BlogsDroga, vida y libertad

La escucha terapéutica

Publicado: 13/10/2017: 811

“Dentro de nuestro cerebro habita un ser que viaja libremente de aquí para allá, reflexionando, planificando y moviendo las palancas de la máquina cerebral.

El consumo de droga durante un tiempo suficiente, conduce a la persona a una situación en la que sus pensamientos, palabras y conducta se encuentran  orientados y dirigidos a conseguir la próxima dosis. Se encuentra en un viaje hacia la nada, y con una conciencia confusa y confundida que le hace estar ausente del presente. Su mayor deseo es apagar su mente y dejarse llevar, porque el único bien que valora es todo lo que le provoca el olvido de una existencia a la que no encuentra sentido ni significado; “ sólo estoy esperando mi término biológico”.

¿Por qué entonces piden ayuda?
Es un enfermo que tiene su mente cautivada por el pensamiento único del consumo de una droga que le ha precipitado en un aislamiento y soledad y al vacío existencial que experimenta. Pero el cerebro siempre mantiene la capacidad de auto-recuperarse, y, como última tentativa y estimulado por “pequeñas ascuas encendidas” que le quedan de una esperanza que nunca se agotan, le hace buscar agónicamente la luz.

¿Pero qué podemos hacer?
En principio es una persona que necesita hablar para aliviar su soledad. No quiere consejos, normas, diagnósticos, orientaciones ni tratamientos; no espera nada de fuera ni nada de dentro porque son territorios que los tiene hipotecados, sólo quiere exponer en voz alta sus pensamientos, sin saber por qué ni para qué, ni tampoco le importa: sólo quiere hablar y decir.

Se impone una escucha silenciosa y atenta, un escuchar sin opinar, que representa un reto, pues la terapia del silencio no es fácil ni cómoda para un profesional que tiene que superar la tentación de intervenir, pero cuando se encuentra correctamente indicada es selectivamente eficaz.

El enfermo desea y necesita la presencia de un testigo, de un escuchador mudo y cualificado que le sirva de referencia, y en esta dinámica, con sesiones anchas y prolongadas en el tiempo, llega a tomar conciencia que se está escuchando a sí mismo, y que al verbalizar sus pensamientos y emociones,  coloca a éstos en un escenario que le sitúa a él como espectador y observador, y aunque sabe que le son propios, los contempla como algo separado, y se sorprende a comprobar que los puede examinar, discernir y valorar e incluso interpretar, con lo que empieza a argumentar la posibilidad de poderlos controlar y modificar, y esta sensación de ser dueño de ellos le ofrece muchas seguridades. Es cuando descubre una dimensión interior, clausurada por la droga, que le ofrece señales inequívocas que en ella se encuentran múltiples salidas terapéuticas para sus sombras y vacíos existenciales, y también para recuperar su perdida identidad.

Con este panorama, la droga pierde actualidad y presencia, porque nuevos y sugerentes pensamientos se hacen protagonistas del contenido de su mente que le iluminan horizontes atractivos, y que le estimulan y activan las poderosas fuerzas de una esperanza argumentada; las perspectivas de un futuro feliz alimentan, de manera permanente e intencionada, unas motivaciones que le hacen experimentar estados de plenitudes, a veces por primera vez en su vida, que recogidos y ampliados por la imaginación, son ofrecidos a la voluntad para que se transmitan a todas y cada una de las células del organismo: la transformación terapéutica ha iniciado su camino.

En espera de ser activados y utilizados, el cerebro tiene grabado en sus circuitos neuronalescorrespondientes los programas necesarios y suficientes para cumplir su misión, que es asegurar al ser humano, superando todas las adversidades, una digna y óptima calidad de vida.
En la valoración clínica, nos encontramos con un profesional que,“ hablando con su silencio“, ha recibido una información que le ha hecho conocer la enfermedad pero sobre todo, y de manera singular, comprender a la persona que sufre, y esto representa un factor decisivo en todo proceso de curación; y a un enfermo que ha descubierto en su hondón unos espacios de los que empieza a recibir señales y avisos que le garantizan soluciones.

Las condiciones favorables indican la oportunidad idónea para que estas dos personas, en una fortalecida y justificada empatía, aborden conjuntamente el tratamiento integral con las mejores garantías para conseguir la verdadera meta: la recuperación de la normalidad funcional del cerebro.
 


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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