BlogsDroga, vida y libertad

Despertando águilas

Publicado: 10/05/2015: 796

El campesino encontró un aguilucho que había caído del nido, lo recogió y se lo llevó a casa donde, después de reanimarlo y cuidarlo durante unos días, lo metió en el corral, y así empezó a asimilar las costumbres, hábitos y alimentación de las demás aves. En poco tiempo, el aguilucho, se sentía como uno más, aunque esporádicamente respiraba una cierta intranquilidad y no estar totalmente a gusto en ese ambiente. A medida que iba creciendo, ese desasosiego aumentaba y, en ocasiones, se exacerbaba cuando levantando la vista, contemplaba, allá en lo alto, el vuelo majestuoso y elegante de un águila, y el miedo y terror que esta visión suscitaba en sus compañeros, en él, se convertía en un sentimiento de admiración e imitación, asociado a una sensación de poderío y alegría. Es más, sentía en su más remoto interior como una atracción o llamada que le impulsaba ¿hacia dónde? Añoranzas de otros caminos le asaltaban constantemente y, cosa curiosa, ocupaban una realidad mental que de manera íntima parecía que daba respuestas a esas inquietudes. Como nadie le daba razón de su origen y estirpe, no conocía sus potencialidades y recursos, por lo que su vida se consumía en la rutina del gallinero. Hubiera bastado una información adecuada del campesino, palabras de ánimo y aliento, y un ejercicio de sus alas para, elevándose hacia el cielo, encontrar sentido pleno a su existencia.

Cuando nuestros jóvenes, adolescentes y niños caen del nido y empiezan a consumir drogas, éstas los introducen en un corral en el que experimentan, durante un breve pero intenso primer periodo lleno novedades, estados gratificantes de conciencia y buenos rollos. Pero la droga como fábrica de ilusiones se transforma rápidamente en fábrica de frustraciones. De manera sistemática le va recortando las alas cerebrales; el deterioro bioquímico hipoteca parte importante de su vida afectiva, anula proyectos y aplana el electroencefalograma emocional. La preocupación de consumir a diario y ganarse la vida es el objetivo casi único y desde luego su gran ocupación; en su mente se van acumulando miedos, temores, inseguridades y fantasmas ¡muchos fantasmas!, que le van contaminando la secuencia de los razonamientos y el discernimiento lógico de lo que le sucede, por lo que la interpretación de los acontecimientos se encuentra dominado por un marcado subjetivismo condicionado por el contenido de su conciencia: se encuentra confuso, desorientado y sin saber hacia dónde dirigir sus pasos.

Aunque toda vida es un misterio en su origen y también en su realización, normalmente se tiene que llegar a una situación límite, desencadenada por un acontecimiento traumático, para que esa persona tome conciencia de su estado y solicite ayuda. La acogida y las primeras entrevistas representan la piedra angular sobre la que se edifica el proyecto terapéutico. Éste, se fundamenta en el arte de la escucha activa que requiere: esfuerzo, atención, paciencia, tiempo y alejarse de recetas y consejos no solicitados, porque de lo que se trata es que el enfermo se encuentre reconocido y valorado como persona para que, recuperando su dignidad, afiance su autoestima, aclare su situación con respecto a la droga, manifieste sus motivaciones para dejarla y trabaje y estudie las alternativas posibles para una cambio de vida, sabiendo que lo que fervientemente y con vehemencia se desea y persigue, se conseguirá, pues nadie sabe de lo que es capaz hasta que se decide a hacerlo… y porque no sabia que era imposible, lo hicieron. Claro que no se puede olvidar que ese joven tiene una conciencia oscurecida y una mente llena de heridas, y el terapeuta tiene que utilizar, como fármaco especial, una comprensión que desterrando cualquier juicio, pues no se juzga lo que se comprende, facilite un diálogo enriquecedor y sanador.

Contemplar que toda persona es algo más que cuerpo y mente, es poder descubrir argumentos para "soplar en las ascuas encendidas de su espíritu" y ofertar técnicas y caminos para que asuma el protagonismo de su vida y, recuperando sus recursos y potencialidades internas, adquiera conciencia plena de su auténtica realidad que la señala como un espíritu localizado, y éste, ante los objetivos materiales que tienen recompensas limitadas y finitas y con matices frustrantes, trabaja con otras metas que, trascendiendo espacios y tiempos, se encuentran en unas dimensiones que en absoluto le son extrañas, pues pertenecen a su propia esencia; es en lo arcano del corazón, el lugar donde encontrar respuestas a las inquietudes e interrogantes de todo ser humano.

El águila despertada, inicia su vuelo, "…y no de esperanzas falto, volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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