BlogsDroga, vida y libertad

Aborto en las enfermas de la droga

Publicado: 21/01/2015: 1132

Las estadísticas señalan el progresivo aumento de mujeres jóvenes que se inician en el consumo de drogas y cuando éstas controlan su cerebro, imponen sus motivaciones para una conducta dirigida a ganarse la vida de cualquier forma: la necesidad de la dosis las somete a una inflexible dictadura. Ante las dificultades económicas, descubren o les hacen descubrir que con su cuerpo pueden conseguir favores y prebendas, e inician una ruta que le garantiza el consumo, y también el sentirse excluidas, por una cultura del descarte de una sociedad que ignora a los marginados. Por descuidos, violaciones o chantajes emocionales, los embarazos no deseados hacen su aparición y el aborto aparece como una rápida solución.

Es necesario contemplar, aunque sea brevemente, lo que la droga provoca en el órgano diana, que es el escenario donde se desarrolla sus mecanismos de acción: el cerebro. De manera específica desencadena una desorganización de importantes circuitos neuronales, alterando la secuencia lógica de los pensamientos y condicionando cambios significativos en los contenidos de la mente ya que, sin solución de continuidad, se experimentan estados de conciencias diversos según la situación de preconsumo, durante el consumo y en el post consumo, creando una confusión que llega a hipotecar la realidad objetiva, y esto se manifiesta en la interpretación subjetiva y subjetivada de lo que le sucede, e incluso, los movimientos emocionales, afectivos y sentimentales  padecen un característico descontrol, efecto directo de las alteraciones funcionales cerebrales; la droga se ha hecho dueña de los pensamientos, palabras y obras de esa persona y se establece una esclavitud neurobioquímica.

Y así nos llega una joven, en la que el embarazo representa la gota que ha desbordado un vaso lleno de frustraciones, temores y conflictos, que con las múltiples heridas psíquicas peculiares de las drogodependencias, le hacen vivir una experiencia singularmente traumática. Su situación mental no se encuentra en las condiciones necesarias para ningún ejercicio de discernimiento y no tiene capacidad ni libertad para elegir ni decidir. Inducir o aconsejar abortar en este panorama de "minusvalía neuronal" se puede valorar como una maligna perversidad, ya que no es la ocasión para proponerle el aborto como  solución, pues siendo el embarazo un accidente, no admite esa indicación, ya que una vez realizado, volverá a su estado anterior con la posibilidad de nuevos embarazos que marcarán un infausto camino, ya que la causa queda sin tocar; el aborto no soluciona problemas, añaden otros nuevos, magnifican los presentes y resucitan a los latentes.

Pues bien, ante su petición de ayuda y en este contexto, la prioridad no es resaltar el accidente sino contemplar a la persona en su integridad, y a los profesionales se nos presenta la oportunidad de ofrecerle una acogida con una escucha atenta, interesada, activa y participativa en la que ella perciba claramente sentirse respetada, valorada y reconocida, es decir, demostrarle que no es invisible sino que representa algo para alguien, y reforzar una relación terapéutica que se irá consolidando con un respeto a  sus ideas y valores, potenciando juicios en favor de una comprensión, que será  estimuladora de ilusiones motivadas  que la harán vivir la posibilidad de recuperar su dignidad como persona, incluso experimentar y creer que "ya" es una persona. Si en esta labor de ayuda y acompañamiento, tenemos la osadía de asociar  la ternura como el fármaco universal más eficaz que existe para aliviar el sufrir humano, el proceso adquiere velocidad de competición, pues donde no llega la ciencia llega el corazón. Es entonces cuando en su mente, se empiezan a disminuir sombras, tinieblas y oscuridades que son desplazadas por  esperanzas argumentadas que ofrecen pensamientos con perspectivas llenas de luces y colores, y que son estimuladores específicos para que el efecto Pigmalión se desarrolle; la neuropsicología  informa que una realidad pensada, aceptada y deseada no pierde intencionalidad, y tiende a crear las condiciones para convertirse en realidad objetiva. La propia dinámica del proceso facilita descubrir el verdadero y auténtico problema, y el conocimiento de su origen permite un abordaje etiológico que siempre es garantía de éxito. "Muerte que en vida has trocado" define estos nuevos horizontes interiores, en los que se hacen evidentes  coyunturas propicias y favorecedoras para que la persona asuma el protagonismo de su vida, recupere su autonomía y pueda, en libertad, organizar un proyecto de futuro que consolide el sentido y orientación que le quiere dar a su existencia.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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