BlogsDroga, vida y libertad

Génesis de una prostitución forzada

Publicado: 14/04/2015: 959

Con poco más de 17 años, Ana apenas tenía conciencia de cómo se inició la historia. Recuerda que fue en la fiesta de cumpleaños de un amigo, cuando después de tomar algunas bebidas, en un ambiente familiar y rodeadas de caras conocidas y, casi como una rutina asociado al protocolo festivo, participó en la rueda del porro; la timidez que sentía se transformó en una desinhibición que le facilitó la comunicación con todos los que le rodeaban. Pero fue de madrugada, y con un cierto cansancio acumulado, cuando el amigo la  invitó a  la cocaína que había conseguido y, ante su insistencia y sin encontrar razones para no probar, decidió el consumo. El estado de conciencia fue positivo: la alegría y la euforia anularon miedos, inseguridades y cansancios, y la hizo vivir un rato de fuerza, alegría y libertad que nunca había experimentado. Al llegar a su casa por la mañana del sábado, durmió plácidamente hasta bien entrada la tarde. 


La semana  transcurrió con absoluta normalidad, pero planteando la salida del viernes, se le vino a la mente la experiencia vivida y la memoria emocional gratificante ocupó sus pensamientos: se sorprendió recreándose en ella y, estableciendo un diálogo interior, no encontró argumentos para no repetir el consumo, y, con esta idea aceptada, sólo faltaba la ocasión para ponerla en práctica.


En las drogodependencias, el primer consumo se identifica muchas veces con el inicio de la enfermedad que, como no es autolimitada, tiende a desarrollarse hasta su periodo de estado. Pero existe un silencio clínico, que es un tiempo en que los síntomas que definen la adicción están ausentes, pues la droga se encuentra trabajando los mecanismos cerebrales y, sólo cuando ella consigue controlar los pensamientos, palabras y obras de la persona, es cuando "da la cara"; por eso Ana, se encontraba perfectamente y sin señales que le hicieran sospechar que estaba en un camino peligroso.  Los consumos pasaron de esporádicos a periódicos, y el  cerebro, de manera gradual, iba tolerando la droga, por lo que cada vez exigía el aumento de una dosis que la iba acorralando en una dependencia.  Si por cualquier razón, la dosis se retrasaba o era insuficiente, la protesta, que define el síndrome de abstinencia, se presentaba con sus sensaciones  desagradables físicas y psíquicas; en este contexto, el conseguir la droga estrechaba cualquier otra motivación conductual y esta intencionalidad hipotecaba su mente. Ana,  vivió algunos de estos episodios traumáticos, y con el miedo  de volver a padecerlo, y la imaginación magnificando los dolores, escalofríos y vómitos, conformó un cuadro en que la obsesión de obtener la dosis era su prioridad existencial.


 Las dificultades económicas no tardaron en aparecer, y la sugerencia de su "camello" para que utilizara su cuerpo para ganarse la vida, aunque inicialmente rechazada, no dejó de ocupar un lugar en su cabeza. Después de muchas dudas e intentos fallidos, un día difícil y con una persona de su entorno, decidió tener sexo por dinero; la experiencia no fue del todo traumática. Al principio incluso seleccionaba sutilmente al cliente, pero  estimulada por la inmediatez y facilidad del dinero, las dificultades y vergüenzas empezaron a relativizarse,  y le fue tomando el pulso a esa manera de vivir. La asociación del desorden funcional cerebral que la droga provoca y el caos afectivo y emocional de ese estilo de vida, hicieron que las sombras se adueñaran de sus pensamientos y el contenido de su conciencia se rellenó de tristezas; desorientada y perdida, mantenía una angustiosa supervivencia biológica: su petición de tratamiento fue un grito desde la desesperanza.


El verdadero y más importante problema que se nos presenta, no es una desintoxicación que se realiza sin especiales dificultades, sino que esta niña mujer  llega rota por dentro, pues el amor, que es lo que ofrece sentido pleno a toda existencia, se encuentra hipotecado en sus manifestaciones sensitivas, no por una opción de sublimación de un voto de castidad que enriquece a la persona, sino por causas traumáticas que mutilan, empequeñecen, contaminan y desorganizan sus dimensiones espirituales, y en éstas, la ciencia del profesional se queda tan corta que necesita acudir al "corazón" que es el que utilizando, como fármaco universal, una exquisita y delicada ternura, inicia el proceso de un saneamiento interior para sustituir recuerdos sombríos por esperanzas argumentadas, estimular afectividades y sonrisas con palabras acariciadoras,  ofrecer escuchas atentas, recuperar su dignidad perdida al reconocerla y respetarla como persona, y  ofrecerle razones y motivaciones para que asuma que lo esencial no es lo que es sino lo que fervientemente quiere y desea ser, para que una intensa nostalgia del futuro se apodere de ella y acelere la dinámica de su integración y armonía interna; así es fácil que los días tengan cada vez menos nubes, los horizontes sean  más diáfanos, y con el progresivo rescate de una limpia alegría, y la luz haciendo desaparecer negruras y oscuridades, se facilita que el amor empiece suavemente a cautivar su vida, y es cuando aparecen signos evidentes que el milagro, que sólo el amor puede conseguir, está a la espera.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

Comentar artículo

Título de un comentario. Este bloque solo estará disponible en los artículos de tipo BLOG y no en los de Diócesis, Noticias o Html/Varios

Nº 2 |  Nombre de usuario (08/01/2014 15:02)

DENUNCIAR COMENTARIO

Este bloque solo estará disponible en los artículos de tipo BLOG y no en los de Diócesis

Nº 2 |  Nombre de usuario (08/01/2014 15:02)

DENUNCIAR COMENTARIO

Comentario:

Nombre:

Email:

 

 

La dirección IP de su ordenador quedará registrada al realizar el comentario de cara a su identificación por si fuese necesario.

RECUERDE:
- Estas opiniones pertenecen a los lectores y no a la Diócesis de Málaga
- No está permitido hacer comentarios injuriosos o contrarios a la libertad de expresión.
- La Diócesis de Málaga se reserva el derecho de eliminar comentarios inadecuados.
- No dude en avisar de posibles comentarios inadecuados.
- Los comentarios podrán ser reproducidos textualmente en otras publicaciones de la Diócesis.