BlogsDroga, vida y libertad

Una terapia singular

San Juan de la Cruz
Publicado: 05/01/2015: 1066

Al afirmar que no hay enfermedades sino enfermos, se manifiesta también, la manera particular que cada persona tiene de vivir su biografía y que la hace irrepetible y única. Pero es al asomarse a su interior cuando se vislumbran los especiales tesoros que todos llevamos dentro y que ofrecen el verdadero fundamento de la vida.
La droga, en ocasiones, actúa como despertadora y descubridora de esos recursos internos que, enmohecidos por su inactividad, apenas daban señales de vida, y entonces señala y abre el camino hacia otras dimensiones, dejando estrecha la existencia física e impulsando a la persona a suspirar y anhelar otras cosas, a veces de una manera tan firme y potente, que las mejores proezas son realizadas con la mayor suavidad y facilidad.
Cuando Ana se decidió a pedir ayuda, su aspecto no se podía identificar con una mujer de 22 años y su conversación demostraba una madurez aceleradamente prematura. No sabía lo que quería, ni por qué estaba allí. Sólo tenía claro que deseaba y necesitaba hablar, ¡simplemente comunicarse con alguien y ser escuchada! Se encontraba confundida, aburrida y cansada. Miraba hacia atrás sin emoción ni gratificación. Estaba plana. Con su padre, hombre de negocios, apenas había tenido trato, y su madre, de alta cuna, estaba en otros temas. Su primera infancia transcurrió tranquila; no recordaba grandes alegrías, ni tenía registrado episodios significativamente traumáticos. Su niñez fue de una apacible indiferencia. Entró en la adolescencia con una secular hambruna de afectividad y de cariño, así que cuando conoció a Ángel, un poco mayor que ella, y se sintió admirada, reconocida y agasajada, su vida se llenó de luz en  un tiempo en que el amor se hizo dueño de su existencia, y de un corazón que, haciéndose de carne, garantizaba una permanente alegría. Su vida encontró sentido y disfrutó de un cielo que sólo es patrimonio del amor.
No se acuerda cuándo, dónde y cómo se le quebró la vida. Recuerda  que se fumó algún porro, porque Ángel lo hacia, y entonces no era la razón la que imponía su criterio. La secuencia de algo de alcohol y el consumo del "chiné" (heroína y cocaína inhalada) marcaron un periodo de desconcierto. A los pocos meses, la unión de amor se transformó en la de los intereses, que sólo se tocaban para conseguir la próxima dosis. Aún transcurrió algún tiempo, hasta que el deterioro de sus relaciones marcaba situaciones límites que empezaron a ser frecuentes. Ella intentó varias veces quitarse la vida. Un día, Ángel desapareció, sin discutir, hablar o despedirse y todo se volvió negro...y encontró a la droga como su novio más seguro. Ya era una enferma de la droga, aunque realmente, la enfermedad que tenía era de amor, y la heroína - cocaína era un sucedáneo barato, falsificado y falsificador, que le ayudaba a ir tirando. La soledad le clausuraba cualquier atisbo de esperanza y el desengaño la tenía esclavizada. Vivía cabalgando sobre sus lágrimas. La volví a ver pasado algunos meses por un ingreso hospitalario, ¡no quería vivir! Después desapareció durante más de 2 años, hasta que me pidió una cita y la historia había cambiado. Todo comenzó cuando en una revista leyó lo de "quien no sabe de penas, en este valle de lágrimas, no sabe de cosas buenas, ni ha gustado de amores, pues pena son trajes de amadores" Con esta lectura se le calentó el corazón y buscó y encontró al autor; un tal Fray Juan de la Cruz, natural de Fontiveros (Ávila). Ella no sabía que este fraile del siglo XVI, es uno de los grandes maestros del espíritu, psiquiatra del alma, que creó y patentó un método muy protocolizado, para conseguir la armonía y la integración interna, con las consecuencias de paz y felicidad. Su programa -Subida al Monte Carmelo fundamentalmente- sigue, después de 5 siglos, viviente y vigente, en espera de ser utilizado por toda persona que quiera desarrollarlo; carece de copyright.  Ana, había conseguido el librito de poesías completas (50 hojas) y fascinada por lo que leía, se las sabía de memoria. ¿La droga? Simplemente se olvidó del tema y entendía lo de "muerte que en vida has trocado" porque su miedo vivir había desaparecido. El tiempo lo ocupaba en escuchar la vida, vivir el silencio, mirar hacia dentro y sentir como las ascuas de amor se encendían en llamas; empezaban a surgir, desde su corazón, tímidas respuestas a algunas de sus más profundas interrogantes. Se encontraba identificado con el fraile y creía que sus poesías las había escrito, en exclusiva, para ella. Cuando venía a verme era para, con la pasión y fuerza de una experiencia, interpretarme las poesías, mezclándolas con un sentido de utilidad y coordinación muy especial. Me decía que ella ya sabía adónde iba, y asumía que aunque estaba en la oscuridad de la noche, "tenía la luz y guía que en su corazón ardía". Repetía que con algunas poesías se llenaba de tranquilidad, gozo y paz, y que entendía sin saber explicar, le emoción tan misteriosa y dichosa que experimentaba cuando leía: “¡Oh llama de amor viva que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro!, ¡oh regalada llaga!, ¡oh mano blanda!, ¡oh toque delicado que a vida eterna sabe, y toda deuda paga!”. Un día me hizo acompañarla a una plaza que tiene como linde el muro del Monasterio de las Carmelitas Descalzas del Monasterio de José, porque sobre él, alguien había hecho un graffiti: “Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas, ni cogeré las flores, ni temeré las fieras y pasaré fuertes y fronteras”, y allí pasaba ella muchos ratos
No era lo que me decía, sino ¡cómo!, y emocionaba cuando con los ojos húmedos recitaba: "ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio" que siempre lo asociaba a " tras un amoroso lance y no de esperanza falto, volé, tan alto, tan alto…"
Al conocer la noticia de que la habían encontrado muerta en un derribo, los profesionales que le hacíamos el seguimiento, sufrimos nuestro particular síndrome de abstinencia, y ninguno tuvimos dudas que cuando Ana abandonó su deteriorado cuerpo y se trasladó a otro estado de existencia, el deseo más ferviente de sus últimos tiempos se convirtió en realidad, y consiguió "… dar a la caza alcance". Y es que algo sobrenatural subyace en toda existencia humana.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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