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A ti te digo, enfermo de la droga (I)

Publicado: 09/01/2015: 874

I.- Matices de la acogida y primera entrevista informativa


Si has empezado a leer estas líneas, es que estás buscando razones para intentar dejar las drogas, es decir, ya has pasado la fase de luna de miel y la tranquilidad del  periodo vivido como placentero. Te has hecho consciente que ya no la controlas, sino que es al revés, y que tu vida la tienes hipotecada en un círculo de buscarte la vida-consumir-pausa y vuelta a empezar, y de ahí no sales. Te encuentras cansado, sin ganas de nada, sin saber qué hacer y con la esperanza bajo mínimo. Tu familia te ha dicho de todo y la idea que de la droga no se sale, ¿será verdad?, se te ha metido muy dentro. Has intentado dejar de consumir algún día, pero la impotencia te ha deprimido y los deseos se han confundidos con frágiles intenciones, porque “solo no puedo”, y han comenzado los problemas familiares, sociales, de estudio o laborales y empiezas a ver todo muy oscuro.

Es evidente que necesitas ayuda, y a pesar de todo, no te decides porque le tienes terror a pasar el "mono" y después a lo que te espera. No te puedo decir que el camino sea fácil, pero tampoco lo es tu vida actual y además no tienes otras opciones, ¿o sí? Lo que te puedo afirmar, con cierta seguridad y sin falsos optimismos, es que no tienes porque padecer ningún "monazo"; actualmente el síndrome de abstinencia se ha convertido en una fase muy poco traumática, fácil y relativamente cómoda de superar; no representa ninguna escabrosa dificultad. El problema no se centra en esto, por lo tanto ya puedes ir dejando aparcada la primera preocupación…o la primera excusa para ir, a pesar de todo, ganando tiempo, que siempre, tú lo sabes, es una nueva manipulación esclavizante que la droga te impone, ¡no claudiques! Es después de la desintoxicación, de superar el síndrome, de limpiada la sangre, cuando se inicia el verdadero trabajo, el periodo duro, y es que las drogodependencias se superan, no festejando victorias sino superando dificultades y esto lo debes entender desde el principio. El primer consumo ocurrió por accidente,  sin apenas darle oportunidad a tu voluntad para intervenir y después tampoco encontrabas razones para no seguir con la droga, pues pensabas que tú la dominabas todo y podías dejar el consumo cuando quisieras: es un autoengaño rutinario que prolonga cualquier adicción. Ahora ya ves que la cosa no es tan fácil, pero tampoco tan difícil, porque aquello que uno quiere, ¡de verdad!, y con fuerza suficiente, lo consigue siempre. Desecha la idea que no puedes, porque ¿cómo lo vas a saber si no lo intentas?,  y el único fracaso que te espera,  y esto es evidente, será si dejas de luchar; así que amárrate los machos y no sueltes el timón.

¿Has pensado por qué te quieres curar? ¿Para qué quieres dejar de consumir? Intenta trabajar y madurar estas ideas pues, una vez fijada la dirección a tomar, todos los vientos te serán favorables. Para no perder mucho tiempo, tienes que reunirte con tu familia, con la gente que te quiere, aunque tú opines que no te comprenden, ¿te comprendes tú? Sincérate con ellos, recupera su afectividad siendo tú afectuoso. Empieza a trabajar para ganarte su confianza y especialmente solicita fervientemente su ayuda. Sin muchas historias. Si tienes la suerte de tener una madre, la guerra la tienes ganada, ¡cuídala!, ya que representa el terapeuta más poderoso que existe; incansable, insobornable, inmune al desaliento, persistente sin límites y eficaz sanadora, ya que dónde no llega la ciencia, llega el corazón, sólo tienes que demostrarle que la historia pasada, deseas olvidarla, y empieza a sustituir recuerdos por esperanzas. Ella se encargará de hacer entender a la familia que si todos cogen una vela, convertirán en día, la noche más oscura.

El dejar el consumo no significa curación, ¡ojalá!, sino que inicias un periodo en el que tienes que ir recuperando todo lo que la droga te ha robado: las ganas de vivir, los proyectos de futuro,  la familia, etcétera, y construir unas referencias para ir limpiando tu mente de las experiencias pasadas y sustituir los antiguos hábitos por otros que eviten los factores de riesgo. No te olvides que la enfermedad de la droga deja secuelas, es decir heridas en tu cerebro, por eso el tratamiento es prolongado. Nadie se cura en dos días, y la perseverancia aparece como uno  de los mejores métodos terapéuticos: el que ha desplazado la montaña, es el que comenzó por quitar las pequeñas piedras. Tienes que acudir a las terapias individuales y grupales, y el tener un seguimiento por los profesionales, representa, más que una incomodidad, un seguro a mucho riesgo,  y todo esto a pesar que tú opines que ya estás curado. El objetivo principal se centra en tu normalización e integración social para que recuperando tu autonomía puedas señalar, con libertad, el rumbo que le quieras dar a tu vida.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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