BlogsDroga, vida y libertad

¿Neuroteología?

Publicado: 10/10/2016: 657

En la tarea de ofrecer alivio a los enfermos de la droga, el conocer su cerebro, escenario donde se desarrolla toda la historia, es una obligada necesidad para descubrir los mecanismo de acción y sus posibles consecuencias y efectos sobre el organismo, y en este ruta terapéutica, dirigida por las informaciones que nos facilitan las neurociencias, se hace evidente que este órgano tiene limitado su crecimiento físico por la bóveda craneana pero no lo tiene ni en sus contenidos ni en sus capacidades.

Después de un tiempo de consumo, la droga deja al cerebro como una necrópolis neuronal y la petición de ayuda la realiza desde una situación de desesperanza. Trabajar en la recuperación funcional cerebral es esencial para poder desarrollar el tratamiento, porque es el mismo cerebro el único instrumento terapéutico eficaz, y esto se puede conseguir por la capacidad de autosanación que posee el órgano más perfecto jamás conocido. Es la razón por la que la información al enfermo de las capacidades cerebrales y la manera de conseguir activarlas, representa la piedra angular para descubrir una motivación que, fundamentando una esperanza válida, consoliden los argumentos que estimulen todo el proceso terapéutico hacia la meta de una funcionalidad cerebral suficiente para poder desarrollar los programas descubiertos y detallados por los neurocientíficos que se encuentra localizados y grabados en el ADN, y que conforman unas estructuras de mantenimiento, reparación, conservación y desarrollo integral de la persona que, con completa autonomía, tiene el objetivo de una supervivencia en las mejores condiciones posibles y de la perpetuación de la especie.

Con estas metas se inicia una  ruta interior motivada que, con la persistencia y concentración en los ejercicios específicos dirigidos hacia el desarrollo de los recursos cerebrales, propician que se presenten las circunstancias para la activación del fenómeno de la hipersincronía neuronal que consiste  en la estimulación simultánea de un grupo de neuronas de una zona determinada, y que aportan una especial energía con capacidad para reforzar los recursos cerebrales que se encuentran funcionando, activar los latentes, y descubrir y movilizar los desconocidos, y es entonces cuado el cerebro se convierte en algo más que un órgano con propiedades que desbordan lo que la imaginación pueda contemplar. Y es que el cerebro se encuentra en una permanente dinámica de progresivo perfeccionamiento, sin límites conocidos, y que se orienta hacia la realización integral la persona. En este objetivo, la psiconeurología contempla estructuras que señalan dimensiones energéticas, y que se resiste a identificar y definir como espirituales por los prejuicios seculares que contaminan,  empobrecen y estrechan la independencia y libertad de una razón que, como cualidad suprema, tiene la misión de ofrece claridades e iluminaciones

Las anteriores verdades científicas se encuentran documentadas, elaboradas y divulgadas hace 17 siglos por Agustín de Hipona, así que hemos perdido un buen tiempo en aprovecharnos de ellas, y son denominadas "razones seminales": el ser humano tiene toda la perfección posible en estado real pero potencial. Son informaciones que se encuentran grabadas en nuestro interior a modo de semillas, que se manifiestan en el desarrollo de sus virtualidades, y sólo se encuentra a la espera de ser cultivadas para ofrecer respuestas a las interrogantes sobre el sentido y significado de la vida y también a las inquietudes de trascendencia e inmortalidad; de una manera singular garantizan y aseguran, no sólo una óptima existencia biológica, sino también la plenitud total de un espíritu que se encuentra con una permanente y dirigida tendencia hacia el origen y meta de su razón de ser:  Dios.

Antecedentes de las razones seminales se localizan  muchos siglos anteriores en el libro de la Biblia que nos detalla el "modo artesanal con el que el Señor Dios nos hizo". Así, cuando  Dios terminó de crear el cielo y la tierra vio que todo era bueno y descansó. Después formó un cuerpo con el barro de la tierra y "sopló en su nariz un hálito de vida", y le dio vida, convirtiendo ese cuerpo en un ser viviente con la impronta y señal de su Esencia "a su imagen y semejanza" y, por lo tanto, participe de sus atributos y con toda la perfección posible para que, con el ejercicio del regalo singular de libertad, los pudiera gestionar y descubrir la razón última y plena de su existir que es la unificación con su Voluntad.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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