BlogsDroga, vida y libertad

Clonación y creencias

Publicado: 01/09/2015: 748

La bóveda craneana marca la barrera para el crecimiento físico del cerebro humano, pero no se conocen los límites en el desarrollo de sus potencialidades, y se admite la ausencia de fronteras de la mente humana, aunque esta realidad neurocientífica es una afirmación muy antigua: "...nada de lo que se proponga el hombre le será imposible" (Gn 11.5-6).
En el ADN se encuentran diseñados todos los programas de mantenimiento, recuperación, y desarrollo para una supervivencia, limitada biológicamente, en la mejores condiciones posibles y con el objetivo de la perpetuación de la especie, por lo que los siguientes individuos pueden ir acumulando genéticamente las experiencias de los progenitores descubriendo nuevas capacidades que progresivamente son las que a su vez activarán los recursos que, en potencia, se encuentran en el cerebro. Estamos dotados con los recursos necesarios y suficientes para conseguir la felicidad y esto constituye el germen primario genético del ser humano,
  En la dinámica de investigación y búsqueda, con una tendencia permanente para conseguir respuestas que alivien el sufrir humano y aumenten su bienestar, no deben existir hipotecas, censuras u obstáculos económicos, ideológicos  o políticos. El descubrimiento de la células madres y sus aplicaciones en medicina se ha matizado con el hallazgo de las “Células de Yamanaka” (Nóbel de medicina 2012)  en el que por la inclusión de varios  genes específicos en una célula madura normal del organismo humano adulto, da lugar a su transformación en célula embrionaria, es decir con la posibilidad de transformarse en cualquier tipo de célula del organismo y la capacidad constante de multiplicarse en un tiempo hasta ahora no limitado; la reprogramación celular se presenta como prevención y como tratamiento eficaz y eficiente de numerosas patologías crónicas. Las neurociencias están argumentando y formulando la hipótesis de un gen de naturaleza energética con información sobre las inquietudes de trascendencia e inmortalidad comunes al ser humano, y que nos descubren y definen estados de conciencia que señalan nuevas dimensiones en nuestros espacios interiores, y en los que se contemplan los llamados fenómenos místicos, que como todo acontecimiento que sucede en la persona, se encuentra sustentado por estructuras neuronales, químicas y eléctricas localizadas y detectadas anatómicamente por el  PET (tomografía por emisión de positrones) o fMRI (resonancia magnética funcional).
La cualidad esencial del ser humano es la razón, que es la que utiliza el mundo científico para el descubrimiento de la verdad, y ante una realidad demostrada científicamente, la creencia o la fe, no puede refutarla o ignorarla. S. Agustín afirma que " La fe si antes no se piensa resulta nula. Dios está muy lejos de no valorar en nosotros esa facultad por la que nos creó superiores al resto de los animales. Él nos libró de pensar que nuestra fe nos incita a no aceptar ni buscar la razón, pues no podríamos ni aun creer si no tuviéramos almas racionales". La fe y las creencias no pueden ser una camisa de fuerza, ni presentar ninguna dificultad para que el ser humano pueda investigar, descubrir, activar y desarrollar todas sus capacidades, pero sí pueden y deben aportar argumentos para que, en el desarrollo de estos descubrimientos, la persona encuentre un sentido existencial y su plena realización que es lo que conforma la felicidad. Lo anterior se encuentra especialmente fundamentado en la parábola de los talentos que el amo distribuye a sus siervos antes de salir de viaje; a su regreso les pide cuentas de lo que han hecho con ellos. Con los siervos que los gestionaron y multiplicaron, tiene palabras de alabanza y los premia, pero a los que, por temor a perderlo, lo guardaron y se lo devolvieron sin utilizarlos,  los condena  y los expulsa de su presencia (Mt 25 14-30). El mensaje es definitivo: tenemos la necesaria obligación de no enterrar los talentos sino de activarlos para ser luz que luce y sal que sala, cumpliendo los objetivos para los que fuimos creados. Es evidente que las creencias tiene una función importante y definitiva para vigilar y orientar sobre la correcta utilización de esos talentos y sus consecuencias, siendo un factor decisivo para evitar sus perversas manipulaciones que pueden convertir un remedio en veneno, aunque esto pertenece  a la libertad, que como otro talento, posee en esencia el género humano.
La existencia adquiere significado y sentido pleno cuando cumple la misión de desarrollar y utilizar lo que de divino tenemos.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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