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Manuel Jiménez: «Vivimos por y para Jesucristo»

Manuel Jiménez // S. FENOSA
Publicado: 18/12/2018: 1234

Entrevista al sacerdote diocesano Manuel Jiménez, nacido en Ronda en 1973 y ordenado en 2003.

«Intento vivir conforme a las enseñanzas de Jesucristo. A veces acierto, a veces no, pero no me planteo otra propuesta de vida»

¿Qué te parece si empezamos con algo sencillito? ¿Para qué vivimos? ¿Por qué y para qué estamos aquí?

Yo no diría para qué, diría para quién. Vivimos por y para Jesucristo y para servir a su pueblo desde un ministerio muy específico. Yo creo que estoy en esta tarea simplemente porque Dios quiere. No me veo ni con capacidades ni con recursos para ello, pero la voluntad del Señor es más fuerte que las limitaciones que uno mismo se impone.

¿Sabe alguien qué es la vida y qué sentido tiene?

Claro que sí. Jesús nos lo dijo muy bien: yo soy el camino, la verdad y la vida. Para mí, como diría San Pablo, la vida es Cristo (Flp 1, 21). Y de Él sale todo lo demás. El sentido de la vida también lo da el Señor: vivir feliz y en plenitud la vida que Él nos ha regalado e intentar que nuestros hermanos también consigan vivirla así.

Hemos rezado que la vida es un valle de lágrimas. ¿Así es?

En toda vida hay momentos difíciles. Es cierto que hay vida mucho más sacrificadas que otras y personas que se encuentran con muchas dificultades, con muchas tristezas a lo largo de su vida. Pero saben que esos momentos son tristes porque pueden compararlo con otros alegres que también han vivido. Cuando el valle se ha llenado de lágrimas, es el momento de navegar con el Señor en busca de la felicidad.

¿Estamos aquí para hacer méritos para la otra vida y para glorificar a Dios?

Estamos aquí para vivir en plenitud y con nuestras vidas dar gracias a Dios. Si llegado el momento nos recompensa con la vida eterna, pues bendito sea Dios. Los méritos no nos salvan, nos salva la fe en Cristo, que se manifiesta con las buenas obras. Deberíamos leer más y mejor a San Pablo.

¿Qué aporta a tu vida el Evangelio?

Siendo consciente que no puedo vivirlo en su totalidad por mis debilidades y mis incoherencias, el Evangelio es lo que da sentido a mi vida, lo que la dirige. Intento vivir conforme a las enseñanzas de Jesucristo. A veces acierto, a veces no, pero no me planteo otra propuesta de vida.

¿Debe un hombre vivir para los demás, o eso es un mito cristiano humanista que no tiene nada que ver con la ley natural?

La persona debe vivir con y para los demás. Pero el planteamiento cristiano va más allá. La persona debe vivir para amar a Dios y eso debe manifestarse en el amor al prójimo. Lo que sucede es que nos olvidamos con demasiada frecuencia de cómo Jesús termina ese mandamiento doble del amor: amar al prójimo, como a uno mismo (Mc 12, 29-31). Por tanto, lo primero es aprender a amarse uno mismo como criatura valiosa de Dios, sin caer en vanidad ni ser presuntuoso. Cuando uno se descubra valioso y querido ante los ojos de Dios, será capaz de valorar y querer de verdad al prójimo. Y eso es el escalón que posibilita alcanzar amar a Dios sobre todas las cosas.

¿Quiénes son los enemigos de la vida?

Las tristezas, los agobios, las envidias, los celos, los miedos, el demonio que te hace pensar que no existe para poder engañarte y apártate de Dios, de los hermanos y de ti mismo.

También el enemigo puede ser uno mismo, ¿no crees?

Por supuesto: me remito a las dos preguntas anteriores.

¿Qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?

Amar sin esperar nada a cambio.

¿A vivir se aprende? ¿Y a ser sacerdote?

Ambas cosas suponen un proceso de aprendizaje que combina el dolor de los palos y las caricias de las buenas experiencias.

¿Crees que sabes vivir?

¡Como un cura! Pero esto no significa lo que habitualmente refiere la gente. Creo que sé vivir como un cura porque no sabría vivir de otra forma.

¿Has sufrido alguna crisis vital? ¿En qué o en quién te apoyaste cuando la sufriste?

¿Quién no ha sufrido alguna crisis en su vida? De lo que me he dado cuenta es que, si indagas un poco, resulta que las mismas crisis que tienes tú la tienen también los demás. No se habla de ello porque parece que uno es único y lo que le pasa, le pasa sólo a él, y luego resulta que todo el mundo, en momentos más o menos idénticos de la vida y en circunstancias similares, está viviendo esas crisis. Las crisis no son más que hitos para cerrar una etapa de la vida en la que estamos seguros y empezar una nueva que nos da miedo encarar por lo que tiene de desconocido. No son agradables de pasar, pero son necesarias. Nos recuerdan que no podemos volver al pasado por mucho que nos gustara, y nos enseñan a aceptar el presente para disfrutarlo sin las melancolías de “cualquier tiempo pasado fue peor”. El tiempo pasado fue el mejor de los tiempos entonces, el tiempo actual es el mejor de los tiempos ahora.

En este momento de la vida en el que estás ¿crees que te ha queda algo por hacer?

¡Claro que me quedan muchas cosas por hacer, muchos sitios que visitar, mucha gente que conocer, muchos libros que leer y mucho por descubrir a nivel pastoral y espiritual! Es cierto que con nuestra actividad no nos da tiempo para hacer todo lo que nos gustaría, pero esa misma actividad es ya parte de lo que nos gusta hacer.

¿Cuál crees que es tu gran aportación a la Diócesis de Málaga?

