BlogsDroga, vida y libertad

El médico enfermo

Publicado: 22/06/2016: 698

Es evidente que las llamadas drogas, legales o ilegales, responden eficazmente a los niveles de angustia, soledad, depresión, tristeza y desamparo de la sociedad actual, y cumplen en principio, de manera rápida una función terapéutica: alejar a la persona de una realidad traumática y recrearse en un estado de conciencia que, experimentado como gratificante, es fácil que se desee repetir.

Y así sucede, porque no se encuentran argumentos para no hacerlo, ya que las consecuencias inmediatas y a corto plazo son positivas, pues en caso contrario nadie las utilizaría, y las remotas, que son seguras y destructivas, pertenecen a un razonamiento que con el “aquí y ahora”, asociado al relativismo de moda, impone el consumo: hacemos protagonistas de nuestros estados de salud y bienestar a sustancias químicas y extrañas a nuestro organismo.

Claro que el consumo de drogas se ha democratizado y  no respeta “raza, pueblo o nación”, por lo que ninguna profesión puede sentirse inmune, pero adquiere aspectos más perversos cuando afecta a sujetos que asumen puestos específicos y de responsabilidad en la comunidad como es la figura del médico en que el tema se convierte con facilidad, por sus consecuencias y derivaciones, en un problema de salud pública.

Se valora que la enfermedad de la droga posee un patognomónico silencio clínico: durante un tiempo, no aparecen signos o síntomas que la delaten o manifiesten; incluso el propio enfermo no tiene conciencia de su patología y tampoco percibe ningún tipo de alteraciones, y esto junto con la idea subjetiva y  arraigada del autocontrol, induce a un consumo que le reporta descanso en sus, generalmente agotadoras jornadas, y lo vive casi como un premio, ya que cumple taxativamente el principio del placer, como un “derecho” no discutible.

Y esto sucede porque la verdadera película se desarrolla en el cerebro, en el que  la tolerancia o acostumbramiento cerebral, que siempre marca una esclavitud neurobioquímica, que consolida la dependencia, tarda un tiempo en conformarse, aunque desde el principio marca un estrechamiento de las motivaciones de la conducta en la dirección que marca la droga: conseguir la dosis y repetir la secuencia del consumo. La mente va perdiendo agilidad, fuerza, capacidad de deducción, claridad de ideas y espontaneidad ante lo imprevisto, con un disminución del ejercicio de la voluntad que induce a una apatía e indiferencia para cualquier actividad ajena a los intereses de impone la droga y que contamina sus intervenciones terapéuticas.

El Colegio Médico tiene como misión más relevante el de velar por los estados de salud de la comunidad, por esta razón debe estar atento de “cuidar al cuidador” en todos sus aspectos, asegurando que la praxis médica tenga los máximos niveles de seguridad y de categoría científica: y es que el médico sigue siendo el eje de todo el sistema de salud y del que depende su mantenimiento y desarrollo. Para esta vigilancia, el programa Paime es la respuesta que ofrece a las alteraciones que provoca el consumo de drogas en los profesionales de la salud. Pero siendo la asistencia al médico enfermo una prioridad, es sin embargo la prevención la opción superior, pues se trata de una enfermedad totalmente evitable, y así los mejores esfuerzos deben ir dirigidos en ese sentido, y es ésta la inicial y gran preocupación que subyace en todo el programa.

Es pues necesario y conveniente que la sociedad tenga conocimiento de estos hechos, para que lejos de desencadenar alarma social, interpreten que es un ejercicio de responsabilidad que ofrece seguridad al sistema sanitario, y también a la figura del médico, porque no es un abordaje terapéutico diferenciado o selectivo en razón de una persona, sino fundamentado en función de una profesión y con el objetivo principal de garantizar la salud de la población, que también necesita, como singular instrumento terapéutico, la confianza en sus cuidadores.

El Colegio Médico justifica su necesidad y existencia con los anteriores objetivos, que encuentran marcados esencialmente en aliviar y evitar el humano sufrir.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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