BlogsDroga, vida y libertad

¿Sociópatas o psicópatas?

Publicado: 31/07/2015: 4054

Superar el síndrome de abstinencia y abandonar el consumo de la droga, se presenta como un objetivo inmediato en el abordaje de las drogodependencias, pero esto sólo representa el inicio de un proceso terapéutico que pretende situar a la persona en las condiciones idóneas para que pueda conseguir su normalización social, laboral y familiar y, recuperando su libertad, pueda decidir con autonomía, las metas y orientaciones que le quiere dar a su vida.

La adicción a una sustancia, es la punta de iceberg que de manera selectiva nos señala la presencia de un conflicto o una desarmonía interior. A veces, el primer consumo se desencadena como consecuencia de un dolor emocional o afectivo que induce a la persona a utilizar fármacos para aliviar su situación y que, presentando el riesgo de un hábito farmacológico, es un factor precipitante de adicción; en otras ocasiones es por un experimentar, sin ninguna otra historia, pero que al grabarse en los circuitos neuronales como una vivencia gratificante, condiciona el  probar de vez en cuando; también sucede que el hedonismo, justificado siempre por un relativismo, argumenta y entroniza el consumo de cualquier droga: las causas pueden ser multifactoriales. Es evidente que cuando el consumo se enraíza en personas con alteraciones psicológicas o psiquiátricas, su evolución pertenece a capítulos difícilmente predecibles; su gravedad puede ser severa y en cualquier caso sujeta a un pronóstico cuanto menos incierto, pues al desarrollarse sobre una personalidad patológica, las consecuencias pueden condicionar modificaciones estructurales múltiples y alteraciones funcionales muy diversas.

Y es que el consumo de drogas, durante un tiempo suficiente, tiene sus efectos directos en el órgano diana que es el cerebro, y es en éste donde se despliegan todos sus mecanismos de acción, contaminando y deteriorando diferentes neurotransmisores, que son los que conforman el sistema de comunicación neuronal y que garantiza el orden y la armonía de la compleja organización cerebral y de la que depende la secuencia lógica, racional y fisiológica de los pensamientos, y por lo tanto de las emociones y de la conducta. La secuencia de los estados de conciencia que de manera irregular, alternan las experiencias gratificantes con las estresantes derivadas de abstinencias forzadas y del particular estilo de vida,  crean un contenido mental confuso con matices de caos, pues el cerebro racional es hipotecado por el protagonismo de los cerebros instintivo y emocional que se encuentran dirigidos por las motivaciones que impone la dictadura de la droga, y que conforman una escala de valores, que son los que imponen las prioridades de su consumo, en el pensamiento, palabra y obra: la interpretación de la realidad está sometida a ese filtro y la subjetividad es la que controla todos estos movimientos.

Así que cuando la persona solicita ayuda y se compromete a cumplir un tratamiento, tiene que reiniciar, desde esta situación, un significativo cambio de su forma de vivir; trabajar en hábitos nuevos y terapéuticamente positivos; modificar pensamientos; alimentar ilusiones; concretar proyectos de futuro; incentivar esperanzas; recuperar afectividades; asumir responsabilidades, etc., y todo esto en un contexto relacional en la que tiene que convivir con lo mismos factores de riesgos que no se han modificado y a los que tiene que enfrentarse, controlar y dominar. Las mutaciones del carácter, los cambios de humor, los conflictos internos antiguos que se hacen presentes, e incluso, la vuelta a agresividades olvidadas, no definen ninguna psicopatía o sociopatía sino que son señales de un cerebro en convalecencia y por lo tanto disminuido en sus funciones. Es  una etapa complicada pues, con una vulnerabilidad a flor de piel y con un dintel de resistencia a la frustración bajo mínimo, la presencia de un acontecimiento adverso, aunque sea banal, tiene entidad suficiente para desencadenar una reacción de desaliento  que le abre las puertas a un consumo, con el que esa persona piensa que puede solucionar, aunque sea de manera fugaz, su situación: las consecuencias son a veces dramáticas.

Ante la situación de desamparo, soledad y abandono en la que llegan muchos de estos enfermos, es urgente establecer una relación de ayuda que, fundamentado en el axioma "donde no llega la ciencia llega el corazón",  nos permita crear una acogida en un clima en que podamos desarrollar un humanismo que es el que posee la capacidad de activar lo que de divino tiene toda persona; entonces es cuando el escenario se encuentra preparado para la eficacia de un tratamiento integrado e integrador.

 


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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