Casa del Sagrado Corazon. FOTO: PEPE PONCE
Publicado: 07/07/2016: 944

En la década de los 70, la heroína estaba haciendo su aparición en Málaga, y en 1977 en el antiguo Hospital Noble, se consiguió un despacho donde organizamos el programa de metadona que Sanidad Exterior nos proporcionaba en ampollas de 10 ml. (40 mgr.) para el tratamiento de estos enfermos. En la Iglesia próxima de S. Gabriel, el párroco D. Miguel, nos facilitaba los salones parroquiales dos tardes semanales para las reuniones con las familias y los drogodependientes; estos eran los recursos que existían para Málaga y provincia.

Cuando Antonio, joven de 22 años, llegó pidiendo ayuda, llevaba varios días sin comer, durmiendo en la playa, desorientado y con síntomas de abstinencia de heroína, así que lo llevamos a urgencias. Le prescribieron unos sedantes y le dieron el alta; el consumo de heroína intravenosa no tenía valoración de enfermedad sino de vicio, y con esta estigmatización no estaba regulado su tratamiento ni su ingreso hospitalario.

¿Qué hacer? En aquellos tiempos, la mayoría de los consumidores con un perfil de cierta marginación, se localizaban en el Perchel, Trinidad y el Bulto en las playas de S. Andrés, y en esta zona, calle López Pinto,  se encontraba lo que se conocía como el Cottolengo, y con la fama que sus  "monjitas" daban "calor y comida" a todos los necesitados, nos dirigimos a ellas. La superiora H. Sabina, atenta y agradable, ofreció comida, ropa y pasar la noche, pero hasta que pudiéramos encontrar otro lugar; "pesaba" mucho los prejuicios sobre los "drogatas" y su leyenda de violencia y agresividad, y en la casa había muchos niños y enfermos impedidos. Un voluntario se ofreció a acompañarlo durante esa noche y al día siguiente le ajustamos la dosis de analgésico y metadona, y pasó el día tranquilo... y con visitas periódicas de las hermanas que estaban inquietas y temerosas ante las posibles reacciones de Antonio. La ignorancia era tan generosa como estrecha la ciencia, y los errores sólo podían ser aliviados desarrollando el fármaco del que ellas son especialistas: el amor. En tres días, la evolución de Antonio fue espectacular, y también la de las hermanas, que ante su situación de desamparo, la sonrisa permanente dando gracias por todo y su actitud de respeto, no fue difícil que la superiora ampliara el plazo de estancia... hasta encontrar otro sitio. De todas maneras, para disminuir miedos y fortalecer confianzas, le explicamos que en unos días encontraríamos alternativas.

Antonio, en estos días, se sintió reconocido, valorado, respetado y dignificado en un contexto de cariño y ternura; también tuvo noticias de que estaba presente en las peticiones de la misa diaria y que por lo tanto era importante para un grupo de personas: la superación del síndrome de abstinencia fue una realidad antes de lo proyectado... y es que donde no llega la ciencia llega el corazón. El asunto se hizo público, y se propagó una "querencia" para desintoxicarse en el Cottolengo que tuvo que ser dirigida y orientada, pues la excepción no podía convertirse en regla, pero esta experiencia, pionera en Andalucía, representó el germen de los programas de desintoxicaciones domiciliarias que posteriormente desarrollamos en los servicios oficiales de atención a las drogodependencias.
Fueron muy emotivas las sensaciones que vivimos cuando un domingo por la noche, a los 6 días de su estancia, Antonio abrazó a las hermanas para con los ojos rebosantes de lágrimas, encogido el corazón y silencio en los labios, expresar con la mano en el pecho y con el signo de victoria en sus dedos, que el tema estaba solucionado. Fue invitado a quedarse unos días para reponerse del todo... y es que el miedo había sido desplazado por el amor, y el asunto tenía otras características. Antonio, asumió tareas de voluntario y con su alegría, su voz y una guitarra que dominaba, protagonizaba ratos de fiesta con los enfermos. La convivencia con las hermanas y los internos, le descubrieron unos horizontes interiores en los que empezaba a sospechar que eran dimensiones en los que encontraría respuestas a sus inquietudes. La despedida estuvo rebosante de "cariños". Hace algunos años se recibió una llamada telefónica de Antonio: es abuelo y la nostalgia del Cottolengo, de las hermanas y de las personas que conoció, le sigue vivificando y encendiendo el alma.

Con varios decenios de asistencia a los enfermos ingresados, las curaciones y las evoluciones positivas de muchas patologías degenerativas, inexplicables científicamente, obligan a admitir que los fármacos del amor y la ternura, con sus "guiños mágicos", representa singulares estímulos terapéuticos que tienen su demostración en las numerosas y detalladas historias clínicas archivadas en la enfermería de la casa, y, de manera especial, como testigos de primera fila, en la memoria de las hermanas y de los voluntarios.

Actualmente la Institución del Sagrado Corazón, ha dejado de regentar la casa del Cotolengo, que la cedió al Obispado, y éste decidió crear una fundación diocesana que, a través de Cáritas, ha asumido la misión de seguir, con el mismo espíritu de confianza en la providencia y desarrollando la misericordia, la atención y ayuda a todos los necesitados y desamparados.

De la comunidad de aquellas tres hermanas; la H. Sabina, fue elegida madre general de la Institución y hace años subió a su "Cottolengo" del cielo; la H. Begoña desarrolla su vocación en la casa de Bilbao, y la H. Mª Isabel, última superiora, solicitó y le fue concedida una excedencia temporal de la Institución, para continuar, con el permiso y aprobación del Sr. Obispo, en esta nueva etapa del Cotolengo malagueño, como una voluntaria seglar interna...hasta que Dios lo quiera.

José Rosado Ruiz.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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