BlogsDroga, vida y libertad

Down: trisomía angelical

Publicado: 20/04/2015: 1416

Antonio: la hija de un compañero, en su primer embarazo, le han diagnosticado un Down y su matrimonio se encuentra una situación de "confusión traumática". Con la intención de una posible futura aproximación terapéutica le he enviado el artículo que ya conoces. Esto me ha hecho valorar que puede ser una información de utilidad para otros matrimonios que se encuentren en las mismas condiciones, y es la razón por la que la incluyo en el blog.

Tu manifestada sensibilidad ante el tema, me anima a decirte que, en tus oraciones-  no existe plegaria que no sea escuchada- le presente la petición al JEFE para que ilumine a los padres que son premiados con estos niños y descubran que, en ese cromosoma que los distinguen, se encuentra una singular arca de la alianza. Gracias. Un saludo.               

Miguel llevaba años consumiendo drogas y su vida consistía en buscarse la vida para la dosis diaria. Eran escasos los ratos en que podía disfrutar de sus dos hijas, que eran los únicos bálsamos de ternura que recibía, y con Ana, su mujer, que, con matices, le seguía queriendo, y que no dejaba, pidiendo auxilio a la esperanza, soñar con un horizonte en el que conseguía recuperar a la persona de la que se enamoró.

La droga produce un deterioro de la bioquímica cerebral que constituye la base de la vida emocional, y una de las múltiples consecuencias son las disfunciones sexuales, que determina una hipoteca de la libido y un ejercicio de genitalidad muy esporádica y mutilada en sus aspectos afectivos. Para Ana, acostumbrada a los retrasos del periodo por el estrés y los conflictos con Miguel, la noticia de su embarazo fue una sorpresa. El pensamiento de abortar lo tuvo en su mente desde ese momento pero se intensificó cuando en unas pruebas de control el especialista le informó que su hijo tenía un Down. Cuando Miguel supo que iba a ser padre de un mongólico, una nube negra ocupó su mente, y fue la excusa para un consumo compulsivo que originó su ingreso hospitalario por sobredosis. La traumática experiencia vivida en la UCI  le impulsó a pedir ayuda para su adicción, y se inició otra historia. Ana decidió seguir con el embarazo. Se iniciaron las reuniones terapéuticas familiares con la participación de sus hijas. Éstas, como el amor no soporta el silencio, estimulaban una gozosa comunicación de palabras y afectos en los que Ana también soplaba, con ganas, los rescoldos que aún quedaban. Se valoró que no eran tiempos de culpabilidades sino de asumir responsabilidades, y los recuerdos se cambiaron por esperanzas. Las niñas entendieron el asunto, y convirtieron en una fiesta permanente la espera de su hermanito. La madre se contagió del ambiente, y el padre, que empezaba a colocar sus ideas, se emocionaba pensando en su "machote". El amor, que nunca puede ser destruido, florecía día a día, y como es un sentimiento que ni cansa ni se cansa, sus flores no tardaron en aparecer. Nació el niño y la acogida resultó emotiva y difícil de olvidar. Por traslado a otra ciudad, en la que Miguel había conseguido un trabajo, perdí el contacto con esta familia. Aproximadamente a los 4 años tuve un encuentro fortuito con la pareja. Miguel, estaba trabajando y seguía un programa de mantenimiento de metadona, y ella "echaba horas". Cuando le pregunté por su hijo, la cosa se desbordó: "...nadie se puede imaginar lo inteligente que es mi Miguelito, además  si viera ¡cómo está dotado!, ya sabe ¿no? El tío entiende todo lo que dice la televisión y a las hermanas están enamoradas de él y...", le interrumpía Ana para enfatizar que "es el más guapo de la familia, y muy bueno, siempre está sonriendo y alegre, nada le sienta mal, no llora nunca, todo le viene bien y el sólo piensa en dar besos y abrazos, en querer a todos y que todos le quieran a él. Para nosotros es que como un dios".

La idea que estos niños son centros energéticos generadores de bondad, refuerza la creencia de la presencia de los llamados "ángeles de luz" que, bajo el disfraz de una trisomía 21, son enviados al mundo para iluminar a las personas.

Así escribía otro padre a su hija "divinamente" mongólica: "Querida hija, puedo morir mañana. Es una posibilidad que no me inquieta, quizá porque desde hace años he aceptado con naturalidad el hecho de morir. Y la consideración de que puedas sobrevivirme no consigue inquietarme, como puede ser razonable. Te lo tengo que decir porque es así. Debo ser un inconsciente, pero pienso que tu bondad, que tu capacidad de adaptarte, siempre encontrará alguien que congenie contigo. A veces pienso que no deseo que vivas muchos años. Te tengo como si fueras un ángel que ha aparecido, no sé cómo en nuestra vida, y me parece coherente que cualquier día nos abandones, así de improviso, y nos quede tu recuerdo como el gran misterio de nuestra existencia. Es un poco ridículo llamarte ángel. Sólo quería decirte que nunca, nunca has sido para mí un peso cargado en mis espaldas, ni un obstáculo en mi camino, ni la carcoma de mis alegrías. Todo lo contrario, tú has sido y eres una bandera desplegada, flotando en el mar de mis contradicciones. Tu muerte no sería quitarme un peso de encima, sino arrancarme, apagarme la lucecita que nunca ha dejado de iluminar el camino de mi vida. Claro que podría vivir sin ti, pero no sé como imaginarlo. Besos, como siempre, hasta diez. Así, mientras te besaba diez veces, aprendiste a contar. Y tú bromista, picarona y tierna... contabas diez y me dabas once".

Deseo, "en estos tiempos fuertes", que un "cachito" de ese cromosoma "de más", que define el mongolismo o trisomía 21, y que lleva una carga especial, en calidad y abundancia, de alegría, inocencia y bondad, caiga en nuestros corazones como "lluvia copiosa en tierra de sequía".

¡Cuántas trisomías necesitamos!

José Rosado Ruiz. Médico acreditado en adicciones.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

Comentar artículo

Título de un comentario. Este bloque solo estará disponible en los artículos de tipo BLOG y no en los de Diócesis, Noticias o Html/Varios

Nº 2 |  Nombre de usuario (08/01/2014 15:02)

DENUNCIAR COMENTARIO

Este bloque solo estará disponible en los artículos de tipo BLOG y no en los de Diócesis

Nº 2 |  Nombre de usuario (08/01/2014 15:02)

DENUNCIAR COMENTARIO

Comentario:

Nombre:

Email:

 

 

La dirección IP de su ordenador quedará registrada al realizar el comentario de cara a su identificación por si fuese necesario.

RECUERDE:
- Estas opiniones pertenecen a los lectores y no a la Diócesis de Málaga
- No está permitido hacer comentarios injuriosos o contrarios a la libertad de expresión.
- La Diócesis de Málaga se reserva el derecho de eliminar comentarios inadecuados.
- No dude en avisar de posibles comentarios inadecuados.
- Los comentarios podrán ser reproducidos textualmente en otras publicaciones de la Diócesis.