BlogsDroga, vida y libertad

El beato-catequista de Alpandeire

Fray Leopoldo de Alpandeire
Publicado: 02/11/2016: 548

La droga ofrece estados de conciencia gratificantes que hacen experimentar a la persona paraísos mentales transitorios y efímeros, y cuando, después de un tiempo, solicita tratamiento, su cerebro tiene zonas de necrópolis neuronal que justifican las sombras en las que vive. El superar el síndrome de abstinencia, es sólo el principio de proceso que tiene, en la recuperación de la mente dañada, su principal objetivo, especialmente si en esos estados alterados de conciencia, ha empezado sospechar que es algo mucho más que un cuerpo, que le hace suspirar, desde su hondón, por unas dimensiones propias en las que cree que pueden encontrar espacios de paz y felicidad.

En este escenario y contexto, el  Beato Fray Leopoldo, es una figura al que, por significativas circunstancias, valoro como "referencia terapéutica" porque su testimonio ofrece argumentos para asegurar que encontró la plenitud de su vida en el servicio a los demás. Las personas que se acercan para conocerlo, admiran a una persona que desde su humilde oficio de limosnero, consiguió, "repartiendo bondades, consejos, solidaridades y caridades", solucionar desesperanzas, llenar vacíos y aliviar el sufrir físico y espiritual, que es una intencionalidad común al ser humano.

Cuando se presenta la oportunidad sugiero, a algunos enfermos de la droga, que visiten al Beato en su pueblo, Alpandeire,  simplemente para que lo saluden y le pidan que les ayude en sus esclavitudes. "Por probar no se pierde nada" dicen sus madres, que son las que superando cualquier tipo de prejuicio cuando se trata del bien de sus hijos, los convencen para esta visita.

Todo puede empezar por la carretera que, antes de llegar al pueblo, bordea Villa Fría, pequeña parcela donde de niño pastoreaba las ovejas, y que su vista estimula, a veces, extrañas y especiales emociones, que sugieren que el Beato ya ha empezado su delicada e inefable catequesis. A pocos minutos, aparecen dos estratégicos y sencillos miradores desde los que se contempla un valle en el que sus pueblos blancos, enraizados en la tierra y atrapados por la claridad de un cielo azul, regalan la serena belleza de los bosque de castaños, encinas, pinsapos, pinos y alcornoques, en una armonía silenciosa que cautiva los sentidos y alegran los ánimos para que, al llegar al pueblo, con el respirar de un aire limpio, la paz y el sosiego inunden el espíritu. La visita a la iglesia, "Catedral del Valle del Genal", con su sobria elegancia, es otra ocasión para que con los antecedentes señalados, muchos empiecen a experimentar suspiros interiores que se fortalecen al visitar su casa natal.

Un enfermo relataba que "al conocer el lugar donde vivió muchos años, experimenté una sensación de intensa paz y alegría al identificarme con su vida sencilla, austera y sin complicaciones, ¿...?" Analizamos en conjuntamente, que la sencillez es factor de felicidad; la austeridad asegura la riqueza de tener todo lo que necesita, y la humildad es la que consolida armonía emocional y paz interior, que fueron las direcciones existenciales que marcaron la vida del beato capuchino.  Este enfermo, sin especiales antecedentes religiosos,  se "enganchó" al protocolo del Beato, que tenía una devoción a la "omnipotencia suplicante" que es la Madre de Dios, rezando a diario las  "tres Avemarías" que siempre finalizaba con "lo que Dios quiera".

Los comentarios sobre estas visitas "terapéuticas" son diversos, pero la mayoría señalan que la convivencia con el grupo del autobús, escuchar sus oraciones, peticiones, gracias recibidas, la confianza con la que expresaban el cariño y devoción y las manifestaciones de fe, le hicieron reflexionar  "otras cosas". Y de una manera muy expresiva, insisten que Alpandeire es como un  "refugio de paz y silencio" y, con este añorado recuerdo, mantienen la secreta esperanza de repetir el viaje para "ver qué pasa", porque de ese  "fraile tan chiquitito por fuera y tan grande por dentro", como dicen sus devotos, esperan mucho.

Con la llegada al monumento del Beato, el Cerrejón, su imagen domina  todo el valle, y parece decir que está allí como centinela permanente para proteger y cuidar a sus panditos y a todas las personas que le visitan; y aquí termina la catequesis humilde y práctica  de este fraile capuchino, que deja a muchas personas rumiando lo vivido y que las estimula a viajes interiores por rutas que le dirigen a espacios sin lindes ni fronteras en los que descubren que son "espíritus localizados"; es entonces cuando algunos, cautivados por esta singular catequesis iniciada por "necesidad de supervivencia", toman consciencia de ser únicos, irrepetibles, originales, con deseos y ansías de infinitud e inmortalidad, y con la autonomía que le asegura su libertad para elegir, y, al conocer su verdadera realidad, llenan su existencia de significados sabores trascendentes... "la causa está ya ganada".

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Ad/ Los panditos se encuentran a la espera del proceso de canonización, aunque ya saben que su humilde paisano Frasquito Tomás se encuentra en la presencia de Dios, y esto lo que viven y experimentan en sus vidas.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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