisco J. Sánchez y el director de la Casa del Sagrado Corazón, Patricio Fuentes.

Todos ellos se desplazaron al Cottolengo de Málaga donde se celebró una Eucaristía de Acción de Gracias, presidida por D. Jesús Catalá, y a la que acudieron números voluntarios y amigos de esta casa.

Y así, la Casa del Sagrado Corazón disfrutó de su “día grande” donde terminaron la jornada con un ágape fraterno lleno de cariño, abrazos y sonrisas.

Medio siglo de Misericordia en la Casa del Sagrado Corazón 

La Casa del Sagrado Corazón (Cottolengo) abrió sus puertas gracias al empeño de un sacerdote diocesano malagueño, el padre Jacobo, que hizo de los pobres y de los descartados su bandera. Cuando llegó como párroco al Santo Ángel, en la barriada de “El Bulto”, junto a las playas de San Andrés, encontró a decenas de personas malviviendo en chabolas junto a la orilla del mar.

Eran los más pobres de la clase obrera, niños que sólo contaban con vagones de tren abandonados para pasar la noche. A la pobreza hay que añadir los estragos que hizo la poliomielitis. Ésta era la situación de las periferias de Málaga tras el desarrollo industrial a mediados del siglo XX. Este cura, lejos de achantarse, se fue a buscar a las hermanas de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón, concretamente a su fundadora, la Madre Rosario Vilallonga. Le dijo: «usted viene y lo ve». Sabía lo que hacía, la madre Rosario no pudo negarse. Las hermanas estuvieron 48 años en esta casa.
En el siglo XXI, el Cottolengo de Málaga sigue siendo necesario. Siguen llegando personas que no tienen nada ni a nadie.

Fotógrafos al servicio de la Casa

Algunos de los fotógrafos más conocidos de Málaga han puesto su trabajo y su pasión, la fotografía, al servicio de los que no tienen nada, ni a nadie. Fotógrafos de la talla de Pepe Ponce, Rafael Díaz, Pepe Ortega, Fran Ponce, Álex Zea, Jesús Domínguez, S. Fenosa, Florencio Hernández, Álvaro López y Manuel Diéguez, entre otros, han conseguido captar en sus retratos el alma de esta casa. Su trabajo se puede contemplar en la exposición conmemorativa del 50 aniversario, en calle Larios, hasta el 19 de junio.

Potaje de habichuelas, cazuela de fideos o gazpachuelo y, de segundo, pescado frito con ensalada, es el menú que suelen comer los miércoles en el Cottolengo. Lo preparan con todo el cariño del mundo María Teresa, Josefina, Rocío y Loli. Amigas desde que estudiaban en el colegio de Gamarra. Cada miércoles desde hace seis años, dedican su día a cocinar en esta casa. Josefina es la encargada de la compra, que luego pagan entre todas, pero, como ella misma explica entre risas, «a mí no me gusta guisar, pero soy una pinche estupenda, pico como nadie». Las cuatro afirman al unísono que para ellas “la hermana Isabel es el alma del Cottolengo, nosotras venimos desde hace mucho a hacer la comida y seguimos haciendo lo mismo, que cuando las hermanas llevaban la casa. Hacemos la compra y venimos a cocinarla. Estamos muy contentas de venir, es muy gratificante».

Gracias a la providencia

El director del Cottolengo de Málaga, Patricio Fuentes, explica que «esta casa se mantiene gracias a la Providencia y sin pedirle nada a nadie. Eso significa que son muchas donaciones particulares, muchos “pocos” que son un milagro, ya que no recibimos ningún tipo de subvención ni ayuda pública. Así ha sido durante 50 años, y así queremos que siga siendo. Claro que, como en cualquier casa, y con 40 personas acogidas, tenemos muchos gastos. Hay que pagar el agua, la luz, el gasoil para la calefacción y las medicinas, ya que muchos de ellos no cuentan con cobertura sanitaria. También tenemos que hacernos cargo del sueldo de los pocos trabajadores que cada día hacen que esta casa pueda seguir cuidando a los más necesitados: realizan una preciosa labor y con muchísimo cariño.

Por eso, es tan importante resaltar que cada donativo que recibimos tiene un destino concreto, aunque la providencia siempre está de nuestra parte, son tiempos difíciles para todos. Podemos decir que esta casa se mantiene también gracias a las personas que con sus donativos hacen que podamos seguir sirviendo y, sobre todo, al gran esfuerzo de voluntarios que ponen parte de su tiempo y de sus vidas al servicio de los descartados de nuestra sociedad».

Voluntarios

Dedican parte su tiempo, lo más valioso que tienen, al Cottolengo de Málaga. Como cuenta Fernando Carmona «esta casa es el lugar donde el hombre puede invertir una de las cosas más importantes y escasas que tiene en su vida, que es su tiempo».

Lleva 7 años acudiendo a esta casa como voluntario, desde que se jubiló de directivo de una gran empresa. «Mi entrada aquí fue casual y premeditada a la vez. Hace unos 20 años leí un reportaje del Cottolengo y lo guardé. Tras jubilarme, rompiendo papeles, me salió este reportaje, pero no sabía dónde se encontraba el centro. A los pocos días, paseaba por esta zona y vi: “Casa del Sagrado Corazón”, entré y le conté a la superiora mi deseo de ayudar. Desde ese día, no he dejado de venir porque engancha. Lo mismo los acompaño al hospital que a lo que haga falta. Esta casa tiene un encanto especial, yo la considero una de las cosas más importantes que me ha pasado en la vida».

Antonia Hidalgo también lleva 7 años de voluntaria en esta casa, y explica que va al Cottolengo «dos días a las semana a planchar, pero estoy muy implicada con el acompañamiento en los hospitales. Ayer estuve cinco veces en Carlos Haya, porque cuando hay alguien ingresado le ayudamos en todo lo que podemos, les damos la comida, la merienda, los acompañamos por la noche o lo que ellos necesiten, estamos con ellos».

El Cottolengo no distingue de edades, engancha a todos por igual, ejemplo de ello es Soraya Vargas, estudiante de Pedagogía que realizó aquí las prácticas de su carrera. «Solicité este lugar porque quería conocer una educación diferente a los institutos o colegios y me ha gustado tanto, que he terminado las prácticas y sigo viniendo».

Ellos son sólo una pequeña muestra de los voluntarios que ayudan a que esta casa funcione día a día, bien sea planchando, cosiendo, haciendo gestiones o lo que sea menester, como en cualquier hogar español. A ellos se une un sinfín de nombres como: Justo Cubero, Conchita Varo, Lola Escalante y Marisol Espejo, entre otros.

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Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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