BlogsDroga, vida y libertad

Blanca... como la nieve

Publicado: 26/04/2017: 516

TESTIMONIO (I)

Siente el sabor amargo al bajar por su garganta... Le gusta, tan pura y blanca... Adora ese adormecimiento que produce en ésta, y en su nariz... Lo adora... Entra hasta su corazón, pues su bombeo se ha vuelto acelerado, y de pronto, despierta y se siente grande, autosuficiente...

¡Qué claro se ven los colores y cuántos matices que jamás pudo imaginar...!

Sí, su corazón lo deseaba... y cómo le gusta que él se sienta satisfecho.

Tal vez la vida no exista fuera de él: quizá nadie puede ya, modificar su conducta... ¿qué hay en realidad en su interior?

Poco a poco, entra en cada una de las ramificaciones de toda su sangre... el alma se le vuelve amarga como hiel, y su cerebro regala imágenes con una inusitada rapidez.

Le encanta ese delicioso orgasmo psíquico, pero tiene miedo... un horrible miedo a perder el control.
Siente como la presión de sus oídos, cada vez es más grande, pero no le asusta, ni tampoco le es del todo desagradable.

Ya... ya empieza a sentirse mejor. Ahora entrará de lleno tras el frío muro de la indiferencia, y eso, sin saber exactamente porqué, también le produce un extraño placer...

¿Por qué él ha decidido ser así... porqué?

Esta podrida sociedad es lo único que tiene entre sus manos. Y en ella, corriendo incansables, temerosas, escurridizas y a veces, demasiado osadas, están las ratas, y entre todas... también está él.

Algunas veces, logro verlo en la pestilente oscuridad de las alcantarillas, otras sin embargo, y superando sus propios miedos, emerge a la claridad. Pero aún siendo rata, él es importante...Él, esa asustada rata no es más que, el resultado de todas las basuras que clandestinamente y con mucho disimulo, los demás, arrojamos por las grietas del suelo.

No pide ayuda, se siente autosuficiente, aunque, en su interior, está muerto de miedo. Se cree que con enseñar los afiliados dientes podrá defenderse de la maldad de este mundo...

Cree que cubriendo de ese polvo amargo y blanco su impotencia, nadie le hará daño, porque así se siente seguro. Quizá demasiado seguro, bajo el disfraz de su indiferencia...

Y yo... no puedo hacer nada, porque yo... sólo soy otra rata más.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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