Por favor, mi gran aportación…. Si puedo aportar algo es una gota en un inmenso mar de cristianos, sacerdotes, religiosos y laicos que han formado nuestra diócesis a lo largo de los siglos.

¿Cuál es el mayor desafío al que se enfrenta nuestra iglesia local hoy?

La falta de sacerdotes que atiendan las múltiples y distintas realidades que componen nuestra diócesis. Por otro lado, creo que se va dando un movimiento laical muy importante que se está corresponsabilizando de la pastoral, que ve que las cosas de la Iglesia no solo son cuestión del cura, que se siente valorado y cuidado. Hay que posibilitar que los laicos sientan, no que son ayudantes del cura, sino responsables de su parroquia en diferentes niveles. El sacerdote coordina y aporta lo que le es propio por su orden ministerial, los fieles laicos forman el tejido estructural que sostiene toda la tarea parroquial.

¿El peor pecado con el que has tenido que lidiar?

Gracias a Dios, no me he tenido que enfrentar con alguna confesión que me quitara el sueño. Es cierto que el confesionario lo veo como lugar de sanación, de encuentro del necesitado con Dios; un lugar más de alegrías que de problemas.

¿Cómo podemos escapar de las falsas necesidades?

Intentando descubrir qué es lo realmente importante y dándonos cuenta de que, para este viaje, no necesitamos lleva la mochila tan cargada.

¿Qué cosas te importan de verdad y qué cosas no te importan nada?

Me importa que Cristo sea conocido, la bondad de la gente, la justicia social, la solidaridad, el medio ambiente, que podamos convivir en paz, que haya oportunidades de desarrollo para todos, el respeto mutuo, una charla entre amigos, una celebración vivida con alegría y profundidad, cantar, ver una peli, hacer reír a los demás y que me hagan reír, un rato en la playa y el cariño de mi familia y amigos… por decir solo unas pocas cosas.

¿Quién es Jesucristo para ti?

Aquel a quien me gustaría parecerme.

¿Te gusta complicarte la vida?

No, pero se me complica sola (ríe), y lo acepto y echo para adelante. Gracias a Dios siempre tengo gente que se embarca conmigo en todo lo que surge, otros locos por el Evangelio, a los que basta decirles “vamos”, para que ya estén en camino.

¿Cómo te gustaría morir?

Sin dar que hacer a nadie.

¿Qué le dirías a quien se esté planteando si Dios lo llama para ser cura?

Que descubra si no es un capricho personal, que le pregunte al Señor cuál es su voluntad y se dedique a intentar escuchar la respuesta de Dios en la oración y en su vida.

¿Podemos decir que hemos venido y estamos aquí para ser felices?

Esa es la intención para la que el Señor nos creó. Debemos empeñarnos en conseguirlo. Y si no nos dejan serlo en este mundo, al menos sabemos que, por la promesa de las bienaventuranzas, lo seremos plenamente junto al Señor.

¿Qué es lo más complicado que vives como sacerdote?

El hacer comprender a la gente que se acerca a la parroquia sólo para pedir sacramentos que estos son algo más que un acto social y qué implican para la vida de fe y espiritual.

¿Qué preguntarías a un joven que se plantea su vocación sacerdotal?

Le preguntaría: ¿has leído los Evangelios?

¿Dónde encuentras la felicidad?

En saber que las personas que quiero están bien, que Dios las sostiene.

¿Eres un sacerdote dócil?

A la voz del Espíritu.

Hay quien sugiere que la soledad del cura puede llegar a ser insoportable, ¿has vivido la soledad como un calvario alguna vez? Si es así ¿qué hiciste para abrazarlo?

Para nada, ¿qué soledad? En la parroquia de Los Boliches es imposible que te sientas solo. El rato que estoy solo es cuando voy a comer o a dormir a la casa parroquial y no me da tiempo de que me entren melancolías. Tampoco me las permito.

¿Tienes algún hobbie que te rescate del hastío?

¿Hastío en la vida de un cura? Creo que no. Hartura quizá, a veces, pero hastío no. Además, teniendo un libro a mano, no puede haber nunca aburrimiento.

¿El regalo más bello que te ha regalo ser presbítero?

Las personas que Dios te pone por delante.

A estas alturas del partido ¿volverías a ser sacerdote?

Leo en el Evangelio de San Juan: “Señor, ¿a quién vamos a acudir?”

Chaplin, como casi todos, empezó diciendo que la vida era maravillosa y acabó diciendo que no tenía ninguna gracia. ¿Qué le responderías?

Chaplin era un genio del cine… mudo. A Chaplin se le recuerda sobre todo por ser Charlot y no por su personaje de “Un rey en Nueva York”. Supongo que esta respuesta cambia con la edad, pero yo espero responder que, con sus matices, la vida siempre es maravillosa. Si me vas a citar a un genio del cine, déjame que yo te responda con el mayor, en tamaño y genialidad: “Tener o no un final feliz depende de donde decidas detener la historia”. (Orson Welles). Yo no pienso detener mi historia sintiéndome desgraciado, porque sé que el Señor siempre me renovará el espíritu.

Cuando nos preguntamos por el sentido de la vida nos solemos poner muy serios. ¿La trascendencia está reñida con el humor, o también el humor es una manera de afrontar las grandes preguntas?

“Always look at the bright side of life”2 (silbidos). ¿Decías?

Rafael J. Pérez Pallarés

Rafael J. Pérez Pallarés es sacerdote diocesano y Delegado Diocesano de Medios de Comunicación. Todas las mañanas presenta y dirige el programa de Canal Sur Radio y Radio Andalucía Información “Palabras para la vida”, un programa fruto de los acuerdos entre RTVA y los obispos andaluces.