BlogsDroga, vida y libertad

Supliendo carencias

Seminario de Málaga · Autor: F. HERNÁNDEZ
Publicado: 17/12/2015: 778

A finales de la década de los 70 y hasta 1986, la presencia de la droga en la sociedad malagueña y sus consecuencias en la convivencia,  creó una especial alarma social, porque no existían repuestas sanitarias oficiales, no se sabía que hacer, ni cómo ni cuándo, y todo era un interrogante.

   En la finca del seminario, espacio abierto, apartado y tranquilo, se reunían pequeños grupos de jóvenes consumidores de heroína intravenosa. La explanada donde estaba el  convento de las HH. Capuchinas, era lugar de reunión de estos enfermos. En poco tiempo descubrieron que a través del torno podían pedir agua, algo de comida y pequeños tarritos de miel (las monjas trabajaban panales para consumo propio) que se hicieron famosos porque alimentaban, endulzaban y aliviaban las hipoglucemias de las abstinencias. Los nuevos "vecinos" empezaron a respetar, querer y cuidar a estas mujeres de las que siempre escuchaban palabras maternales de consuelo y cariño;  la propia comunidad se encontraba segura con su compañía y nunca hubo conflictos. De esta singular relación entre monjas de clausura y heroinómanos intravenosos, surgieron aperturas y despertares de conciencia que a algunos le iluminaron su ruta existencial al descubrir horizontes llenos de esperanzas. El rector del seminario- Salvador Montes Marmolejo-  me pidió que le acompañara para tener un contacto y ofrecerle ayuda...y lo que fuera. En los años 1982-83-84 la portería se convirtió en un lugar para consultas y, la entusiasmada actitud de acogida de los seminaristas y del mismo rector, marcaron una convivencia muy gratificante; no en pocas ocasiones su despacho fue lugar de reunión familiar, en la que participaba siempre que podía.  En este contexto, una petición para utilizar los salones de S. Gabriel para su proximidad al Hospital Noble y su posible implicación en el tema, fue aceptada de manera rápida y entusiasmada por el párroco, y dos días a la semana  organizamos y sistematizamos la acogida y tratamiento individual, familiar y terapia de grupo. Esta parroquia fue el apoyo logístico, del primer programa nacional de metadona que se dispensaba en el hospital, y en que la colaboración del párroco Miguel Martín García fue decisiva. 
No tardó tiempo en presentarse un problema cuando un consumidor, sin referencias familiares, deteriorado, rechazado por los recursos públicos, solicitó ayuda y necesitaba un ingreso para su abstinencia que tenía factores de riegos importantes. ¿Dónde ingresarlo ? Se acudió al "Cotolengo" (Institución Benéfica del Sagrado Corazón) de las playas de S. Andrés (1979) y la H. Sabina no dudó en ofrecer una acogida en que el cariño, la comprensión y el respeto con el que se sintió rodeado el enfermo, demostraron que en el arte de sanar, donde no llega la ciencia llega el corazón: la desintoxicación fue un éxito.
En Sto. Domingo, su párroco, Antonio Ramírez Mesa, "el legionario",
con la pasión, interés y ganas con las que acogía a "los últimos de la fila", que en su zona eran todos, de una manera o de otra siempre tenía bolsas de comidas y el gesto de ánimo y la sonrisa para el enfermo y la familia.
En las Madres Adoratrices, las jóvenes en situaciones especiales de riesgo encontraban un lugar singularmente terapéutico y sus historias son ejemplares. Jesús Abandonado solucionaba a muchos el aseo, comida y cama para pasar la noche. La única granja que existía en la provincia (Alhaurín el Grande) la atendía la Iglesia Evangélica y la colaboración con ella, gratificante y enriquecedora, trabajada por un ecumenismo sencillo, práctico y con pocas fronteras  del P. Delius s.j. con el Pastor Daniel del Vecchio, nos permitía el ingreso para consumidores que necesitaban un tiempo alejado de su "territorio".
Por iniciativa de D. Ramón Buxarrais, se programaron charlas informativas a los arciprestazgos de la diócesis, con el objetivo que los sacerdotes tuvieran informaciones sobre la problemática de la droga, y así se fue creando un estado de opinión en que la decisión de consumir una droga se asumiera desde la libertad que ofrece el conocimiento de causa y no desde la esclavitud de la ignorancia.
Estas anécdotas señalan movimientos espontáneos comunes al género humano que impulsado por motivaciones profundas, activan lo que lo define, que es la ayuda al necesitado, y que en su mismo desarrollo, encuentran respuesta a sus inquietudes y su propio significado existencial.
Cuando en 1986 se aprueba, en la Junta de Andalucía, el Plan andaluz sobre drogas y empiezan a funcionar los CPD (Centros provinciales de drogodependencias), el escenario anterior fue la piedra angular para desarrollar de manera rápida, eficaz y eficiente, los programas de prevención, tratamiento y formación especializada que el equipo de profesionales habíamos diseñados.
José Rosado Ruiz. Director-Fundador del CPD de Málaga


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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