BlogsDroga, vida y libertad

Demencia precoz

Publicado: 22/09/2016: 677

La opinión muy generalizada que dejando el consumo de drogas durante un tiempo suficiente, la persona se recupera totalmente, es una idea perversa que argumenta, facilita y precipita el “probar para saber qué se siente” y que conduce al inicio de una enfermedad que, al no ser autolimitada, tiende a progresar hasta su periodo de estado.

Se debe tener presente que el órgano diana y escenario donde se desarrolla la historia de la droga es el cerebro: director de la orquesta del organismo. Y es que nuestra vida interna, la de los pensamientos, afectos y emociones, es decir la que constituye nuestra realidad más personal, más íntima, y que nos sitúa como persona individual, con una manera de ser y de pensar, que nos hace irrepetibles y únicos y nos ofrece la sensación de “ser yo”, se encuentra fundamentada en unas estructuras orgánicas, en sustancias químicas y corrientes eléctricas que necesitan, para su correcto desarrollo, la integridad anatómica y funcional de todas las organizaciones cerebrales. Normalmente existe un perfecto, delicado y específico equilibrio por el que podemos recoger información, clasificarla, evaluar sus contenidos, evocarlas y decidir la conducta que consideramos idónea para nuestros intereses. Entender, reflexionar, valorar y ejecutar representa una secuencia química-eléctrica-biológica de la que depende ese mundo interior con el que estamos todo el día y que condiciona nuestra calidad de vida.

Cuando la anterior estructura se altera por alguna causa y pierde el equilibrio, armonía y jerarquía que garantiza su funcionamiento fisiológico, la interpretación de lo que nos sucede también se deteriora y surge una movimiento emocional que fácilmente hipoteca la razón y ésta deja las riendas de lo razonable en favor de lo instintivo o visceral; esto puede considerarse una simplificación de la enfermedad mental transitoria o circunstancial, como sucede como los episodios de ira o de agresividad. Las drogas producen sus efectos alterando esas estructuras y según el tipo, frecuencia, dosis, asociación con otras sustancias y tiempo de consumo, determinan deterioros en los mecanismos neurobioquímicos y eléctricos que llegan a provocar, en poco tiempo, heridas que cicatrizan  patológicamente dejando queloides neuronales que son como zonas quemadas que obstaculizan y distorsionan los procesos de comunicación cerebral. Así, los circuitos neuronales de esas regiones se quedan vulnerables e hipersensibles, y dejando de cumplir sus funciones, ocasionan unas carencias de difícil compensación. Pero lo grave es que estas lesiones pueden permanecer sin ofrecer signos clínicos de manera inmediata y aparecer muchos años después de haber dejado el consumo y cuando la persona se encuentra normalizado social, familiar y laboralmente: son las secuelas neurológicas que se manifiestan en forma de olvidos, despistes, dificultad en la secuencia de los pensamientos lógicos, disminución del sentido del humor y de los movimientos afectivos y deterioro del entendimiento, que son suficientes para provocar una confusión que desorganiza su mente. Claro que lo más peligroso es que la droga deja preparado y abonado el terreno para una patología que ya se considera una de las más importantes epidemias del siglo XXI, la enfermedad de Alzheimer, y que precisamente consiste en una alteración de carácter degenerativo, y que afecta fundamentalmente a algunas zonas como  el hipotálamo (memoria), lóbulo frontal (razonamiento, sentido crítico), lóbulo parietal (orientación en el espacio) y lóbulo temporal (lenguaje). Las coincidencias de zonas afectadas hacen pensar en la droga como una etiología especifica de la demencia precoz o por lo menos como un factor condicionante, coadyuvante y en muchos casos, precipitante.

Esta reflexión es una “oferta” para que nos planteemos no sólo los efectos inmediatos del consumo de drogas, sino los remotos o retardados, porque el cerebro ni perdona ni olvida, y, sin la menor indulgencia, hiere de manera evidente la calidad de vida de una persona en su juventud pero con unas consecuencias que se pueden prolongar durante toda la vida, porque la restitutio ad integrum o la curación integral es posible pero no sucede en todos los que padecen esta enfermedad.
El error tiene pocos derechos pero en el tema droga es, en muchos casos, un efecto directo de un factor de riesgo que se encuentra presente incluso en profesionales de la salud: la ignorancia, y que se puede resolver con una información objetiva, verdadera, científica y clara para que la decisión de consumir se realice desde la libertad del conocimiento de causa.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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