BlogsDroga, vida y libertad

Consumo responsable 40º

Alcoholismo
Publicado: 19/06/2017: 144

Este mensaje de la propaganda de una bebida de 40º, en grandes y atractivos paneles,  hace interpretar que con responsabilidad se puede consumir sin peligro alguno; de una manera "intencionada" defiende la inocencia de una sustancia con potencialidad adictiva. Es evidente que el problema de la droga no se encuentra en sustancia sino en la utilización que de ella hace la persona que tiene la capacidad de convertir en veneno lo que puede ser un remedio terapéutico. La idea que "por una copa nadie se hace alcohólico", aunque todos ellos empezaron por una copa, y "por probar no pasa nada", refuerza y fundamenta un primer consumo que estadísticamente marca el inicio de una enfermedad que, al no ser autolimitada, tiende a progresar hasta su fase de estado.

La permisividad social ha conseguido que el alcohol  sea una de las causas principales de enfermedades evitables y de mortalidad prematura. Es un grave error previo con nefastas consecuencias, el admitir el consumo responsable, que sugiere  un consumo moderado y prudente, y que marca como unos límites que representa un engaño pues de manera perversa sugiere que existe un consumo sano, que es argumento para que personas abstemias o no bebedoras se animen a consumir . La idea de un consumo controlado o limitado también deja las puertas abiertas a un descontrol de dosis, y sucede que el gran problema se presenta precisamente en esa franja de personas que ocupan la gran base de la pirámide de consumidores "moderados" y de los que salen los alcohol-dependientes.

Estas razones deciden que no se debe promover el consumo sano, que aunque las estadísticas señalan que es una fantasía, no deja de ser una idea atractiva  para que nuestros hijos se lo crean y, subestimando la ingesta, se inicien en la secuencia que sustenta y conduce el alcoholismo.
El alcohol es siempre un consumo de riesgo, y su gravedad dependerá de las condiciones y circunstancia de cada persona, pero existe una realidad que no admite refutación alguna y que se fundamenta neurobiológicamente: es una dinámica segura. En el consumo "responsable", el alcohol hace sus efectos de euforia, alegría y desinhibición, como resultado de la disminución del control del cerebro racional que ofrece un estado de conciencia que relativiza normas legales, morales y éticas. Y es que, al estimular el centro de recompensa cerebral, de manera directa, se desarrolla una experiencia gratificante que queda grabada con las sensaciones de poder, autonomía y libertad, y estos son elementos que conforman una motivación suficiente para que el alcohol se convierta en una sustancia añorada y por lo tanto deseada, ¡y es tan difícil luchar contra los deseos deseados!

En esta ruta de "libertad mental", de manera silenciosa, el alcohol organiza una estructura neuronal en que la tolerancia, que es el aumento progresivo de dosis para conseguir los efectos deseados,  consolida una dependencia que protagoniza el control cerebral y lo esclaviza a sus prioridades de consumo que, cuando no son atendidas, precipitan una fuerte reacción estresante que identifica la síndrome de abstinencia. En el tiempo, cuando la persona toma conciencia de su situación, la adicción se encuentra entronizada en su cerebro; el alcohol ya se ha convertido en el mejor disolvente universal: disuelve familia, economía, trabajo... y sobre todo el cerebro.

Se tiene y debe extirpar tópicos y errores previos, y evitar una propaganda confusa, que a manera de sofisma, engaña a una juventud que espera ideas que justifiquen su consumo, pero que lo que desea fervientemente es ser ayudados y orientados con verdades. Es obligación  de la administración controlar la propaganda  que promueve el consumo de esta droga, que actualmente tiene una repercusión muy relevante sobre la sanidad pública a la que le recorta importantes recursos económicos y terapéuticos.

Es de singular importancia que nuestros hijos no se inicien en el consumo de alcohol y que tampoco lo consideren o valoren como una “alternativa” no peligrosa de su ocio, porque la neurociencia es taxativa: con el cerebro no se juega, ni olvida ni perdona.

No existen dudas que el consumo de alcohol, determina una atrofia cerebral que es significativamente decisiva en la adolescencia y juventud, y que garantiza unas secuelas neurológicas que complicarán su existencia.

¿Vamos a dejar que nuestros hijos se “atrofien la cabeza” e hipotecarles toda su vida?


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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