BlogsDroga, vida y libertad

Terapia compostelana

Camino de Santiago
Publicado: 27/09/2017: 100

El órgano diana de la droga es el cerebro pues es el escenario donde se desarrolla sus mecanismos de acción. Un tiempo suficiente de consumo le ocasiona heridas que siempre  deja secuelas neurológicas que se pueden activar muchos años después, cuando la persona se encuentra rehabilitada e integrada, y su adicción apenas es un recuerdo lejano, pero el cerebro ni perdona ni olvida.

Juan, llevaba 10 años sin consumir, pero desde hacía 10 meses, su labilidad emocional le hacía interpretar los acontecimientos rutinarios de una manera pesimista, que le despertaban sentimientos de miedos, tristezas y oscuridades que le alteraban su vida social, laboral y familiar, y al ser estos episodios cada vez más frecuentes e intensos, le estaban consolidando una situación continuada de angustia que le arruinaba su vida, y que los tratamientos prescritos apenas le aliviaban. Un amigo íntimo le aconsejó, de manera muy entusiasmada, que hiciera este verano el camino de Santiago. La idea de tener una nueva experiencia y la esperanza que algo mágico le sucediera, le cautivó. Deseaba y necesitaba pasar unos días alejado de todo y de todos, sin compromisos con nada ni con nadie, para intentar organizar y aclarar la confusión que reinaba en su cabeza; tenía grabado en su memoria el recuerdo positivo del éxito de la desintoxicación domiciliaria que le hicimos, en una condiciones de aislamiento para evitar factores de riesgos valorados previamente, con la participación activa de su familia y él asumiendo el protagonismo que le correspondía en las actividades terapéuticas. En una semana superó con facilidad la abstinencia y esta experiencia marcó el inicio de su proceso de rehabilitación. Quería hacer la experiencia del camino, mutatis mutandis, con similar metodología.

En este contexto contemplamos el camino como una oportunidad terapéutica en el que el objetivo principal sería  intentar crear un escenario cerebral favorable para que, en soledad y silencio, hollando caminos interiores, encontrar noticias que le ayudaran a iluminar su mente para discernir, organizar y aclarar su contenido.

Así, la restricción calórica durante esos días, es decir un ayuno (piezas de frutas, pan e hidratación suficiente) que implica el ejercicio de la voluntad dominando el apetito, y que bioquímicamente provoca una reducción de radicales libres que deja al segundo cerebro, entérico o intestinal, libre de sus efectos tóxicos, por lo que aumenta la liberación de serotonina y dopamina que son neurotransmisores estimuladores del sistema de recompensa cerebral y que, generando estados gratificantes de conciencia siempre son promotores de despertares de recursos cerebrales.  La restricción verbal, como  ejercicio que ayuda a gobernar un silencio mental, condición facilitadora para que la persona dirija su mirada hacia su hondón. El caminar al ritmo de la respiración (“caminar respirando”) que fortalece una concentración que tiene la misión selectiva de evitar pensamientos o juicios que enturbian la mente y la dispersión de los sentidos, y que asociada por la repetición, a manera de mantra, de una idea de paz y armonía,  es una eficaz técnica de informar y hacer participar a todas y cada una de las células del organismo en esos deseos de paz.  Por la noche, el “diario emocional” y los ejercicios de respiración controladas y dirigidas, aseguran un cuerpo relajado y un estado de conciencia pacificado que, condicionando un enriquecedor y reparador sueño, deja la mente como nueva ante el nuevo día.

La enfermedad de la droga dejada a su evolución, conduce a la persona a una situación límite que, con un presente confuso, un pasado repleto de experiencias traumáticas y sin una meta definida, sin un  mirar al futuro que lo tiene oscurecido, resulta muy complicado vivir.

El instinto  de supervivencia, le fuerza y obliga,  a mirar hacia dentro, ya que por fuera no ve nada, y es cuando la razón como cualidad suprema y en su propio ejercicio, empieza a bucear en esos territorios en los que tiene la oportunidad de observar elementos que le hacen sospechar que esos espacios representan su verdadera realidad, y el lugar donde se gestiona su vida, y donde puede encontrar respuestas a sus interrogantes, inquietudes y sombras, por lo que de manera natural se identifica con ella y percibe que es único, irrepetible, con libertad de decisión y autónomo Es éste un escenario idóneo para que se organice una sólida neuromotivación  que, argumentando esperanzas, le impulsa a esa huida interior en la que se recrea en un puerto seguro donde ponerse a salvo de las olas de la superficie y desde la que puede conseguir la armonía y equilibrio que se presentan como factores decisivos para encontrar “un por qué” vivir y de manera sistemática, el “cómo”: es una experiencia que tiene una función iluminadora. Y es que el ser humano, animal racional es esencialmente un “animal espiritual”, perfectamente justificado porque es el que le ofrece informaciones que “lo superan”, sobre trascendencias e inmortalidades, comunes al género humano, y que le señalan plenitudes insospechadas. Sin esta dimensión espiritual el hombre deja de ser un espíritu localizado y, huérfano de identidad permanente, pierde su individualidad, racionalidad y su condición humana: es una entidad biológica.

Juan, ha manifestado que la experiencia ha merecido la pena, pues le ha proporcionado suficientes argumentos para decidir, de manera firme, que el mejor viaje que puede hacer es orientar  su vida en esta ruta de interiorización.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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