BlogsDroga, vida y libertad

Ictus químicos versus ictus espirituales

Carl Gustav jung
Publicado: 01/02/2018: 614

"Mientras la religión no sea sino creencia y forma exterior y la función religiosa no se convierta en experiencia de la propia alma, no ha tenido lugar aún lo fundamental. Falta por comprender que el misterium magnum no sólo existe en sí, sino que a la vez y de manera muy principal está fundamentado en el alma humana" C. G. Jung

En los siglos III y IV de nuestra era,  cuando el cristianismo, superada la etapa de las persecuciones, y amparados por el estado y la paz constantiniana, experimentó un tiempo de relajación y cedió protagonismo a una sociedad que imponía sus valores en los que conseguir el placer siempre se encontraba justificado y el tener y poseer representaban las piedras angulares de la felicidad. Las expectativas no se cumplían y las frustraciones aumentaban desorientaciones y confusiones. Muchas personas comprobaron que la realidad social en la que estaban envueltos era ilusoria e irreal, porque sus mensajes eran efímeros, superficiales y especialmente carecían de la cualidad de la permanencia (se anticiparon a la física cuántica) y no respondían a las inquietudes e intensos deseos de trascendencia e inmortalidades que le señalaban la necesaria existencia de una realidad permanente con respuestas de la misma categoría. Llegaron a  la convicción que estas respuestas debían buscarse en los mismos lugares en los que nacían las interrogantes; dentro de sí mismo, y para esto necesitaban trabajar en un proceso de introspección.

"Cientos de miles de jóvenes… y no tan jóvenes" huyeron de las ciudades, y se internaron en lugares donde encontrar las condiciones favorables para esa ruta interior, y así los desiertos de Egipto de Siria y la península Arábiga fueron habitados en sus cuevas y grutas. Famoso se hizo el desierto de Tebaida y en las arena de Escete llegaron a 40.000 ( el emperador Valente tuvo que limitar su número).

Con esta composición de lugar,  muchos cristianos, "tocados" por un ictus espiritual, se desprendieron de todo lo que poseían y  con el firme propósito de vivir los consejos evangélicos y orientados por ellos, decidieron practicarlos.  Los ayunos sistemáticos, normalizadores de muchas patologías y estimuladores neuronales;  la restricción de sueño en favor de una aumento de tiempo dedicado a fortalecer y motivar la  "investigación espiritual" iniciada; la soledad ahuyentadora de sombras y acumuladora de amor; el silencio argumentador de verdades y facilitador de paz;  el gobierno de los deseos del cuerpo y el control emocional con la ausencia de las solicitudes del mundo, les hacía contemplar una realidad  que les cautivaban y seducían de tal manera que las austeridades generaban riquezas tan generosamente desproporcionados  que se gestionaban como oportunidades especiales para consolidar seguridades y certezas: "con la misma indiferencia miraban un puñado de arena y otro de pepitas de oro".

De manera directa experimentaron, que sin poseer nada, apenas necesitan algo, y una poderosa sensación de autonomía les cautivó, y marcados por la libertad que ofrece la independencia de todo,  sus espíritus, pacificadas sus "envolturas" y dejando transitoriamente su condición de localizados, pudieron volar en libertad en busca de su origen y meta por territorios sin espacios ni tiempos, en los que una luz llena de sabiduría les ofrecía plenitudes inefables, más allá de la razón y la imaginación, y que les dejaba la certeza íntima, profunda y con sabor a eternidad, que no "eran seres humanos con experiencias espirituales sino seres espirituales con experiencias humanas"

En nuestra sociedad, los síntomas de anemia espiritual facilitan y propician que el consumo de droga protagonice el remedio a todas sus carencias y, al desencadenar una necrópolis neuronal, deja a las personas con un ictus químico que apagando su mente, la deja sin significados existenciales, y la neurosis del vacío las esclaviza.  El objetivo terapéutico prioritario y esencial de estos enfermos se centra en la recuperación de la normalidad funcional cerebral, y son los padres del desierto, con sus enseñanzas, apotegmas, escritos y experiencias, maestros singulares y especialistas reconocidos por las neuropsicología,  los que ofrecen tratados completos e integrales, eficaces y eficientes, casi sin necesidad de mutatis mutandis, para  restablecer y conseguir la armonía, equilibrio, paz e integración interior que son factores que, a manera de propedéutica, conforman unas especiales condiciones para que un ictus espiritual - Dios se encuentra siempre al acecho - les descubra el gran tesoro: su filiación divina…ya todo serán ganancias.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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