BlogsDesde las entrañas

La mercantilización del amor

"El hombre económico, el ser económico ha convertido su vida en pura economía..."
Publicado: 30/11/2014: 3665

La crisis económica ha puesto de manifiesto algo que todos sabíamos: la economía ha llenado el mundo del hombre. Hemos pasado de “ser humano” a “ser económico”. Este pensamiento económico ha llegado hasta los estratos más profundo de la persona: las emociones, el amor, la conciencia.

Hoy quisiera pararme en un aspecto: la gratuidad. Hemos perdido algo que, en mi opinión, es fundamental en el mundo del amor. El amor es la entrega de la persona a otra persona para su bien, para su felicidad.

«En una palabra: ese ímpetu que, como dijo Homero, inspira la divinidad en algunos héroes, lo procura el amor a los amantes como algo que brota de sí mismo. Además, a dar la vida por otros únicamente están dispuestos los amantes, nos solo los hombres, sino también las mujeres».
(Platón, “El Banquete”).

Como nos dice Platón, el amor “brota de sí mismo”, es ese ímpetu de dar la vida por los otros, que nos hace “amante” (persona que ama). El amor es la entrega gratuita, que brota de sí mismo.

«Amar es fundamentalmente dar, no recibir. (…) Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad». (Erich Fromm, “El arte de amar”).

Cuando nos entregamos por entero nuestra vida se pone en juego, y nuestro ser crece. Es como los talentos, si los guardamos en un hoyo en el suelo, ahí queda todo. Pero si los ponemos en juego se multiplica. Nuestra vida crece, toma vitalidad y fuerza cuando la ponemos en juego, cuando nos damos a los demás; «recordando las palabras de Señor Jesús, que dijo: “Hay más alegría en dar que en recibir”» Hch 20, 35.

Pues bien, esta entrega es una entrega gratuita; porque si deja de ser gratuita, deja de ser entrega, deja de ser amor. Siempre que hablo de amor, me gusta poner como ejemplo el amor que, a mi entender, lo vemos más claro como amor genuino: el amor de nuestros padres. Nuestros padres, nos aman sin pedir nada a cambio. Nos ama porque sí. En el mismo amor que nos da, en nuestro propio crecimiento como persona está “la expresión de su vitalidad”. Como nos decía G. Leibniz, «amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad». El amor busca la felicidad de la persona amada.

«¿Qué le da una persona a otra? Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida» (Erich Fromm, El arte de amar). Esa entrega de sí mismo es lo que nos ha dado la vida, lo que nos ha hecho estar vivo. Porque vivir no sólo es nacer. Nacer es el acto inicial, pero vivir es mucho más. Vivir es crecer, aprender, soñar, trabajar por hacer realidad esos sueños, gozar, llorar, amar, sufrir… vivir es mucho más que nacer. Necesitamos a alguien que nos enseñe, que nos guíe, que nos acompañe. Alguien  que nos ame. Son lo padres los primeros amantes o amadores en nuestras vidas. Y es su amor el que nos ha hecho estar vivo. Gracias a “su darse” (amor) hemos sobrevividos. El ser humano es el único animal que necesita de sus progenitores (o alguien que los cuide) hasta bien pasado los siete años. Todos los demás animales sobreviven a los cuatro o cinco días por sí mismo. Pero en el ser humano su evolución y su desarrollo es tan complejo que necesita de sus progenitores para sobrevivir. Si dejamos a un bebé de tres o cuatro meses abandonado, moriría. Si dejamos la cría de un león o una oveja de tres meses solo, sobrevive.

Pues bien, queda claro que el amor es fundamental en nuestras vidas. Sin amor moriríamos. Necesitamos de alguien que “se nos da” (que nos ame) para vivir. El amor es un camino de ida hacia la otra persona. Pero no es un camino de vuelta. Porque en cuanto pedimos o exigimos deja de ser amor para convertirse en trueque de emociones y sentimientos. Amar es dar si pedir; si pedimos, aunque sea solo una mirada, un beso, un abrazo… dejamos de darnos gratuitamente para dar a cambio de algo. Lo cual es un “intercambio económico”, un intercambio de sentimientos.

Detrás de estos intercambios amorosos hay distintas razones de ser: puede ser que amemos porque en el fondo nos estamos buscando a nosotros  mismos, es decir amamos para que nos ame, para sentir el gozo de sentirnos amados y queridos… nos buscamos a nosotros mismos; puede ser que amemos porque nos sentimos “obligados” a corresponder, porque es lo que hemos aprendido desde pequeños.

Sólo algunos ejemplos de esto último: un niño que se acerca a la madre y comienza a darle abrazos y besos y cuando termina le pide a la madre que le deje ir al parque o que le compre tal o cual. Esos besos y esos abrazos son a cambio de … El ser económico, donde todo se compra y se vende. El adolescente con los amigos y resulta que no le han llamado para quedar, para dar una vuelta. “Siempre les tengo que llamar yo y ellos no llaman”. Se saben los teléfonos, y solo es cuestión de un mensaje, ¡qué mas da quien lo mande, si me apetece salir! Lo importante es pasar la tarde en amigos, compartir, reír… El ser económico: llamo si llaman, buscamos el equilibrio económico de preocuparnos. No me voy a preocupar yo más que la otra persona. No voy a ser yo el que siempre esté… El amor es la entrega gratuita y desinteresada. Porque si pedimos algo a cambio deja de ser amor y se convierte en un intercambio, en un trueque.

El hombre económico, el ser económico ha convertido su vida en pura economía. Todo se compra y se vende, todo tiene un precio. La economía ha entrado hasta los estratos más profundo del ser humano. Hemos mercantilizado el amor. El amor ha perdido su esencialidad que le caracteriza como amor: la gratuidad. Nos cuenta trabajo entender que alguien nos puede querer sin pedir nada a cambio, de hecho muchas veces cuando ayudamos a alguien o nos preocupamos por alguien muchas personas piensan “algo estará buscando”…

Eso mismo lo podemos trasladar a toda las dimensiones de la persona. En el ámbito de la fe también hemos perdido el sentido de gratuidad para convertirlo en un trueque de favores. Vamos a poner una velita a tal o cual imagen para que mi niño apruebe el carnet de conducir, voy a rezar para que me salga todo bien… eso se llama chantaje espiritual. Voy al templo a rezarte para… También mercantilizamos la fe.

Pues si esto lo vivimos en nuestras relaciones humanas y también lo trasladamos a Dios. ¿Cómo entender que Dios se nos entrega, nos da su vida para salvarnos sin pedirnos nada? ¿Cómo entender la gratuidad de Dios en la salvación? ¿Cómo entender algo esencial en la fe cristiana, la GRACIA de Dios?


Germán García Ruiz

Es sacerdote diocesano de Málaga. Le encanta observar la realidad y descubrir lo que no se ve a simple vista; como decía “el Principito”: “lo esencial es invisible a los ojos”.

@gergaruz
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