Quienes prestamos servicio en la Catedral tenemos que salir continuamente al quite de los comentarios que solemos escuchar, muchas veces fruto de la ignorancia religiosa más absoluta. Los más tristes, por lo que implica, han partido de profesores que, sobrepasados por las preguntas de sus alumnos, solventan su desconocimiento explicándoles que las custodias son “espejos”, o que la maquinaria antigua del reloj era un antiguo instrumento de tortura.