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La limosna

Publicado: 30/03/2011: 4439

Durante la Cuaresma, la Liturgia nos insiste en la limosna, como la expresión de una fe viva y un corazón convertido. Porque hemos recibido un mandamiento nuevo. Pero la limosna cuaresmal, de la que nos habla la Iglesia, más que una exigencia ética o la práctica de un mandamiento, es una necesidad intrínseca de la persona que ha entrado en comunión con la Santa Trinidad.

Con palabras de Benedicto XVI, “la verdadera novedad del mandamiento nuevo no puede consistir en la elevación de la exigencia moral. Lo esencial, también en estas palabras, no es la llamada a una exigencia suprema, sino el nuevo fundamento del ser que se nos ha dado. La novedad solamente puede venir del don de la comunión con Cristo, del vivir en Él. (…) La inserción de nuestro yo en el suyo es lo que verdaderamente cuenta”. Porque el contacto con la misericordia de Dios nos hace misericordiosos.

Por consiguiente, esta manera de amar es inseparable de una intensa vida de oración y de comunión con Dios, que derrama sobre el creyente su misericordia. Y es verdad que, en una España con más de cuatro millones de parados, compartir dinero es un deber de todo ciudadano. Es lo que nos está recordando Cáritas. Pero la misericordia es más amplia, y nos lleva a dar también cercanía, cariño, tiempo, aliento, comprensión, apoyo… Pues las obras de misericordia pueden concretarse en ayudas materiales y en ayudas espirituales de todo tipo. Lo fundamental es que nos dejemos transformar por el Espíritu y nos sumerjamos en el océano infinito de la divina misericordia. Sólo entonces llegaremos a ser misericordiosos de verdad. 

Artículo "Desde las azoteas" de Juan Antonio Paredes

Autor: diocesismalaga.es