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¡Coca-etileno en adolescentes!

Publicado: 20/02/2017: 1398

No cesa la búsqueda de experimentar sensaciones agradables, positivas y gratificantes con el consumo de diferentes sustancias.

Las posibilidades de combinaciones, dosis, añadidos, modos y maneras de utilizarlas, se amplían de manera progresiva. Así, la mezcla de alcohol y cocaína empieza a asumir categoría de asociación  rutinaria, y sus efectos van más allá de una simple suma, pues estimula el inicio de una cascada de consecuencias; el análisis de estas drogas no deja lugar a dudas sobre la gravedad de su consumo simultáneo.

La cocaína se considera uno de los más potentes reforzadores positivos, concepto neurobiológico que se manifiesta como una sensación de mayor energía y disminución de cansancio y sueño. Es verdad que las tareas de poca elaboración mental, se potencian, pero no las que necesitan ser estudiadas, discernidas y valoradas, es decir, las que poseen una cierta complejidad.

La vivencia buscada de euforia, es brusca e inmediata, con una puesta en marcha violenta del sistema de recompensa cerebral, pero también es rápida la bajada. Normalmente, el consumo se realiza en un ambiente lúdico, festivo y recreativo, y se bebe también algo de alcohol, que a la vez, modula los efectos iniciales de la cocaína y suaviza la terminación de ellos. Es fácil  la repetición del consumo de alcohol, ya que la cocaína desencadena su acelerada metabolización, y proporciona la sensación subjetiva y firme de no estar embriagado, aunque la cantidad de etanol presente en su cerebro, rebase ampliamente los niveles de intoxicación: la cocaína “solicita” alcohol, y éste, cuando desarrolla los efectos de depresión y somnolencia, “pide” cocaína.

Pero el cuadro adquiere otros matices, porque el consumo de estas dos drogas, da lugar a la síntesis hepática de un metabolito mixto; el cocaetileno (éster etílico de benzoilecgonina), que posee,

  • 1) una acción selectiva sobre zonas de la corteza cerebral que dificulta su acción o control integrador de los procesos relacionados con el pensamiento, por lo que deteriora y aparecen alteraciones de la memoria, concentración, y en general sobre los procesos intelectuales y cognitivos,
  • 2) después de algún tiempo, puede incidir,  sobre la fase REM del sueño, que es el espacio que el cerebro utiliza para descansar, reponerse, dispersar o solucionar conflictos intrasíquicos, canalizar emociones y en resumen, recuperarse neuronalmente para encontrarse a la mañana siguiente como nuevo para empezar otro día,
  • 3) crea una sensibilización, que es un fenómeno opuesto a la tolerancia ( más dosis para conseguir los mismos efectos) y consiste en una respuesta aumentada a la droga consumida que persiste durante mucho tiempo después de que ésta haya sido eliminada del cerebro, y es la base neurobiológica del deseo compulsivo o craving,
  • 4) contamina y altera las estructuras sinápticas involucradas en el desarrollo de anhedonias y depresiones; se puede establecer una relación con el origen de las enfermedades mentales y alteraciones del estado de ánimo, 
  • 5)  tiene una especial “querencia” por unas células fundamentales en el sistema nervioso central, los astrocitos, que le proporcionan sostén, alimento, cuidado y reparación de las diversas “heridas” o disfunciones, y,
  • 6)  se “pega” (hipótesis) a los linfocitos, y les dificulta sus funciones, especialmente las de defensa del organismo, abriendo el campo a cualquier agente patógeno y facilitando las enfermedades autoinmunitarias.

Un cerebro adolescente y primaveral, es un órgano que se encuentra en plena efervescencia hormonal y bioquímica, en un periodo de conflicto emocional repleto de contradicciones, recibiendo constantemente impresiones de todos los sentidos, confirmando informaciones, controlando órdenes y ajustándose a una realidad que necesita conocer previamente, es decir, en un perfecto "equilibrio inestable". En este escenario, la “entrada” de ese cocaetileno, es fácil que provoque un verdadero terremoto a manera de un “tsunami neuronal”, que arrase y descontrole los mecanismos cerebrales: las consecuencias son imprevisibles, tanto a corto como a largo plazo.

Con el cerebro no se juega, y actualmente es urgente la participación activa y decida de todos para, anulando los factores de riesgo que estimula el consumo de drogas, y potenciando decididamente los preventivos, logremos dejar a nuestros jóvenes, la herencia más importante que existe: un cerebro sano y limpio que siempre será garantía de salud mental y felicidad individual y social.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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