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¿Cáncer terapéutico?

Publicado: 11/12/2016: 589

Existen un grupo significativo de personas que, ingresadas en los hospitales por diversas causas, son diagnosticadas con patologías crónicas.

Después de un tiempo de observación, estudio y confirmación del diagnóstico, se le prescribe un tratamiento, y, con el alta hospitalaria, son enviados a su domicilio donde, con un seguimiento ambulatorio, serán atendidas por su médico de cabecera para vigilar síntomas y evolución; si se presentan cuadros de cierta complejidad, son ingresados de urgencias, pero durante el tiempo necesario para valorar su situación y ser remitidos otra vez a su domicilio. Es la dinámica, por ejemplo, de los enfermos con procesos cancerosos, que con un pronóstico infausto, y en los que ya se ha hecho todo lo posible, sólo queda esperar que los medicamentos puedan aliviar su sufrir, y éste es el  mensaje que llega al enfermo y a los familiares que experimentan una sensación de impotencia compartido también por los amigos. 

El contenido y significado del diagnóstico confirmado, marca una idea que, generando una reacción emocional de desaliento, condiciona una progresiva disminución de la calidad de vida, pues elaboran, en esta situación de desesperanza, pensamientos de inutilidad, de descartados y excluidos por el mismo sistema sanitario, que ya le han informado y repetido que "más no se puede hacer". El enfermo se encuentra en este mundo como fuera de lugar, y le domina el  pensamiento de no "tener solución": convertimos a esa persona en un enfermo terminal al cuidado de su familia.

Se puede valorar que se ha  tratado correctamente la enfermedad pero apenas se ha atendido y trabajado a la persona, a la que se le ha mutilado las capacidades más potentes y eficaces que todo ser humano posee, pues las neurociencias nos documentan que el cerebro tiene la propiedad de modificar la evolución de cualquier proceso morboso y nos señala la ilimitadas potencialidades de unos programas grabados y localizados  en el ADN, que de manera selectiva ofrecen los recursos necesarios y suficientes para el mantenimiento, conservación, reparación y desarrollo del organismo y que aseguran una existencia en las mejores condiciones posibles.

Claro que, el instinto primario de supervivencia, persiste en todas las células del organismo que manifiestan una repugnancia a desaparecer, y es la causa por la que esa persona se encuentre esperando y anhelando fervientemente una noticia que le señale alguna salida, y es cuando, respetando  el tratamiento prescrito, podemos aportar un matiz especialmente terapéutico al ofrecerle una información acreditada, aceptada y asumida por la medicina oficial, para que refutando la frase paralizante del "ya no se puede hacer más", se transforme en "se puede hacer mucho más", que tiene la facultad de estimular y activar las capacidades cerebrales que siempre, y en todas las circunstancias, garantizan un aumento de la calidad de vida, disminución de la vulnerabilidad a las patologías asociadas, y el fortalecimiento de la convicción de un desarrollo más benigno de la enfermedad que motiva a la persona para que, asumiendo el protagonismo de su vida, estimule las poderosas y eficaces energías de la esperanza que son las que tienen la propiedad de desarrollar estados de conciencia gratificantes y que conforma una situación anímica de optimismo que, transmitido a toda y cada una de los millones de células del organismo, determina que se arraigue en ellas la idea de una curación que nunca deber ser descartada, y que fundamenta y explica, así lo consideran los neurocientíficos y lo confirma la praxis médica, las resoluciones de muchas patologías cancerosas.

En este trabajo de introspección en el que se inicia el enfermo con el objetivo de ir encontrando alivios, remedios y respuestas a sus sufrimientos, no pierde el tiempo en apariencias, máscaras y teatros porque se encuentra atareado en el conocimiento de unas dimensiones interiores desconocidas, y, así, liberado de distracciones y centrados en esa dirección, llega a distinguir que es algo mas que un cuerpo; un algo diferente al cuerpo al que reconoce como una estructura celular que tiene marcado unos límites de vida marcado por el envejecimiento celular. Sin embargo ese algo, que ya define como espiritual, manifiesta una cualidad de permanencia con la que se identifica y le hace sentirse único e irrepetible, y es cuando se le despierta una fuerte intencionalidad de trascendencia y de inmortalidad, que le abre unos horizontes con "muchos soles" que le hacen cambiar su historia porque empieza a tener seguridades que se encuentra en la dirección que le conducirá a su total plenitud.

Es un privilegio acompañar a estas personas, pues con sus dinámicas terapéuticas y las armonías interiores que consiguen, enriquecen a todos los que le rodean con unos despertares que ofrecen razón de vida y existencia.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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