BlogsDroga, vida y libertad

En el corazón de un adicto

Publicado: 19/05/2016: 728

El consumo de la droga se ha democratizado y esclaviza a la persona sin entender de profesión, oficio, cultura o posición social.

Es una realidad que cuando alguien nos llega solicitando ayuda, ya lleva un tiempo suficiente de consumo y los estados gratificantes de conciencia han disminuido progresivamente, y los "hurras" iniciales se han transformados en frustraciones y problemas que están arruinando su vida y le han desencadenado una situación límite. Claro que la dependencia neuronal se presenta como un obstáculo para abandonar el consumo, por lo que se necesita una argumentación para la desintoxicación no sea fugaz y la recaída una consecuencia segura, y este trabajo necesita un tiempo en el que tiene que atravesar una situación difícil y complicada, pues su cerebro racional se encuentra hipotecado por la droga y la dirección la tiene asumida el cerebro reptiliano, visceral e instintivo, que se encuentra potenciado por un cerebro emocional que, alejado de su funciones de control, determina el gobierno de los impulsos y compulsiones.

A pesar de este panorama, algunos de estos enfermos ofrecen lecciones que nos hacen ver luces que ellos han descubierto y que de manera rutinaria comparten con los que le acompañan en este camino de su redescubrimiento interior, que es el escenario en el que se localiza verdadera realidad y donde se desarrolla la dinámica más esencial del ser humano.

En la historia que nos ocupa, el enfermo apareció en ese periodo de agonía existencial que le hizo tocar fondo, y después de las primeras entrevistas de acogida individuales y con su esposa, experimentó una sacudida mental, como un despertar interior, que le hizo valorar la necesidad y urgencia que tenía de cumplir una responsabilidad y una obligación que desde que nació su hijo, con alteraciones neuronales importantes, se había negado a asumir, y la droga la había utilizado para justificar esa conducta.

Sus estudios y experiencias como antiguo religioso, también inundaban su mente en muchos momentos en que el consumo le hacía entrar patológicamente en sus dimensiones interiores. Después de algunos meses, con sus recaídas, desalientos y sombras, la abstinencia se empezó a consolidar y recuerdos grabados en su hondón quedaron en libertad.

La recuperación de la funcionalidad cerebral es una prioridad absoluta que se puede conseguir cuando se descubre una motivación discernida y argumentada, que de manera singular será la que aporta las energías suficientes, necesarias y permanentes para que el procesos progrese hacia esa meta; por esta razón, sistemáticamente informamos a los enfermos de los ilimitados recursos cerebrales que el cerebro tiene y su capacidad única de auto regenerarse y auto sanarse, con el objetivo que active sus recursos y que la persona se haga protagonista de su vida desde una posición de libertad que la droga le había robado.

En el caso de este ex-religioso, y de común acuerdo, organizamos un escenario, para unas prácticas,  que en su noviciado le había ofrecido inefables experiencias, y recreándose en esos años intensamente añorados, la "actividad motivada" se señaló y especificó en copiar una conducta y una intencionalidad similar, mutatis muntandis, a ese periodo, pues en su hondón los rescoldos y las ascuas encendidas de su espíritu aún conservaban suficiente luz y calor.

La práctica de tiempos regulares de reflexión, el examen de conciencia sobre los factores de riesgos que le ocasionaban sus tormentas rutinarias, y de manera especial, la implicación terapéutica como asesor de su antiguo confesor y amigo, hicieron posible entrar en una ruta en que las luces no dejaban de alumbrar sombras y recovecos. Esta persona experimentó que Dios no estaba a su lado sin dentro de él, y en su tarea de integración y armonía interior también valoró como riqueza lo que en su vida de religioso consideraba como ciertas carencias con matices de sacrificio, como era la castidad, pobreza, obediencia, penitencia, ayuno, austeridad y que ahora le encontraba el significado profundo. La familia asumió este esperanzador cambio de orientación y los rezos y devociones surgieron no como obligación sino como necesidad de un hambre de Dios que de una manera paulatina se había despertado en todo núcleo familiar.

Con una alegría de vida fácil de ver y de trasmitir a todos, el matrimonio empezó a caminar por senderos espirituales con signos de trascendencia, y también entendieron de una manera clara, y puede ser que de manera significativamente resolutiva, que su hijo era una bienaventuranza, pues representaba la más tierna, suave y exquisita caricia que Dios les había hecho en su vida.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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