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«En la India, el amor se mueve sin parar»

Ana y Aurora Medina Aldea, voluntarias en Calcuta
Publicado: 05/08/2020: 2650

EL VERANO DE MI VIDA

Ana y Aurora Medina Aldea, voluntarias en Calcuta.

El último verano pasamos un mes como voluntarias en Calcuta, una ciudad caótica, descontrolada y con una pobreza desgarradora.

Estuvimos trabajando en las casas que tienen allí las Misioneras de la Caridad y fue una experiencia muy bonita e intensa, e incluso dura en algunos momentos, pero valió la pena y no podemos estar más agradecidas por todo lo que la India nos regaló. De hecho, aunque nosotras fuimos allí a ayudar,  estamos convencidas de que en realidad fuimos nosotras las que más recibimos.

Esta experiencia nos ha cambiado, nos ha hecho replantearnos los cimientos de nuestra vida y nos ha dejado una huella imborrable. Nos ha abierto la mente, ha renovado nuestra fe, nos ha permitido conocernos un poco mejor, ha hecho que valoremos todo lo que tenemos y nos ha enseñado a través de Madre Teresa (cuya tumba pudimos visitar todos los días) que no podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con gran amor. De hecho, una de las cosas que más nos llamó la atención es el amor incondicional y desinteresado que allí se movía sin parar en todas direcciones, tanto por parte de los necesitados, como por parte de los voluntarios procedentes de todas partes del mundo, así como por parte de las misioneras. Estas mujeres valientes e incansables son fuente de vida y esperanza para miles de personas allí. Ellas viven y se desviven por y para los demás, por los más pobres de entre los pobres.

Desde que volvimos hace diez meses, todos los días recordamos lo que vivimos allí y tratamos de aplicar en nuestra vida todo lo que Calcuta nos enseñó: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota” (Santa Teresa de Calcuta).

Diócesis Málaga

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