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¡Cosas del Cautivo!

El Cautivo y la Trinidad en el Hospital CIvil. DIARIO SUR
Publicado: 14/03/2016: 933

La noticia que su hijo se drogaba cogió a toda la familia con el pie cambiado; al desconcierto inicial le sucedió la incredulidad: ¡no podía ser!, ¡era un error! Asumir la realidad les hizo hipotecar todos los problemas.

Carmen, no podía creer que su hijo Curro le había estado engañando más de 8 meses. Claro que hacía tiempo que lo encontraba cansado, raro, y las muestras de afecto eran muy esporádicas y superficiales. Comía poco y a destiempo, y desaparecía de la casa de manera imprevista. Algo más delgado, algo mas triste, algo más silencioso y solitario, algo más... La madre no encajaba que su Curro estuviera enganchado.

Las consultas a los especialistas se multiplicaron, los resultados no se hacían presentes y la convivencia en casa inició el lógico deterioro que la conducta de su hijo, motivada para conseguir el dinero de la dosis, desencadenaba. El padre y los hermanos cada vez le aguantaban menos, y los engaños, mentiras y pequeños robos alteraban las relaciones familiares. Carmen tenía que soportar a unos y otros en un ambiente cada vez más conflictivo. En la búsqueda de alivios, conoció a una mujer que vivía cerca y que llevaba años con el mismo problema, y que estaba esperanzada en que el Cautivo le podía arreglar el tema, así que, por amistad, le empezó a acompañar a la iglesia de S. Pablo.

Ella no creía en estas cosas, pero salir de casa, estos ratos de paseo y el sentarse en el silencio de la iglesia, le aislaba de los pensamientos obsesivos que martilleaban su cabeza: era como un puerto seguro donde ponerse a salvo. Las visitas al Cautivo se convirtieron en una necesidad sicológica, ya que sin poder desahogarse con nadie, encontraba la oportunidad de desarrollar un monólogo que a manera de catarsis le aliviaba penas y temores. En una ocasión se sorprendió a sí misma sosteniendo su mirada directamente en los ojos de la imagen y tuvo la extraña sensación de ser escuchada. ¿Me estaré volviendo loca? De manera progresiva le cogió cariño a estas visitas terapéuticas que se convirtieron en un hábito y, en algunos días de desesperanza, porque la enfermedad de su hijo iba a peor, era el remedio a sus ansiedades y angustias. No sabe ni cómo ni cuándo la imagen quieta y muda del Cautivo, empezó a seducirla, pues llegó un momento que, ¡la verdad!, parecía que su corazón se calentaba y experimentaba una inefable sensación de paz.

Poco antes de Semana Santa conoció por primera vez lo que se formaba en la iglesia con los cofrades, las misas, el arreglo de candelabros, mantos y ropas, que le hicieron vivir un ambiente especial, entusiasmado y mágico, y la manera como algunos se dirigían al Cautivo, le hizo preguntarse qué era lo que sentían y el porqué de sus trabajos y preocupaciones por el trono, las flores y los múltiples detalles en los que se afanaban.

Fue sin embargo al participar en el traslado de la imagen a la casa de hermandad y la visita previa al hospital civil lo que la marcó. En este ambiente, con los enfermos en las camillas, brillando en su ojos la luz del sol, y la apretada muchedumbre de personas enfervorizada, gritando visceralmente con pasión y ganas el "guapo, guapo, guapo" al paso de la imagen, le hicieron ver al Cautivo en su interior que le hablaba y la tranquilizaba asegurándole que Él se ocupaba de su hijo. Cuando se despertó apenas era consciente de la gente que le rodeaba. Durante un tiempo se refugió en esta vivencia que se grabó con fuerza en su conciencia, y en ella se recreaba pues encontraba el escenario donde fortalecer sus esperanzas y consolidar la certeza que su hijo se curaría. Creer en algo es trabajar en crear las condiciones para que se pueda hacer realidad aquello en lo que se cree, y ella con el amor de una madre que ni cansa ni se cansa y alimentado por un permanente entusiasmo, trabajaba esas condiciones.

Después de casi un año, todo sigue casi igual, pero Carmen ya no es la misma: el Cautivo la tiene cautivada y le ha ahuyentado zozobras y como nube luminosa, le ha ofrecido horizontes abiertos y limpios. Ella está convencida, con esperanzas argumentadas, de que su Cautivo hará grandes obras en su hijo... y es que los milagros sólo suceden cuando se cree en ellos.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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