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Acogida a los enfermos de la droga

Publicado: 20/07/2015: 666

El órgano diana de la droga es el cerebro, lugar donde desarrolla todas sus acciones y al que después de un tiempo de consumo, lo deja alterado y contaminado, de tal manera que la persona se nos presenta ausente del presente, confuso en su pasado, y lleno de oscuridades sobre su futuro: la necrópolis neuronal es manifiesta. Pero el problema es que es precisamente el cerebro el que tenemos que utilizar como el mejor y único instrumento terapéutico que tenemos. Se encuentra justificado que la meta más prioritaria, será recuperar la normalización de la función cerebral, y para esto se necesita un tiempo de convalecencia en un clima de paz, tranquilidad y confianza. La persona que solicita ayuda y que llega cansada de sí misma, en las entrevistas que conforman la acogida, se le tiene que ofrecer una escucha atenta y activa con un grado de interés suficiente para que perciba que ella es importante para alguien. Se le debe regalar un tiempo sin limitaciones y ausente de signos de impaciencia, en una comunicación serena y apacible, y con una actitud de respeto para que se sienta invitado a una comunicación que en principio puede ser errática, incoherente e incluso absurda, pero no es el objetivo saber su historia clínica sino que esa persona se encuentre reconocida y valorada: no es tanto conocer su sufrir como conocer a la persona que sufre. Por eso tampoco es tiempo de orientar o dirigir, sino de comprender, y como no se juzga lo que se comprende, surge espontáneamente una identificación con el enfermo que nos despierta una especial sensibilidad ante su situación de vulnerabilidad e indefensión. La empatía conseguida, hace que la relación adquiera una cercanía y disponibilidad que, hipotecando toda indiferencia, consolide firmemente la confianza del enfermo en su terapeuta: la piedra angular de todo el proceso de rehabilitación está ya colocada, y se hacen presentes unas circunstancias propicias para que esa persona rescate, con perspectivas dignificantes, su dignidad.

Ahora es la ocasión para iniciar el trabajo de saneamiento interior y empezar a utilizar la palabra argumentada  que de manera progresiva pueda ir discerniendo miedos, temores y angustias, y lograr que en su mente se enraíce y se grabe la convicción de que enfrentándose a ellos, puede llegar a encontrar soluciones y la posibilidad de su control. Las señales de una autoestima empiezan a hacerse objetivas, y condicionan el aumento y consolidación de una fortaleza mental con lo que esta representa para la integración interior. En esta dinámica, ya es el tiempo de insistir para que el enfermo asuma  el protagonismo que le corresponde en su proceso de rehabilitación, y adquiera conciencia clara que no importa lo que es sino lo que desea ser, y para esto debe buscar y concretar el por qué y para qué quiere dejar la droga y  proyectar en su mente un incipiente proyecto de  cambio o alternativa  vida que, como objetivo, puede ocupar un espacio en los circuitos neuronales, que tiene la potencialidad de hacer nacer una singular nostalgia del futuro, y ésta sí es una  motivación suficiente para que se despierten zonas dormidas de su cerebro, se activen las latentes y se tonifiquen las que mantenían una minima actividad. La máquina empieza tímidamente a funcionar.
En la praxis médica, la ciencia sin conciencia pierde una dimensión que aporta un significativo y esencial factor terapéutico, y la conciencia sin ciencia, deja que la ignorancia roce los límites de un fraude; es la conciencia unida intrínsecamente a la ciencia la que ofrece sentido y eficacia sanadora al ars medicum. Pero es el mensaje cristiano el que aporta al tema un matiz que lo enriquece y lo sublima pues, de una manera clara y directa señala que toda ayuda al que sufre, se fundamenta en dejar que nuestro corazón se haga de carne, se humanice, para activar lo que de divino tenemos, y entonces se presenta la misericordia como movimiento afectivo repleto de ternura que siempre es transitivo y que se valora, incluso neurológicamente, como el remedio universal para toda clase de problema, y con la singular propiedad que sana desde lo profundo al que la da y al que la recibe.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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