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¿Drogando embriones?

Publicado: 07/06/2016: 672

El ser humano tiene, desde el mismo momento de la concepción, un código genético que lo conformará como singular, único e irrepetible. La unión entre el gameto femenino y masculino, el óvulo y el espermatozoide, culmina con la constitución del embrión que señala a un miembro de la especie humana. Cuando se implanta en el útero, empieza su desarrollo: feto, niño, adulto y anciano constituyen un proceso en el que no se produce ningún cambio cualitativo, sino un crecimiento marcado por los programas genéticos. Las células, desde el principio, tienen claro si se van a convertir en neuronas, constituirán músculos, serán receptores de un órgano de los sentidos o formarán piezas de un hueso. Tenemos también informaciones que determinan no sólo cuándo los órganos deben crecer sino cuándo deben frenar su crecimiento, e incluso el lugar exacto que tienen que ocupar y sus funciones más específicas. De una manera controlada el proceso de desarrollo y perfeccionamiento del ser humano es un viaje perfectamente controlada que no necesita la intervención de nadie ni de nada, sólo que lo dejemos tranquilo en la activación de sus programas que desarrollan, de una manera singular, durante el tiempo en el que se encuentra en el claustro materno, y esto es lo que justifica que ese ambiente intrauterino sea importante para su salud integral.

El binomio madre e hijo es una unidad en que cualquier movimiento emocional, que necesariamente tiene un componente bioquímico y eléctrico, se manifiesta en los diferentes órganos, y así por ejemplo una experiencia estresante, para que tenga existencia se encuentra asociada a neurotransmisores excitadores que aumentan la frecuencia cardíaca, altera la glucemia, frena los mecanismos digestivos, refuerza las defensas, etc., y todo esto se detecta en la sangre que es exactamente la misma que llega, a través de la placenta, al embrión o feto, que participa de los mismos efectos. De manera similar, los procesos de envejecimiento se encuentran determinados por los daños genéticos que acumulan las células durante la gestación, de tal manera que se encuentra documentado como el humo del tabaco, la nicotina, impide que las células se especialicen adecuadamente en células sanguíneas, cardíacas o cerebrales, condicionando posibles malformaciones cardiovasculares y aumentado el riesgo de leucemias.

Se hace necesario señalar que los embarazos accidentales en las mujeres consumidoras de drogas, de una manera progresiva, siguen aumentado y, en muchas ocasiones, la ignorancia determina que la abstinencia no se presente como una prioridad, sin olvidar que son frecuentes que a la misma interesada, por los trastornos hormonales que la droga produce, la noticia de su embarazo le llega con el retraso de varios meses... en los que ha continuado con el consumo, por lo que las alteraciones en el desarrollo intrauterino no son excepcionales.

Las modificaciones  bioquímicas que provocan la cocaína, el alcohol, la heroína o las drogas de diseño, suponen que su consumo se convierta en una macabra ruleta rusa, pues son factores de riesgo para la formación y desarrollos del sistema nervioso central, y precisamente en un periodo muy significativo, pues es cuando los programas genéticos colocan todos sus elementos de manera armónica y armonizada.

La misma contaminación del tráfico urbano  tiene sus efectos sobre el nasciturus y el Creal (centro de investigación en epidemiología ambiental) ya señaló que los fetos de las mujeres que viven en zonas con niveles altos de NO2 (dióxido de nitrógeno), pesan 81,6 gramos menos respecto al crecimiento normal que se registra entre las semanas 20 y 32 de gestación.

Es necesario insistir en la rutinaria presencia de las secuelas neurológicas que la droga deja como huella de su acción sobre el cerebro, y que se pueden manifestar después de muchos años de abstinencia, complicando la normalidad afectiva, laboral, social y familiar de la persona, y que, resucitando sombras del pasado, tienen la potencialidad de provocar recaídas en el consumo que son difíciles de entender y de superar.

Es evidente que un embarazo en el que se evite de manera sistemática todo consumo de drogas, representa una protección importante para que el proceso de formación del niño se desarrolle en circunstancias muy favorables, y llegue al nacimiento con todas sus capacidades y recursos, que mantienen una intencionalidad permanente y común al género humano: desarrollar una existencia en que la felicidad es una meta que se encuentra argumentada por los programas que tenemos grabados en nuestro ADN.

 


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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