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Cuaresma junto a los testigos del Señor

Publicado: 19/02/2018: 1461

En este primer domingo de Cuaresma, nos acercamos a las tres prácticas penitenciales a las que la Cuaresma nos invita: oración, ayuno y limosna, de la mano de tres testigos privilegiados del Señor que practicaron sus virtudes en nuestra Diócesis malagueña. Un santo, Manuel González; un beato, Marcelo Espínola, y una seglar cuyo proceso de beatificación está próximo a ser abierto, Laura Aguirre Hilla, “la Señorita Laura”.

La Oración según san Manuel González 

Manuel González supo dejarse encontrar por la presencia de un Dios vivo y cercano, hecho Eucaristía. Al comienzo de su sacerdocio vive en la misión de Palomares del Río, la experiencia que marca el rumbo de su vida. Entonces dice: «Allí descubrí un Jesús vivo que me miraba…». Esta certeza le llevará a orientar sus pasos hacia el Sagrario, la “tienda del Encuentro”, donde pasará largos ratos con el Amigo y animará a todos a acercarse al Misterio.

Cuando comparte su experiencia, dice: «Yo no sé que nuestra religión tenga un estímulo más poderoso de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte de acción, que un rato de oración ante un Sagrario».

La oración para él es: «La llave de oro que abre de par en par el Corazón de Jesús! ¡La luz divina que disipa todas las tinieblas y aclara todos los misterios! ¡El bálsamo que cura las heridas del alma, sana los cuerpos y perfuma la vida! ¡El secreto de la paz y de la dicha en medio de las penas acerbas, y receta de la más excelsa santidad!»

Porque ha entendido y experimentado los frutos de la oración, podrá decir también: «¡Que se peguen a Él! Las almas de chicos y grandes, de seglares y de clérigos, de hombres y de mujeres al Corazón de Jesús que vive en los copones, tan íntimamente y tan vitalmente como los sarmientos a su cepa, Y… llevarán mucho fruto. Les hará vivir y producir vida divina...».

Mª Antonia Moreno
Superiora Misioneras Eucarísticas de Nazaret

La Limosna según el beato Marcelo Spínola

El gran distintivo del beato Marcelo Spínola fue su amor por los empobrecidos. Siendo obispo de Málaga y «viendo el hambre y miseria que campea por la ciudad y por los pueblos», trata de dar respuestas
inmediatas a necesidades urgentes. Con ayuda del alcalde, monta un servicio de comidas gratuitas que alcanza hasta mil raciones diarias y abre un albergue donde puedan dormir los sin techo. Con ayuda del
Círculo Mercantil abre un economato para «aliviar a las familias menos acomodadas».

El beato Marcelo Spínola está convencido de que para erradicar la pobreza hay que trabajar por la justicia. Con tal fin establece en todas las parroquias de la capital y los pueblos “los círculos obreros”, avanzadilla social de los católicos de entonces. Al mismo tiempo comprende la situación de desamparo legal de los trabajadores, lo que le lleva a defender en el Senado un salario y una jornada laboral justos, así como el descanso dominical para todos los trabajadores.

Pero lo más notable de todo esto es que el beato Marcelo Spínola vive pobre en medio de sus pobres. Cuenta su ayuda de cámara que cuando le comentaba al beato Marcelo sus temores porque se gastaba demasiado en limosnas, siempre le respondía: «no se preocupe, tendremos para todo». Cuando se encontraba con gastos que consideraba innecesarios, decidía suprimirlos «porque aquel dinero debía destinarse para los más pobres». Será en Sevilla, en 1905, cuando el hambre arrasaba la capital
y los pueblos, a consecuencia de una pertinaz sequía, y viendo que del gobierno de Madrid no llegaban más ayudas, decide salir personalmente a pedir limosna por las calles. Su decisión llenó de asombro a Sevilla. Su imagen de arzobispo mendigo llenó de admiración al mundo entero. Llegaron donativos de París, Londres, Filadelfia, Viena, Nueva York… que fueron distribuidas con arreglo a un mapa de necesidades apremiantes.

Mª José Fernández
Esclava del Divino Corazón

El Ayuno según la srta. Laura

«El ayuno que Dios quiere -nos dice el profeta Isaías – ¿no será partir tu pan, y recibir en tu casa a los pobres sin hogar?» (Is 58, 7). 

Laura Aguirre Hilla, nació en Málaga el 23 de febrero de 1901. Hija de notario, recibió una excelente educación. Fue alumna de Romero de Torres, estudió en la Academia de Bellas Artes de Madrid, y en la de Bélgica. Hablaba perfectamente francés, tocaba el piano y con su preparación le esperaba un brillante porvenir, que abandona para entregarse totalmente a los pobres y necesitados.

Desde Ronda, fue como misionera del Padre Arnáiz hasta Álora en 1950 y, llena del amor de Dios que la desborda, se entrega a las tareas de la catequesis, pero el encuentro con varias niñas en precarias condiciones, zarandea todo su ser. Se le conmueve el corazón de tal forma que ya no podrá vivir más que entregándose totalmente a ellas, compartiendo con ellas su vida, su miseria, su pobreza, su amor, su fe y su esperanza en la amorosa Providencia de Dios. Con diversas ubicaciones la Srta. Laura crea un hogar y se convierte en madre, maestra, amiga y hermana de aquellas niñas huérfanas o de familias con enormes dificultades para sacar adelante a sus hijas y darles una educación digna.

Cuando Laura llega a Álora, ya lleva un largo recorrido de servicio de amor a Jesucristo en los pobres. El ayuno que Dios nos pide es vaciarnos de nosotros para que Él derrame su amor y misericordia en sus hijos más pequeños y débiles a través de nosotros. Entonces brillará en nuestra oscuridad la luz del amor, se curarán las heridas de nuestro egoísmo, el gozo y la alegría nos envolverán y encontraremos nuestra paz y descanso en el Señor.

Antonio Eloy Madueño
Director del Departamento para la Causa de los Santos

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga