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El camino es la oración

Publicado: 26/02/2014: 2453

Desciframos, una a una, las claves fundamentales de la cuaresma. En esta ocasión nos fijamos en la oración.

La acción trepidante de una película, e incluso de una novela, nos introducen en un mundo imaginario en el que la ilusión nos lleva a creernos actores, y hasta protagonistas de la acción. Pero, las luces de la sala o la página en blanco del final, nos recuerdan que la experiencia vivida está fuera de nosotros y que siempre ha sido un sueño, a pesar de que haya podido estremecer de amor o de gozo nuestro corazón.

Si esto sucede en el mundo del arte (sin desechar su aportación al mundo interior del hombre), en el campo de la fe no podemos vivir de experiencias narradas o vividas por otros. Cuando Jesús se retira a solas a orar, cuando Jesús enseña cómo orar, cuando Jesús vive los acontecimientos cruciales de su vida desde la oración, nos está indicando el camino real de la experiencia viva y el encuentro con Dios: la oración.

El problema de la trasmisión de la fe en nuestro tiempo, no sólo es doctrinal, de rechazo de la Palabra de Dios,que lo puede ser, sino una aparente incapacidad del hombre actual para poder entrar en diálogo con el Misterio que nos habita.Y, sin ese diálogo, no hay descubrimiento del rostro de Dios, de nuestra auténtica realidad personal: soy yo en cuanto que me descubro amado y en relación con Dios que me habita y me da el ser. Por ello, la fe lleva a la oración, y en la oración se renueva la fe. Porque la fe es encuentro y trato con Dios, la oración es el ámbito donde se produce esa relación y encuentro con Dios. En palabras de Enzo Bianchi: «Se ha generalizado la idea según la cual la vida cristiana corresponde a un compromiso social, a un estilo de vida genéricamente altruista, hasta el punto que "vida eclesial" es ya sinónimo de actividad organizativa y pastoral, no de lugar capaz de iniciar a la vida humana y espiritual. Y, así, se ha perdido la conciencia de que la transmisión de la fe por parte de la Iglesia debería ser también transmisión del arte de orar, ámbito privilegiado donde el creyente puede llegar a una experiencia auténtica de conocimiento del Señor en la fe» (cf. Por qué orar, cómo orar, p.25-26.).

En la oración no se habla de Dios, sino a Dios mismo. El hombre se abre al Misterio, toma conciencia de su Presencia y se ve avocado a dar una respuesta de acogida o de rechazo. Sin una asidua e intensa oración personal-independientemente de la variedad de formas: vocal, mental, litúrgica, etc... resulta muy difícil hacer experiencia de Dios en el trascurso de la vida ordinaria. He hablado de aparente incapacidad del hombre actual para el mundo interior y espiritual porque no se le ha descubierto esa dimensión. Así, anda errante en las afueras del alma, como extranjero en su propio ser.Ante esta situación, no sólo es necesario decir que la oración es el camino, hace falta descubrirles el camino hacia ella, como nos dice Sta. Teresa (cf. 1M 2,7) y sólo nos descubre el camino el que ha transitado por él. Si algo necesitan los hombres de la Iglesia es que sepa llevarlos a Dios, prestarles ayuda para la iniciación en la experiencia de Dios. El camino es la oración.

 


 

Autor: Antonio Eloy Madueño, sacerdote diocesano