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Quimioterapia con cannabis

Publicado: 24/01/2017: 1175

La desesperación, desolación y tristeza, empiezan a estar alejadas del contenido que encierra la palabra cáncer. Las técnicas que permiten un diagnóstico precoz y los descubrimientos de nuevos fármacos, hacen que las diferentes patologías cancerosas se encuentren cada vez más controladas, de igual manera que los múltiples procesos neurodegenerativos. Actualmente, las clínicas del dolor garantizan una digna analgesia, y la quimioterapia, progresivamente selectiva, es un auténtico freno para el desarrollo de la enfermedad. Así, del seguimiento cada vez más eficaz de la enfermedad, que permite la prolongación de la vida, se ha pasado a potenciar esa calidad de vida.

Claro que la quimioterapia, tan buena y resolutiva, tiene también sus efectos indeseables que condicionan la vida del enfermo: vómitos y náuseas incoercibles y asco de la comida, pueden precipitar una perversa anorexia; las cefaleas y una sensación de cansancio facilitan un cuadro de desánimos y apatías, y las consecuencias emocionales se hacen evidentes: el mundo interior, el de los pensamientos y afectos, se resienten y pueden provocar depresiones que oscurecen la vida de esa persona.

Pero ¿y si tuviéramos “a mano” una sustancia que aliviara algunos de los efectos colaterales no deseados de la “quimio”?, ¿lo deberíamos usar?, ¿qué razones tendríamos para no hacerlo?, ¿su ilegalidad se impondría a sus cualidades terapéuticas? Recordar que el problema de las drogas no se encuentra en ellas sino en las personas y por eso, “abusus non tollit usus”, nunca el abuso de una sustancia puede determinar la anulación de su uso, especialmente si de lo que se trata es de aliviar el sufrimiento humano.

“María, porro, marihuana, chocolate, canuto, peta, hachís...” son preparaciones, presentaciones, denominaciones y formas de consumo de las diferentes partes de la planta Cannabis Sativa, que con su principio psicoactivo principal, el 9 δ tetrahidrocannabinol (THC), poseen un conjunto de propiedades terapéuticas: 1º) se muestran muy eficaces para las náuseas y vómitos, lo que haría al enfermo recobrar las ganas de comer, y el placer y gusto por la comida, que fortalecen el cuerpo, pero también se debe considerar que el llamado cerebro intestinal, se encuentra conformados por unos sistemas neuronales que además de sus funciones de depuración y transformación de los alimentos y su especial aporte energético, genera el 60% de la dopamina y el 70% de la serotonina que son neurotransmisores implicados en los estados de ánimos, del placer y del sueño, 2º) sus efectos euforizantes, hipotecando pesimismos, temores y miedos, y la desinhibición asociada conformarían una experiencia alegre, euforizante y de libertad, y 3º) la psiconeuroinmunología tiene demostrado, experimental y clínicamente, que los estados emocionales positivos, estimulan y movilizan el sistema de recompensa cerebral (S.R.C) y condicionan una bioquímica de la felicidad. Así, los factores de riegos más importante que “marcan” la depresión, disminuyen considerablemente, y los estados de conciencia optimistas son decisivos para fortalecer el sistema defensivo, que se manifiesta aumentando la resistencia a las enfermedades oportunistas y liberando recursos internos que potencian la lucha contra las células cancerosas.

Tenemos a una persona con cáncer, pero que tiene controlados los dolores y síntomas desagradables, goza de buen apetito y se encuentra en un clima rodeado de cariño y ternura, valorado, consultado y reconocido, y que, con la percepción clara de ser "algo que importa y que es importante", se le fortalece su dignidad como persona, que se evidencia cuando es invitado a asumir responsabilidades; ese sentirse útil y necesario, formaliza un estado de conciencia en la que la enfermedad pierde presencia y realidad en una mente que se encuentra ocupada y preocupada por las prioridades diarias que alimentan una convivencia gratificante y gratificadora, y en la que él, participa directamente en su mantenimiento y crecimiento.

La posibilidad de convertir una enfermedad en ocasión de armonía interior en el enfermo, y que se comunica a los que le rodean, es una de las capacidades cerebrales que se encuentran diseñadas para que en su desarrollo, conseguir la felicidad.

El enfermo en esta composición de lugar, se mueve en un escenario facilitador de poder descubrir significados existenciales que le resucitan por dentro, y que le hace, quizás por primera vez, "vivir", y contemplar otras dimensiones que, con horizontes sin fronteras, le ofrecen señales de trascendencia.

La anterior dinámica asegura un aumento y fortalecimiento de la calidad de vida que documenta y explica las remisiones espontáneas de muchas patologías crónicas.

 


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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