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¡Siempre madre!

Publicado: 01/05/2016: 635

Por un error de información, se señala la etapa de la mujer que coincide con la pérdida de la menstruación, como una edad crítica con asociaciones peyorativas; se consideran como "no útiles para parir y sus órganos genitales precintados con el sello de la esterilidad", y esa falsa idea de inutilidad se potencia con la sobrevaloración que actualmente se hace de la belleza, juventud y utilidad sexual.

La menopausia aparece como consecuencia de la pérdida de secreción hormonal, específicamente estrógenos, y que va a provocar algunos síntomas físicos (cefaleas, sofocos, palpitaciones...) y psíquicos (cierta irritabilidad, labilidad emocional...) que sin ser selectivamente significativos coinciden con una peculiar crisis biográfica; es un periodo en que los hijos son mayores, independientes y autosuficientes, no piden consejos y la mujer vive un especial síndrome post-maternal: "ya no me necesitan". Otro factor es la convivencia matrimonial, en la que puede existir un cierto aburrimiento, que en el aspecto sexual puede quedar condicionado por esa falta de estrógenos que al disminuir el flujo sanguíneo genital, disminuye la secreción vulvo-vaginal, que facilita una cierta dispareunia o dolor en las relaciones sexuales...con todas sus consecuencias. Es una etapa que se define como depresión posmenopáusica que es una coincidencia de factores existenciales más que entidad patológica.
Sirva lo anterior como contexto para una historia que, aunque con características singulares, pues no hay enfermedades sino enfermos, presenta muchos aspectos comunes que pueden servir de apuntes referenciales.

La vida de esta mujer de 53 años se deslizaba entre la rutina y la apatía existencial reforzada por un aplanamiento afectivo que le quebraba su autoestima.

En muchas ocasiones reflexionaba, qué sentido tenía su vida y sobre todo, qué le aportaba su existencia. Pero cuando le llegó la noticia que su hijo había sido detenido por una pelea y que consumía droga desde hacía tiempo, al choque inicial y de parálisis emocional, le siguió la explosiva movilización de todos sus recursos internos, que empezaron a despertarse y potenciarse, sobre todo cuando su niño le confesó, entre llantos, sollozos, pidiéndole perdón y con las manos entrelazadas con las suyas, la necesidad que tenía de ella: "mami, no me dejes, te necesito, sólo confío en ti, sólo tu puedes ayudarme". Aquí se inició otra historia muy diferente, porque esta mujer sufrió una transformación interior y recuperó de pronto, con ese excepcional y poderoso instinto femenino, toda la fuerza e ilusión que sólo una madre posee y que nos hace pensar, "que algo divino  tiene mi madre". La búsqueda de profesionales, el inicio del tratamiento, las idas y venidas a las terapias y la preocupación por la rehabilitación de su hijo, ocupaba todo su tiempo  y "hacia el amor más alto que tenía en sí misma, la esperanza clamaba pidiendo asilo".

Después de una primera fase de no consumo, le siguió otra en que las recaídas aparecieron y, aunque caminaba entre luces y sombras, él empezaba a vivir días dichosos y siempre henchidos de esperanzas, ya que el amor que mamaba de su madre, le inundaba de claridades todos sus pensamientos. Ella sabía que su niño le engañaba cuando podía y la manipulaba casi siempre, y las promesas de "esta vez será la última" se repetían con rutina, pero era vencida y subyugada por la actitud cariñosa de su hijo que, prometiendo cambios, le insistía en la necesidad de su ayuda...sobre todo de dinero. "Mi hijo me necesita, es parte de mis entrañas, sólo me tiene a mí. ¿Cómo le voy a abandonar?, ¿dónde irá?", éste intenso pensamiento y la sensación de utilidad, de ser necesaria e imprescindible, emergieron  como una poderosa motivación que le hizo encontrar el mejor significado posible de su vida: desarrollar su amor.
Las nubes y las sombras fueron apartadas por un sol que, iluminando su corazón, le había hecho recuperar toda su "carne", y creía firmemente en la total recuperación de su hijo, por eso, con seguridad y persistencia, "irá por esos montes y riberas; ni cogerá las flores, ni temerá las fieras, y pasará los fuertes y fronteras”, no dejaba de sembrar, con voces apremiantes de ternura, esperanzas argumentadas, purificadas y alimentadas por aguas y torrentes de bondades.

José Rosado Ruiz. Médico acreditado en adicciones.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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